Por: Manuel Avendaño Arce.   1 octubre
Vista de las instalaciones vacías de un hotel en la isla de Ometepe, Nicaragua. La persecución que sufrieron los paramilitares en la isla de Ometepe, en el lago Cocibolca de Nicaragua, asustó a los turistas que solían negarse a abandonar este paradisíaco destino incluso cuando uno de sus volcanes hizo erupción. Fotografía: AFP.
Vista de las instalaciones vacías de un hotel en la isla de Ometepe, Nicaragua. La persecución que sufrieron los paramilitares en la isla de Ometepe, en el lago Cocibolca de Nicaragua, asustó a los turistas que solían negarse a abandonar este paradisíaco destino incluso cuando uno de sus volcanes hizo erupción. Fotografía: AFP.

Aunque todavía no se puede hablar, con total certeza, de que la crisis en Nicaragua llegó a su fin, el clima social está más tranquilo y los principales destinos turísticos de este país luchan por despejar la nebulosa de dudas que alejan a los visitantes, sobre todo a los costarricenses.

El vecino del norte atraviesa una coyuntura difícil. La crisis se tradujo en diez meses seguidos de contracción económica a febrero del 2019 (-6,4% en la variación interanual), último mes de datos oficiales disponibles.

Los sectores muestran caídas importantes: -35% el turismo, -53% la inversión extranjera, -25% los depósitos bancarios, -25% las reservas internacionales y -5% el consumo privado. Así se desprende del último informe de coyuntura Nicaragua en Crisis: Política y Socioeconómica, publicado por la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides), en setiembre del 2019.

Esfuerzos entre empresas nicaragüenses y costarricenses buscan la supervivencia de más de 100 pequeños negocios dedicados al turismo en Granada, Masaya, Managua y Rivas. Mientras que, en un voto de confianza, las agencias de viajes y los touroperadores ticos volvieron a incluir en sus catálogos la ruta hacia el norte.

La dimensión del golpe

Antes de que explotara la crisis, en abril del 2018, la empresa costarricense Excursiones Carritour mantenía un viaje semanal en el que llevaban entre 90 y hasta 150 turistas a visitar varios destinos en Nicaragua, en paquetes de cuatro días y tres noches.

El advenimiento de las protestas y las fuertes represiones del gobierno de Daniel Ortega produjeron una fuerte desestabilización social, inseguridad y enfrentamientos armados en las calles. Durante algunos meses, entre 2018 y 2019, Carritour cerró su ruta terrestre a Granada, al igual que lo hicieron otros touroperadores costarricenses.

“Desde mayo del año pasado las ventas de viajes a Nicaragua bajaron bastante, casi que un 95%. Ahora estamos haciendo un viaje cada mes o mes y medio con poco más de diez personas. Sí hemos sentido una leve mejoría en julio, agosto y setiembre, pero es mínima”, explicó María Fernanda Garita, gerente general de Carritour.

Una situación similar afectó a la compañía Ara Tours, enfocada en el turismo receptivo con itinerarios multidestino. Su negocio se desarrolla con la atracción de visitantes europeos a Costa Rica que luego viajan en excursiones a otros países de Centroamérica.

La visita a Nicaragua era una de las más apetecidas por los clientes de esta empresa, en 2017 casi el 20% de las ventas estaban ligadas a viajes a ese destino, pero para 2018 el rubro cayó un 10% y en abril del año pasado no se vendió ni un solo tour a ese país.

“Desde enero de este año operamos de nuevo itinerarios guiados. El país es seguro para los turistas por el momento, a pesar de que la situación sigue tensa, promocionamos los paquetes de nuevo y tratamos de reactivar la demanda”, comentó Daniel Küng, presidente de Ara Tours.

Disipar la nebulosa

La nación de Rubén Darío está envuelta en una nebulosa de desconfianza e inseguridad producto de la crisis. Para disipar esa estela, varias empresas se unieron a una campaña llamada Conozcamos Nicaragua Primero.

El objetivo de esta iniciativa es unir a operadores turísticos de Costa Rica con más de 100 pymes nicaragüenses para crear paquetes especiales que permitan reactivar el flujo de viajeros entre ambas naciones.

“Queremos aprovechar la temporada de fin de año para tener algunos productos que se puedan ofertar en el mercado costarricense. Es muy importante porque trabajamos con más de 100 empresas con el fin de que estas compañías mantengan su operación y no se vean forzadas a cerrar”, apuntó Rodolfo Baca, director de desarrollo y planificación del Centro Empresarial Pellas.

Los últimos datos disponibles muestran que la principal fuente de turistas a Nicaragua proviene de Centroamérica y, dentro de este rubro, los visitantes costarricenses representan el grupo más grande con un peso del 39,2%, según las estadísticas del 2017 del Instituto Nicaragüense de Turismo (Intur).

Vista de sillas vacías en el pozo de natación del manantial volcánico natural
Vista de sillas vacías en el pozo de natación del manantial volcánico natural "Ojo de Agua" en Santo Domingo, Isla de Ometepe, Nicaragua. Fotografía: AFP.

El principal reto que enfrenta el turismo de Nicaragua es romper con la desconfianza que generó la crisis y buscar alternativas para facilitar la llegada de viajeros con precios bajos. Así lo consideró Álvaro Argüedas, gerente general de la agencia costarricense Armotours.

La adversidad del turismo entre ambas naciones también se reflejó en los servicios de transporte terrestre. Los viajes en autobús por medio de la compañía TransNica se redujeron entre un 25% y 30% desde abril del 2018.

“Buscamos algunos lugares más cercanos, ya tenemos permiso para viajar entre San José y Managua por el puesto de Las Tablillas, eso significa que podremos llevar turistas al río San Juan y a San Carlos de Nicaragua, que son nuevas zonas menos conocidas por los ticos”, puntualizó Óscar Alfaro, presidente de TransNica.

La cantidad de protestas en Nicaragua se redujo de 794 entre junio y julio del 2018 (su punto más alto registrado) a 27 en julio y 38 en agosto de este año, esta disminución está acompañada de una rebaja general en las tarifas de hospedaje, alimentación y tours que se ofrecen en ese país para incentivar una actividad económica que antes de la crisis crecía a buen ritmo, pero que sufrió fuertes heridas de las cuales trata de recuperarse.