Por: Agencia AFP.   1 septiembre

Pekín. La deuda de los socios de China, que se benefician de préstamos para construir las infraestructuras de las “Rutas de la seda”, aumenta de forma notable hasta el punto que genera indignación en algunos gobiernos y preocupación en el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El presidente chino, Xi Jinping, impulsó en el verano de 2013 su ambicioso proyecto de las "Rutas de la seda", con el que pretende construir puertos, carreteras y conexiones ferroviarias en Asia, África y Europa, a cambio de inversiones y préstamos de decenas de miles de millones de dólares.

Cinco años más tarde, estas "nuevas Rutas de la seda" son cada vez más criticadas y generan una mayor inquietud. Sus detractores acusan a China de utilizar su poder económico para extender la influencia del gigante asiático en el mundo.

Las nuevas ruta de la seda es el gigantesco programa de infraestructuras cuyo objetivo es consolidar las relaciones de China en tres continentes --Asia, Europa, África-- y fue iniciado por Xi en 2013 para incrementar la influencia china en el planeta. / AFP PHOTO / Bay ISMOYO
Las nuevas ruta de la seda es el gigantesco programa de infraestructuras cuyo objetivo es consolidar las relaciones de China en tres continentes --Asia, Europa, África-- y fue iniciado por Xi en 2013 para incrementar la influencia china en el planeta. / AFP PHOTO / Bay ISMOYO

"No se trata de un club chino", se defendió el lunes Xi Jinping, que se congratuló por las "cooperaciones beneficiosas para todos".

Aunque en teoría unos 70 países participan en este proyecto, las instituciones chinas financian en realidad la mayoría de las infraestructuras.

China invirtió en los últimos cinco años más de $60.000 millones y el valor de los proyectos acordados por empresas chinas supera los $500.000 millones, según Pekín.

No obstante, estas inversiones y préstamos multimillonarios pueden resultar contraproducentes para aquellos países con una situación financiera delicada.

Por ejemplo, la deuda pública de Yibuti se incrementó del 50% al 85% en solo dos años.

Malasia anuló recientemente tres proyectos de infraestructuras acordados con el gigante asiático, como una línea ferroviaria valorada en $20.000 millones, con el argumento de que no podría continuar financiando su deuda de $250.000 millones.

"No podríamos devolver el dinero", declaró el primer ministro malasio, Mahathir Mohamad.

De hecho, el gobierno de Sri Lanka no pudo devolver un préstamo de $1.400 millones a Pekín. Tras haber pedido prestado este dinero para reformar un puerto, las autoridades de esta isla se vieron obligadas a finales de 2017 a ceder la explotación de esta infraestructura a China durante 99 años.

El FMI mostró su preocupación ante el endeudamiento provocado por estas infraestructuras. "Pueden conllevar un incremento problemático del endeudamiento, lo que limitaría otros gastos", advirtió en abril su presidenta, Christine Lagarde.

"Pero estos países ya pedían antes grandes cantidades de dinero a otras naciones", respondió el lunes Ning Jizhe, vicepresidente de la poderosa Agencia de Planificación China (NDRC), quien elogió los "rigurosos" criterios de evaluación de los proyectos.

Los proyectos de las “Rutas de la seda” aumentaron “de forma significativa” el riesgo de impago de ocho países muy endeudados: Mongolia, Laos, Maldivas, Montenegro, Pakistán, Yibuti, Tayikistán y Kirguistán.

Pakistán, que participa en la construcción de un gigantesco proyecto de conexión entre China y el puerto de Gwadar, está al borde de la quiebra financiera, lo que multiplica los rumores sobre un inminente plan de ayuda del FMI.

El nuevo primer ministro paquistaní, Imran Khan, pidió "transparencia" a los opacos contratos con China, en los que se exige el uso de materiales y mano de obra china y las condiciones de reembolso de los préstamos son muy exigentes.

Los países menos desarrollados, necesitados de infraestructuras, ven una oportunidad en los proyectos de las "Rutas de la seda". Pero algunos de ellos también denuncian el carácter "colonial" de esta ambiciosa iniciativa económica y geopolítica.

El líder de la oposición en las Maldivas, Mohamed Nasheed, denunció “el colonialismo” de esta iniciativa, que amenaza la soberanía de este país situado en el Océano Índico, en el sur de la India.

Según Nasheed, el 80% de la deuda exterior de las Maldivas está en manos chinas.

La influencia de China es tan fuerte que en algunos casos logra el control de las infraestructuras a través de concesiones durante 20 o 30 años.

Las “Rutas de la seda” son sobre todo un mecanismo de influencia en el mundo, que el año pasado fue incorporado en los Estatutos del Partido Comunista de China.