Economía y Política

La tensión con Rusia por Ucrania pone en aprietos al gobierno alemán

El canciller de Alemania, Olaf Scholz, no cesa de repetir que cualquier agresión rusa a Ucrania tendrá un “elevado costo” para Moscú

El incidente diplomático con Ucrania provocado por las declaraciones del jefe de la marina alemana puso en aprietos al gobierno de Olaf Scholz quien, desde su llegada al poder, ha tenido dificultades para convencer sobre su voluntad de mantenerse firme con Rusia.

Un episodio que Berlín habría querido evitar: al calificar de "sandez" la idea de que Rusia podría invadir Ucrania y considerar que Vladimir Putin "probablemente merece" respeto, el jefe de la marina alemana desató gran agitación.

Pese a su destitución forzada el sábado de noche, 24 horas después de difundirse tales declaraciones realizadas en India, la irritación de Kiev continúa siendo muy fuerte. Esta también se alimenta de la persistencia de Alemania en no brindarle armas.

En tanto los occidentales llevan semanas inquietos por el riesgo de una invasión rusa a Ucrania, y Estados Unidos, Reino Unido y los países bálticos anunciaran el envío de armas a este país, Berlín considera que esta forma de apoyo solamente exacerbaría las tensiones.

“La única política pertinente es permitirnos defendernos”, replicó este domingo 23 de enero, en entrevista con el diario alemán Welt am Sonntag, el ministro de Relaciones Exteriores ucraniano, Dmytro Kuleba, volviendo a mencionar su “decepción” por la posición alemana.

A comienzos de esta semana, había recibido en Kiev a la jefa de la diplomacia alemana, la ecologista Annalena Baerbock, quien le aseguró que su país haría "todo lo posible para garantizar la seguridad de Ucrania".

La misma intransigencia que ha mostrado el canciller, el socialdemócrata Olaf Scholz, quien no cesa de repetir que cualquier agresión rusa a Ucrania tendrá un “elevado costo” para Moscú, como repitió en una entrevista publicada este domingo por el periódico Süddeutsche Zeitung, en la que, no obstante, hace también un llamado a la “prudencia”.

No obstante, "hasta ahora, el canciller se ha limitado a un mínimo sobre la crisis ruso-ucraniana: declaraciones muy breves, estereotipadas y, solamente respondiendo a preguntas", tuiteó el sábado Ulrich Speck, experto de la oficina en Berlín del German Marshall Fund (GMF).

Desde diciembre, con la toma de funciones del sucesor de Angela Merkel, que gobierna en coalición con ecologistas y liberales, “reina la confusión respecto a quién determina el rumbo actual de la política alemana hacia Rusia: ¿la cancillería en manos del SPD o el ministerio de Exteriores dirigido por los Verdes?”, se pregunta en un artículo publicado en esta semana la investigadora Jana Puglierin, de la rama berlinesa del centro de reflexión European Council on Foreign Relations (ECFR).

Los socialdemócratas se muestran particularmente divididos, como lo demuestran las prórrogas a la puesta en funcionamiento del controvertido gasoducto Nord Stream 2 (NS2).

A mediados de enero, el ministro de Defensa alemán (del SPD) consideró que la decisión respecto a la puesta en marcha de este gasoducto entre Rusia y Alemania debería quedar fuera del asunto ucraniano.

Otro socialdemócrata Michael Roth, exsecretario de Estado para Asuntos Europeos, en cambio, pensaba que Alemania debería desaprobar al NS2 en caso de una agresión rusa a Ucrania.

“El resultado fue una cacofonía que daba la impresión de que Berlín carecía de liderazgo”, señala Puglierin.

El propio Scholz ha cultivado la ambigüedad al mencionar al NS2 como "proyecto privado".

Dejó clara su posición recién esta semana, al decir que se ciñe al acuerdo germano-estadounidense sobre el gasoducto firmado durante el verano (boreal), que prevé sanciones contra Rusia si "utiliza la energía como arma o comete actos de agresión contra 'Ucrania'".

“Las tergiversaciones alemanas constituyen un peligro para la estrategia occidental”, se inquieta el semanario Spiegel, en tanto Die Zeit rememora la nostalgia que para muchos miembros del SPD tiene la palabra ‘Rusia’, por la “Ostpolitik”, o sea, el acercamiento a Moscú comenzado por el canciller Willy Brandt en los años 1970, privilegiando al diálogo.

La conservadora Angela Merkel, por su parte, también se preocupó en sus 16 años de mandato en mantener buenas relaciones con Moscú, eludiendo las disputas geopolíticas por los intereses económicos entre ambos países.

Alemania “ha visto los actos del Kremlin de una manera crítica, pero al mismo tiempo pasiva en las últimas tres décadas”, afirman en una carta publicada por Die Zeit 73 expertos sobre Europa del Este y en seguridad, abogando porque Berlín ponga fin a su indulgencia y “corrija” el trato especial brindado a Rusia.