Por: María Fernanda Cisneros.   20 diciembre, 2019

La desaceleración económica vista hasta junio, el alto desempleo y la incertidumbre de la población son solo parte de la tónica que experimenta Costa Rica desde ya hace algún tiempo.

Esta realidad impactó a muchos sectores de la economía y uno de ellos fue el bancario.

La producción nacional se desaceleró y al mismo tiempo lo hicieron los servicios financieros.

A diciembre del 2018, las actividades financieras y de seguros crecían al ritmo del 6%. Esta cifra bajó a 2,1% en julio, porcentaje esperable en medio de una actividad económica ralentizada.

En los últimos tres meses ha ido aumentando su paso muy levemente. Ahora queda esperar si los agentes económicos (personas y empresas) confían más en el desempeño que tendrá el país en los próximos meses.

Aun cuando en los últimos meses la actividad económica ha acelerado el ritmo, la economía nacional y el sector bancario están muy lejos de alcanzar las atractivas cifras vistas años atrás.

Los síntomas de la recuperación del crédito apenas son basados en la percepción de las autoridades económicas y de las propias entidades. No obstante, falta que se concrete la activación de una mayor demanda para que la banca vea una mejoría significativa en sus resultados.

A noviembre, el saldo total del crédito otorgado por la banca al sector privado decreció 3,5%, muy lejos del 5,9% del año previo y mucho más lejano de los dos dígitos vistos años atrás. En la revisión del Programa Macroeconómico, en julio del 2019, el Banco Central proyectó que el crecimiento de los préstamos al sector privado al cierre de este año iba a ser de un 4%.

Al final, esto impactó la dinámica de las utilidades, pero de la banca privada.

La banca generó ¢170.662 millones en ganancias, un 6,44% por encima de lo reportado un año atrás.

Todo el panorama hace que los bancos tengan expectativas de crecimiento moderado para el 2020. No se esperan sorpresas ni grandes dinamismos.

Banca estatal en recuperación

En 2018, las arcas de la banca se vieron más que todo golpeadas en los que pertenecen al Estado y al Banco Popular, que fue creado por una ley especial.

Lo anterior permitió que los privados, impulsados principalmente por los resultados de BAC Credomatic, obtuvieran casi el doble de los réditos generados por la banca estatal.

Un año después, esta realidad dio un giro.

A octubre del 2019, solamente los bancos públicos lograron un crecimiento.

En la recuperación de la banca estatal influyó el efecto base del 2018. Sin embargo, el Banco de Costa Rica (BCR) y el Banco Popular y de Desarrollo Comunal (BPDC) no solo se recuperaron, sino que superaron las ganancias registradas en los últimos años.

A octubre del 2019, el BCR y el Banco Popular se recuperaron del ácido 2018 y casi lograron alcanzar las ganancias generadas por la acera privada.

El BCR reportó la segunda cifra más alta en utilidades de los últimos seis años, con un crecimiento del 44,8%. El resultado antes de impuestos y participaciones creció 87,6%.

Este banco percibió buenos resultados luego de absorber la operación del difunto Banco Crédito Agrícola de Cartago (Bancrédito). A estos nuevos clientes les ofreció otros productos y esto le permitió profundizar en otros más en una época en la que el crédito no era lo más dinámico.

El BCR aumentó las cifras de gasto, pero logró dinamizar de forma importante los ingresos por comisiones y servicios, así como otras entradas de dinero de la operación.

Lo que ha incidido mucho es la absorción de Bancrédito, la administración de los impuestos de salida, las tiendas Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS) y la recuperación de créditos que tenía Bancrédito.

Otro gran negocio para el BCR son los fideicomisos de obra pública con proyectos de alrededor de ¢500 millones.

“El banco se ha ordenado mucho financieramente; está muy sólido. Bancrédito, fideicomisos y profundidad de línea: damos un crédito hipotecario y le damos un ahorro automático, le damos la planilla, un crédito. A pesar de que al 30 de setiembre hemos cancelado cerca de ¢900 mil millones en crédito, las cancelaciones, las refundiciones y las daciones de pago han aumentado debido a la situación económica del país”, explicó Douglas Soto, gerente del BCR.
“Otra cosa que estamos haciendo son fideicomisos de obra pública. Al Poder Judicial le vamos a construir 20 edificios; a la CCSS, alrededor de 50. Ya vamos a hacer el edificio de Aresep por La Sabana y también la carretera San José-San Ramón que da inyección al país”, añadió Soto.

En 2019, el BCR estima cerrar por encima de los ¢34.000 millones en ganancias. “El Banco se ha ordenado financieramente; está muy sólido”, afirmó Soto.

El Popular, por su lado, generó ¢31.073 millones en utilidades, la cifra más alta vista en los últimos seis años.

Esta entidad logró contener el gasto con crecimientos por debajo del 1%.

Esa contención del gasto, una gestión controlada de pasivos y un mejor contexto de tasas de interés han beneficiado el costo financiero del Popular (especialmente en la segunda mitad del año).

Al final, logró reducir la suficiencia patrimonial de 17,95% en diciembre 2018 a 16,84% en octubre del 2019. La cifra fue mejor en 2015, pero se había deteriorado.

“Existe una estrategia de cobranza bien estructurada con planes de refinanciamiento y, además, como se ha informado en días recientes, programas específicos como el de ‘salvamento’ que están generando resultados positivos en la contención del deterioro de la cartera de crédito”, señaló Alex Otoya, director financiero del Banco Popular y de Desarrollo Comunal.

