Por: María Esther Abissi.   23 abril, 2017

La actividad económica de Costa Rica se ha desacelerado levemente durante los primeros meses del 2017 y muestra signos de enfriamiento en algunas industrias, pero no se espera que la tendencia se deteriore más.

Si se observan los últimos tres años, el Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) –calculado por el Banco Central (BCCR)– se ha comportado como una especie de “montaña rusa”, con picos en algunos meses y caídas en otros.

Después de abril del 2016, cuando el crecimiento de la economía tuvo una variación interanual del 5,47%, la actividad comenzó a desacelerarse pasando a 4,45% al cierre del primer semestre de ese año y con repunte cercano al 5% para finales de ese año.

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Pese a esto, el 2017 recibió la economía con un ligero golpe y, para febrero, 7 de los 15 grupos de actividades que integran el IMAE recortaron su crecimiento.

En enero, el Índice se desaceleró, con una variación interanual del 4,55% y en febrero cayó a 3,94%, según el último dato del Banco Central.

En estos primeros meses del año, el indicador se ubica en una de las caídas de esa “montaña rusa” y la tendencia es que siga cayendo al menos en el primer semestre para luego repuntar durante el segundo semestre del 2017, según el Central y algunos especialistas.

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LEA: Actividad económica de Costa Rica sufre fuerte desaceleración en febrero y cerró con variación de 3,9% Para febrero, el indicador se encontraba por debajo de la previsión de crecimiento de la producción, establecida en el Programa Macroeconómico 2017-2018 del Central, que estimaba un alza real del 4,1% del PIB, una expectativa ligeramente menor de la que se tuvo para el 2016.

Empero, en general, este comportamiento no responde a condiciones predecibles, sino más bien a situaciones cíclicas o coyunturales, propias de cada sector.

En otros casos, como el de la industria manufacturera, se trata de factores estructurales que hacen que no pueda avanzar al mismo ritmo de otros sectores, según los mismos empresarios.

El sector servicios, por ejemplo, venía creciendo a niveles acelerados, superiores de lo normal y luego de alcanzar ese ritmo, se ha enfriado.

El economista Melvin Garita comenta que, incluso, algunas actividades han registrado un crecimiento negativo, lo que plantea que pudieron estar creciendo a niveles que podrían haber generado burbujas en esas actividades, por lo que los resultados que arroja el índice, en estos primeros meses del año, eran de esperarse.

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Poco dinamismo

Existen algunos factores puntuales que influenciaron que los sectores productivos hayan sido menos dinámicos, al menos durante los primeros meses del 2017.

En el 2015, algunos sectores sufrieron consecuencias coyunturales que bajaron su rendimiento y, por ende, registraron crecimiento negativo.

Por ejemplo, la agricultura fue golpeada por los efectos asociados al fenómeno de El Niño y los resultados de crecimiento fueron negativos entre setiembre del 2014 y diciembre del 2015.

Sin embargo, durante los primeros cinco meses del 2016 se empezó a recuperar y para octubre de ese año, logró un crecimiento interanual de 5,25%.

Empero, esta variación estuvo precisamente influenciada por el bajo rendimiento que tuvo durante el año anterior, que fue considerablemente más alto.

Para el Banco Central, los resultados actuales son producto de un efecto de base de comparación, ya que el año pasado tuvo tasas muy altas en algunos sectores, haciendo que el resultado de este año se vea perjudicado.

En los primeros meses del 2017, la agricultura tuvo una desaceleración, pasando a 4,55% en enero y a 3,94% en febrero.

Dado lo anterior, lo que se espera es que haya un comportamiento inverso de lo que ocurrió durante el 2016: tasas bajas en el primer semestre y más altas en el segundo.

A pesar de que esta es la premisa del Central, no en todos los sectores se aplica esta misma regla.

Hay actividades que han mostrado un dinamismo significativo, como las exportaciones de equipo y dispositivos médicos y odontológico, pero hay otras que no corren la misma suerte, como la industria manufacturera.

Para Francisco Gamboa, director de la Cámara de Industrias de Costa Rica, la desaceleración de la actividad obedece al comportamiento de la demanda de productos, sobre todo en el mercado interno.

De acuerdo con el Banco Central, el resultado del IMAE fue atenuano por la menor producción de las empresas del régimen definitivo relacionadas con la producción de café, papel, productos plásticos y de edición e impresión.

La industria manufacturera estuvo creciendo hasta marzo del 2016 y, a partir de entonces, comenzó a desacelerarse hasta alcanzar un crecimiento de 3,28%, un punto y medio porcentual menos que el año anterior.

