A pesar de que el expresidente Rodrigo Chaves aseguró durante una conferencia de prensa del pasado 22 de julio que “la casa está mejor que nunca”, el propio Gobierno también advirtió ese mismo día que Costa Rica podría enfrentar un escenario “catastrófico” si no aprueba nuevas medidas para fortalecer las finanzas públicas. Ambas afirmaciones parecen difíciles de conciliar y plantean una pregunta de fondo: ¿cuál es el verdadero estado de la economía costarricense?
EF revisó los principales indicadores económicos y fiscales del país para poner a prueba el diagnóstico de Chaves, quien ahora se desempeña como ministro de la Presidencia y de Hacienda en el gobierno de Laura Fernández.
El resultado muestra una economía que mantiene fortalezas importantes, pero que también enfrenta señales de deterioro en áreas clave. Mientras algunos indicadores siguen mostrando resultados favorables, otros reflejan una desaceleración productiva, un deterioro de perspectivas fiscales y un crecimiento mucho más moderado que el de los últimos años.

Finanzas públicas
Si hay un indicador que más cuestiona esa afirmación de que “la casa está mejor que nunca”, probablemente sean las finanzas públicas.
Aunque la deuda pública se mantiene relativamente estable, cerca del 60% del producto interno bruto (PIB), los ingresos tributarios pierden dinamismo y el propio Ministerio de Hacienda proyecta que el endeudamiento volverá a crecer durante los próximos años si no se adoptan nuevas medidas.
Las cifras ya muestran ese cambio de tendencia. Hasta mayo —el dato más reciente disponible— la recaudación tributaria cayó un 2,5% respecto al mismo período del año pasado. Además, Hacienda estima que la carga tributaria podría reducirse de un 13% a un 11% del PIB en los próximos años y que, de mantenerse esa trayectoria, la deuda pública podría acercarse al 70% de la producción para inicios de la próxima década.
El deterioro no responde a una única causa. La reforma fiscal aprobada en 2018 permitió fortalecer los ingresos públicos y establecer la regla fiscal, pero desde su aprobación se advirtió que debía complementarse con otras medidas para consolidar el ajuste. A ello se suman la apreciación del tipo de cambio, que redujo la base imponible de muchas empresas que operan en dólares; la desaceleración de la actividad económica; y varias decisiones tributarias recientes.
Entre ellas figuran reformas aprobadas por la Asamblea Legislativa anterior al impuesto a la propiedad de vehículos, al impuesto sobre la renta de los trabajadores independientes y a algunas ganancias en el extranjero, así como modificaciones reglamentarias impulsadas por el Gobierno para reducir las tarifas al consumo y sobre la valoración fiscal de vehículos importados.
Frente a ese escenario, el Gobierno sostiene que es necesario impulsar una nueva agenda fiscal para fortalecer los ingresos. Entre las medidas, plantea nuevas herramientas de cobro para Hacienda, iniciativas contra la evasión y el contrabando, y la eventual eliminación de exoneraciones como la tasa reducida del IVA de un 1% de la que gozan los bienes de la canasta básica.
Producción y exportaciones
Si las finanzas públicas muestran el principal foco de preocupación, la producción ofrece un panorama más equilibrado. La economía costarricense sigue creciendo, pero lo hace a un ritmo considerablemente menor que el observado durante la recuperación pospandemia.
Hasta mayo, la producción nacional avanzó un 3,5%, por debajo de las tasas superiores al 4% registradas en los últimos años: una desaceleración que alcanza a la economía local y a las zonas francas.
Las actividades vinculadas con el mercado interno —de las que depende cerca del 85% de la producción general y casi el 90% del empleo formal— crecieron apenas un 2,9% interanual, al cierre de los primeros cinco meses del año. Las empresas del régimen especial, incluidas las zonas francas, avanzaron un 3,8%, muy por debajo del ritmo observado en ejercicios anteriores.