El Banco Nacional de Costa Rica (BNCR) sí logró un crecimiento, pero obtuvo como resultado final una cifra que todavía es baja, en comparación con lo que acostumbra. El banco atribuye esto a la amortización de la amnistía tributaria; eliminando los impuestos y participaciones, el crecimiento es de más del 100%.

Luego de una fuerte caída en 2018, el crecimiento porcentual del Nacional se vio inyectado, a pesar de que las ganancias no necesariamente fueron tan grandes.

El Nacional generó la mitad de ganancias en comparación con su cifra más alta en ese período, pero sí logró levantar de forma leve luego de una caída importante en 2018. Su crecimiento fue de 7,3%.

“Los resultados del banco están muy bien. Inclusive a noviembre, si comparamos la utilidad después de impuestos y participaciones, contra noviembre del año pasado, crecemos un 22%", explicó Gustavo Vargas, gerente general del Nacional.
"En el crecimiento de la cartera de crédito se ve que en colones estamos creciendo bien, pero en dólares se dan dos fenómenos. Uno, que el portafolio de crédito en dólares ha disminuido y, dos, el tipo de cambio. No está la cartera de crédito en el nivel que nosotros deseáramos, pero principalmente por la parte en dólares”, dijo Vargas.
Banca privada decaída

Mientras la banca estatal apuntaba su estrategia a recuperarse del bache negativo del año pasado, la banca privada vio caer sus utilidades. Todos las entidades privadas experimentaron la misma historia, incluido BAC Credomatic.

El BAC, el mayor generador de ganancias de este sector, no logró mantener una cifra tan alta de ganancias luego de un 2018 excepcional.

Tras un crecimiento del 67,7% a octubre del 2018, BAC vio caer sus utilidades en 14,72% al mismo mes del 2019.

Aunque el banco generó menos utilidades que en 2018, las ganancias son todavía mayores a las vistas en el período analizado (octubre 2014-octubre 2017).

Se le consultó al BAC por el detalle de sus resultados, pero al cierre de edición no respondió.

La desaceleración o contracción en las utilidades la percibió toda la banca privada.

El único que creció fue Scotiabank, entidad que en 2018 había caído como nunca antes. Sin embargo, esta entidad aún percibe los efectos de la absorción de las operaciones de Citibank.

“Los números de 2019 aún muestran los últimos gastos de integración. El 2020 será un período libre de este tipo de gastos”, explicó Ariel Rosenblatt, vicepresidente regional de Finanzas de Scotiabank.

El resultado del banco en 2019, sin embargo, también incorpora signos positivos, ligados a la mejoría de eficiencia operativa y el crecimiento de la cartera en el segmento de retail (tarjetas de crédito e hipotecas) y en el corporativo, añadió Rosenblatt.

Crédito poco dinámico y morosidad

La cartera de créditos al día por parte de los bancos se desaceleró desde el 2017 y en 2019 entró en la senda negativa.

La cartera de préstamos al día es de ¢17.014 millones a octubre del 2019, un 2% más baja que lo registrado al mismo corte del año previo. Esta es la única contracción que se ha mostrado en el último quinquenio.

Por su lado, la cartera con mora dio un salto importante en 2018 y en 2019 creció nuevamente, a menor medida, pero sin lograr retroceder.

En términos generales, el crédito sigue desacelerado en dólares con una caída del 3,3% a noviembre, mientras que en colones crece 3,15%.

Cuando una persona está inmersa en desconfianza, pospone la decisión de comprar una casa o un carro o, incluso, la opción de viajar. En la misma línea, una empresa atrasa planes de inversión y restringe las contrataciones de personal.

Todo esto golpea el dinamismo de la colocación de crédito y los ingresos por servicios financieros, el principal negocio de la banca.

Si a este panorama se une la entrada en vigencia de la reforma fiscal, los agentes económicos parecieran haber encontrado razones suficientes para dudar de decisiones de compra o inversión. La incertidumbre los embargó.

Asimismo, el alto nivel de desempleo y el alto endeudamiento de las personas físicas llevan a que muchas enfrenten dificultades para atender sus pagos a tiempo y, por ende, pagan con días de atraso o no cancelan del todo.

“Lamentablemente la situación económica del país durante la primera mitad del año, la reforma fiscal y el desempleo han impactado en este sentido a la población, especialmente en algunos sectores que han entrado en condición de mora en los últimos meses”, indicó Ariel Rosenblatt, vicepresidente regional de Finanzas de Scotiabank.

La morosidad golpeó a la banca desde el 2018 y en 2019 continuó subiendo en algunas entidades.

La mora solo bajó en tres de un total de 13 bancos analizados: Banco Nacional, BCT y Prival Bank. Aun con la mejora, el Nacional ocupa el segundo lugar en el indicador de mora del mercado bancario.

La morosidad ha tenido un impacto más fuerte en personas físicas y pequeñas y medianas empresas.

Los planes de salvamento han ayudado a aliviar la morosidad de muchas personas y empresas, según Gustavo Vargas, gerente general del Nacional.

Esta situación también genera un choque en las carteras de los bancos, ya que dejan de percibir las ganancias por el financiamiento colocado. Se deteriora la condición de su cartera y esto golpea sus utilidades.

En adelante, el sector bancario espera mayor dinamismo en algunos sectores, de los cuales ya percibe los primeros indicios de recuperación: construcción, hipotecas y pymes son los principales.

El 2020 sería un año un tanto mejor, pero sin representar una mejoría exponencial respecto a lo visto en 2019.