Para este sector, la principal preocupación está en que, desde hace varios años, el país no cuenta con un sector industrial manufacturero que esté creciendo de forma sostenida y, más bien, ha perdido competitividad, haciendo que sea más difícil producir para competir en los principales mercados de exportación.

Contrario a lo que ocurre en otros sectores, la industria manufacturera no sufre problemas coyunturales que retrasan su crecimiento sino, más bien, problemas estructurales que influyen en la capacidad para crecer o mantenerse en el mercado.

“En el sector industrial, hay empresas y actividades que no se han podido adaptar a los cambios en la dinámica de los mercados, por lo que se reduce su capacidad de crecimiento a futuro y, en algunos casos, tienden a desaparecer”, admitió Gamboa.

Sin embargo, para él, la dinámica de aceleración y desaceleración que presenta el sector en el IMAE no concuerda con los resultados que presenta el sector manufacturero en el Índice Mensual de Actividad Manufacturera (IMAM).

A pesar de que también registra una caída y una tendencia a la baja, en el IMAM la actividad es levemente más estable.

Esta situación puede presentarse por el peso relativo que tiene la industria dentro del indicador.

En otros casos, como en el de la construcción, que pasó de tener un crecimiento interanual de 11,46% en el 2015 a 1,42% en el 2017, la situación pasa más por un tema coyuntural.

Durante el 2015, el segmento estaba creciendo a pasos agigantados por la construcción del City Mall en Alajuela y del proyecto hidroeléctrico Reventazón.

Ahora, al no existir dos proyectos de tal envergadura, la actividad registra muy poco crecimiento.

En enero de este año, la construcción tuvo una variación de 4,44% y un mes después, en febrero fue de 1,42%.

Este dato está todavía por debajo de lo estimado por el Banco Central para el 2017, que espera que el crecimiento sea de 2,2%.

Empero, el menor dinamismo de estos primeros meses lo arrojó el sector financiero y se da, en parte, por la menor demanda de créditos en moneda extranjera, según el Central.

De acuerdo con el último dato de este trimestre, las actividades financieras y de seguros registraron un crecimiento de 6,60% con respecto al año anterior, cuando el crecimiento fue de 14,60%. En ese momento, era la actividad que registraba el mayor crecimiento en el IMAE.

En este caso, además de la desaceleración del crédito en dólares, el resultado se ve influenciado por la caída del crecimiento de los depósitos de ahorro a la vista y cuenta corriente.

Para Anabelle Ortega, directora de la Cámara de Bancos, la industria presenta volatilidad año con año y este patrón de comportamiento se ha repetido al menos en los últimos 20 años.

La actividad financiera actúa en concordancia con las industrias que pueden afectar la actividad económica, es decir, si una se ve afectada, también resultará afectado el sector financiero.

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Este es un hecho que se evidencia en los resultados del IMAE en comparación con los datos del comportamiento del crédito en colones y dólares.

Pese a que el crédito en ambas monedas muestra un repunte, cada vez más disminuye la brecha que hay entre ambas monedas.

Desde enero de 2015, esa diferencia de crecimiento entre el crédito en colones y dólares se ha ido recortando y hoy comparten datos casi iguales, una situación que no se veía en años anteriores, cuando el crédito en dólares subía muy por encima de los de colones.

Sector estabilizador

En la economía, existe una carta que permite que el indicador de actividad económica tenga un mayor crecimiento: las zonas francas.

En el primer trimestre del año, las zonas francas desempeñaron un papel importante en la actividad económica y es que, según comentan algunos economistas, el sector externo sirve como un “estabilizador” de la economía.

Si se excluye el dato de las zonas francas del IMAE, el crecimiento interanual de la actividad económica pasa de 3,94% a 3,04% en febrero; si se toma el dato de enero, pasa de 4,55% a 3,53%.

El peso de las zonas francas en la actividad y su efecto de “estabilización” se da principalmente porque tienen un componente importante de prestación de servicios y son menos sensibles al ciclo económico, una vulnerabilidad por la que pasa el resto de sectores.

“Estas actividades están creciendo a tasas mayores que el resto de las actividades, sobre todo en producción de alimentos y dispositivos médicos, por lo que en este momento sirven como estabilizadores”, afirmó Henry Vargas, director de Estadística Macroeconómica del BCCR.

De allí que exista una separación importante y sostenida entre los dos datos, ya que las actividades que allí se desarrollan tienen un comportamiento muy dinámico y crecen a tasas superiores de las que muestra la economía interna.