Esa desaceleración se corresponde con un menor ritmo de sectores que en conjunto representan una parte importante de la economía costarricense, cuyo ritmo ha caído por debajo del 3%; por ejemplo, el comercio (3%), el transporte y el almacenamiento (2,9%), las actividades inmobiliarias (2,37%), la agricultura (0,5%) y las manufacturas (0,8%).
Las exportaciones siguen mostrando un comportamiento positivo, aunque también evidencian una pérdida de impulso. Durante el primer semestre de este 2026 crecieron un 6,5%, según Procomer, una cifra inferior al 21,3% registrado en el mismo período de 2023, al 6,8% en 2024 y al 13,4% en 2025.
Los servicios crecieron un 5% al cierre del primer trimestre del año, pero únicamente gracias al turismo. Si ese componente se excluyera, el sector habría registrado una caída del 1%. Además, el Banco Central prevé que el cierre de operaciones manufactureras de empresas como Intel y Qorvo continúe afectando el desempeño exportador durante el resto del año.
En conjunto, los datos muestran una economía que mantiene capacidad de crecimiento, pero que ya no exhibe el impulso excepcional de los últimos años. Existen múltiples factores que podrían explicar la moderación, según economistas; por ejemplo, la dificultad de mantener un nivel de crecimiento como el de los años recientes, la posibilidad de que algunos exportadores hayan adelantado operaciones en años recientes por temor a mayores tensiones comerciales internacionales o el encarecimiento de las operaciones en Costa Rica por la apreciación del colón frente al dólar.
La moderación de la actividad productiva también ayuda a explicar por qué el propio Ministerio de Hacienda anticipa una menor recaudación: una menor actividad implica menos ingresos por impuestos.
Desempleo
El desempleo continúa en mínimos históricos, pero ese indicador, por sí solo, no refleja toda la situación del mercado laboral costarricense.
Hasta mayo se contabilizaban cerca de 2,18 millones de personas ocupadas, entre trabajadores formales e informales. Son unas 23.000 personas menos que un año atrás y 3.000 menos que antes de la pandemia: una muestra de menor dinamismo.
Al mismo tiempo, la tasa de desempleo continúa por debajo del 7%, uno de los niveles más bajos registrados por el país y una aparente contradicción que se explica por cambios demográficos en los últimos años.
La Encuesta Continua de Empleo (ECE) muestra que cada vez más personas mayores de 60 años permanecen fuera de la fuerza laboral por decisión propia. El número de personas de esa edad que podría trabajar pero opta por no hacerlo aumentó en unas 80.000 en el último año y, desde el 2019, el incremento llega a unas 340.000 personas.
A ello se suma que una parte del empleo informal destruido durante la pandemia nunca volvió a recuperarse plenamente. Como resultado, la población que participa activamente en el mercado laboral es menor que antes, lo que también contribuye a reducir la tasa de desempleo.
El bajo desempleo constituye una señal positiva, pero no es suficiente para deducir que el mercado laboral pasa por su mejor momento, mientras el número de personas ocupadas sigue estancado.
Condiciones salariales
Los salarios tampoco muestran una mejora extraordinaria que permita concluir que la economía atraviesa su mejor momento. Los datos más recientes disponibles muestran que los ingresos continúan aumentando, pero a un ritmo menor que el observado antes de la pandemia.
Un análisis realizado por EF con base en los salarios formales reportados a la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) determinó que la mediana salarial era de ¢540.000 hasta octubre de 2025; es decir, la mitad de los trabajadores formales gana menos que ese monto.
El mismo análisis mostró un salario promedio de ¢840.000; sin embargo, ese indicador está influido por una minoría de trabajadores con remuneraciones muy altas.
EF también revisó registros de cotizaciones al seguro de salud, que incluyen tanto a asalariados como a trabajadores independientes. Esos datos permiten observar que, eliminando el efecto de la inflación, la mediana salarial creció un 6,6% desde la pandemia (2019-2025); mientras que en los seis años anteriores lo había hecho un 24,5%.
