Una parte de Costa Rica está polarizada en torno al chavismo pero es una porción mucho más pequeña de lo que parece en redes sociales o en actos públicos.
La última encuesta del Centro de Investigación y Estudios Políticos de la Universidad de Costa Rica (CIEP-UCR) determinó que solo un 13% de la población mayor de 18 años se considera “chavista”, mientras que solo un 12% se dice “antichavista”.
En otras palabras, hasta un 75% —tres de cada cuatro costarricenses— no se coloca ninguna de las etiquetas.
Según el CIEP-UCR, el dato es relevante “en un contexto de aparente polarización”. Contrario a lo que se podría sospechar, “la población, en general, no se matricula mayoritariamente en dos bandos”.
Cuestión de intensidades
Solo un 13% de la población costarricense se dice “chavista”.
Esa proporción apenas supera una tercera parte de la población que votó por la continuidad del proyecto del expresidente Rodrigo Chaves en el poder (un 33,3% del padrón total) y una quinta parte de quienes dicen tener una opinión favorable del Gobierno según los cálculos del CIEP (59%).
Esto ocurre porque el apoyo puede tener distintos tipos de intensidades, al igual que pasa en otros ámbitos sociales o políticos. De la misma forma que un equipo de fútbol puede tener al mismo tiempo el respaldo de una barra organizada, de fanáticos y de personas que apenas ven un partido de vez en cuando, un movimiento político puede contar con el respaldo de personas que se adhieren completamente a él y de otros que solo se suman en el momento de la votación o que reconocen algunos de sus aspectos positivos, sin llegar a votarlo.
Ronald Alfaro, politólogo del CIEP, explicó la situación en una entrevista con EF previa a las elecciones.
Según decía, era poco probable que el 60% de la población que respaldaba al gobierno del expresidente Chaves saliera en masa a votar por la candidatura continuista de Laura Fernández, justamente porque una porción importante de las personas que valoran correctamente una administración pueden valorar aún mejor a otra opción política o hacerlo de una forma tan tenue que no es suficiente para que quieran salir de su casa en el día de la elección.
En palabras más sencillas, una persona puede tener una percepción positiva de un gobierno, pero no lo suficiente como para movilizarse o convertirlo en parte de su identidad.
El antichavismo
Algo similar ocurre con “el antichavismo”, en el otro extremo.
Si bien hay un 41% de la población que no opina positivamente del Gobierno, solo un 24% tiene una percepción completamente negativa sobre él. El 17% asegura tener una visión neutra; es decir, ni le gusta ni le disgusta la administración.
Y la proporción de personas que se dicen abiertamente “antichavistas” es todavía menor. Solo un 12% de la población mayor de 18 años se describe de esa manera.
Especialistas del Observatorio de la Política Nacional de la UCR (OPNA) sostienen que la administración del expresidente Rodrigo Chaves y la continuidad impulsada por la presidenta Laura Fernández han desarrollado una estrategia polarización y campaña permanente, con el objetivo de consolidarse como un movimiento político de largo plazo. Confrontar con otras identidades políticas en nombre de “el pueblo”, explican, justifica y valida su existencia política para muchas personas.
Sin embargo, los datos parecen demostrar que esa polarización apenas es parcial hasta este momento. El chavismo y el antichavismo sí existen, pero solo aglutinan a uno de cada cuatro costarricenses en conjunto; mientras que el resto de la población se mantiene relativamente ajena de esa disputa.
Ronald Alfaro explicó que el chavismo es una “identidad” política que recién nace y que se va desarrollando en Costa Rica. Si continúa con su dinámica de confrontación, añadió, es probable que también surjan otros movimientos antagónicos diferentes a los que ya conocemos.
Para Alfaro, un ejemplo de esa dinámica es la que se ha visto en Estados Unidos, tras el surgimiento de Donald Trump dentro del Partido Republicano.
El presidente estadounidense construyó el movimiento político MAGA (Make America Great Again) a partir de su confrontación con otros actores políticos más tradicionales y, conforme pasaron los años, en la oposición han ido ganando terreno actores distintos a los demócratas liberales tradicionales, como los demócratas socialistas y los socialdemócratas.
Un respaldo que cuestiona
Las cifras que revela el estudio del CIEP implican un reto importante para el chavismo que encabezan el expresidente Rodrigo Chaves, actual ministro de la Presidencia y de Hacienda, y la presidenta Laura Fernández.
Solo un 13% se matricula al 100% con su proyecto político, pero el resto de las personas que hoy respaldan al Gobierno lo hace con intensidades muy variadas, que podrían resultar volátiles en los próximos años.
Eso se evidencia en otros datos del estudio de opinión del centro universitario.
A pesar de que casi un 60% de la población respalda al Ejecutivo, solo un 45.3% de la población dice tener “alguna” o “mucha” confianza en que el Ejecutivo logre resolver el principal problema del país.
Además, hasta cuatro de cada 10 de las personas que dicen apoyar al Gobierno (un 39% de ese grupo) asegura que su opinión podría “empeorar” en caso de que las condiciones de vida de la población “se mantengan igual”. Es decir, el respaldo a la administración no implica un voto de fidelidad, una fe ciega, ni un cheque en blanco.