En otras palabras, los salarios siguen creciendo, pero lo hacen a un ritmo considerablemente menor que antes de la emergencia sanitaria: una evolución que tampoco termina de respaldar la idea de una economía que vive su mejor momento.
Pobreza
Si hay un indicador que respalda con mayor claridad la idea de una economía en mejores condiciones es la reducción de la pobreza.
Las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) muestran que tanto la pobreza como la pobreza extrema descendieron durante los últimos años hasta ubicarse entre los niveles más bajos registrados desde que existe la medición actual. También la desigualdad mostró una leve mejoría, aunque continúa siendo uno de los principales desafíos sociales del país.
La tasa de pobreza bajó a solo un 15,2% y la tasa de pobreza extrema cayó al 3,8%, según la última Encuesta Nacional de Hogares (Enaho) publicada en 2025. Pero economistas e investigadores académicos también advierten de que esa reducción se debe a una combinación de factores.
Entre ellos están la recuperación del empleo tras la pandemia, el comportamiento de la inflación (que subió excepcionalmente en 2022 y luego se mantuvo casi nula) y el registro de una menor cantidad de personas por hogar. El propio INEC señaló que la baja inflación permitió preservar el poder adquisitivo de los hogares y que la reducción del tamaño promedio de los hogares aumentó el ingreso per cápita.
El Programa Estado de la Nación (PEN) también ha puesto en duda la sostenibilidad de la reducción de la pobreza. Según ha publicado en sus informes, un menor crecimiento de la producción y del empleo, así como una recuperación de la inflación, podrían reducir de nuevo la capacidad de los hogares de continuar por encima de la línea de pobreza.
Confianza del consumidor
Más allá de los indicadores económicos tradicionales, existe otra forma de medir el estado de la economía: observar cómo perciben los propios hogares su situación y sus expectativas a futuro. En ese campo, las señales son mixtas.
El Índice de Confianza del Consumidor (ICC), elaborado por la Universidad de Costa Rica, ha mejorado respecto a los niveles registrados durante las discusiones fiscales de 2018 y la pandemia de 2020 y 2021; sin embargo, hay señales de dudas recientes.
El índice alcanza 54,8 puntos sobre 100 —un registro históricamente alto—; sin embargo, cayó 6 puntos entre febrero y mayo de este año.
Además, según la misma encuesta, un 23,1% de los consumidores cree que la situación económica del país es peor que hace un año: un registro que sigue siendo relativamente bajo, pero que es el mayor desde mayo de 2024.
Los investigadores a cargo del estudio atribuyen el cambio a varias posibles explicaciones; entre ellas, los conflictos que persisten en Medio Oriente y las recientes noticias sobre la situación fiscal del país.

¿'Mejor que nunca’?
La economía costarricense mantiene fortalezas, pero también aparecen señales de cambio.
La pobreza continúa disminuyendo, el desempleo sigue en mínimos históricos y la estabilidad macroeconómica sigue presente; sin embargo, la producción pierde vigor, las exportaciones crecen con menos fuerza, los salarios avanzan más despacio y las finanzas públicas vuelven a mostrar presiones.
Para múltiples economistas consultados, esa combinación de indicadores no coincide con un momento excepcional, como sugiere el ministro Chaves.
Entre ellos, el economista de la Universidad Nacional (UNA) y exviceministro de Hacienda, Fernando Rodríguez, consideró que el mero comportamiento de las cifras fiscales impide hablar de una situación particularmente favorable.
“Vemos menos superávit primarios, más déficit financiero y más deuda como porcentaje del PIB, y eso no es una mejora”, subrayó.
Para Luis Vargas, del Colegio de Ciencias Económicas, Costa Rica mantiene un crecimiento económico destacado, pero ese desempeño ya no luce excepcional cuando se compara con otros períodos.
Además, advierte que tanto el sector externo como el mercado laboral muestran señales de desaceleración y que las mejoras fiscales alcanzadas tras la reforma de 2018 comienzan a debilitarse.
¿Mejor o peor que nunca? Depende de qué y cómo se mire.
