Por: María Fernanda Cisneros.   14 octubre

Probablemente usted haya escuchado o incluso manifestado frases como: “La banca estatal es ineficiente. Los gastos administrativos crecen sin medida y el tamaño de su planilla es insostenible. El rezago en tecnología es su lastre”. Como un eco, estas afirmaciones prevalecen en el tiempo, pero ¿es posible que algunas de ellas se hayan convertido en mitos?

El Banco Nacional sostiene una planilla de más de 5.000 empleados, y, el Banco de Costa Rica, una de casi 4.000. Foto: Rafael Pacheco
El Banco Nacional sostiene una planilla de más de 5.000 empleados, y, el Banco de Costa Rica, una de casi 4.000. Foto: Rafael Pacheco

Si bien los bancos públicos tienen enormes retos pendientes, en la última década han dado pasos para ser más eficientes.

El Banco de Costa Rica (BCR) y el Banco Nacional (BNCR) tienen el desafío de mejorar este aspecto a pasos agigantados. El Plan Nacional de Desarrollo les dictó la meta de bajar su margen de intermediación financiera, mejorar su eficiencia y reducir el crecimiento del gasto administrativo; todo para el 2022.

No es la primera vez que un gobierno les estipula pautas a estas entidades, sin surtir efecto. En un pasado, también se incluyó al difunto Banco Crédito Agrícola de Cartago (Bancrédito).

Óscar Arias quería que los bancos captaran y prestaran más, Laura Chinchilla apostó por avanzar en el sistema de supervisión, y Luis Guillermo Solís apuntó al mejoramiento en el nivel de eficiencia.

¿Cómo han avanzado en la meta de la actual administración?, ¿cuáles son los mitos que han derribado y las tareas pendientes?

1. En medio de altibajos, la banca estatal da pasos en eficiencia

Un gran mito es que la banca pública no logra ser más eficiente.

En los últimos diez años, el Banco Nacional y el Banco de Costa Rica sí mejoraron su eficiencia.

Sin embargo, en ese período han tenido altibajos: llegaron a registrar una cifra históricamente baja sin lograr sostenerla.

Cuanto más eficiente sea un banco, más y mejores servicios podrá ofrecerles a sus clientes. Esta es la premisa por la cual el indicador es tan señalado. Si esto ocurre, las entidades podrían ofrecer créditos a mejores tasas y, por lo tanto, más accesibles.

¿Cómo se mide este parámetro? Una forma de hacerlo es a través de la eficiencia operativa: calculando cuánto de las ganancias de la operación son absorbidas por los gastos administrativos. Cuanto menor sea el resultado, más eficiente es la entidad.

En el Nacional esa relación pasó de 70,6% a 63,0% en diez años (julio 2011-2019), según análisis de EF.

Los resultados favorables no han sido consecutivos, pues en algunos años dio pasos hacia atrás.

El BCR pasó de 77,8% a 70,18%, en igual período. En 2016 fue más eficiente que el Nacional, pero luego perdió esa ventaja en medio de un convulso ambiente legal por el famoso caso el “cementazo” que llevó presa a la planilla gerencial del banco.

El Plan Nacional de Desarrollo actual les trazó a ambos bancos la meta de llegar al 52% para el 2022. El BCR y el Nacional tendrían que bajar su eficiencia en 18 y 11 puntos porcentuales, respectivamente.

Un cambio mínimo en los impuestos o en la morosidad de la cartera es capaz de dañar la cifra, pero esto puede ser compensado con mejoras en los servicios, procesos y tecnología.

¿Es una meta ambiciosa? Gustavo Vargas, gerente del Nacional, explicó a EF que, si bien el banco se traza una meta un tanto menos alentadora que la del Gobierno, sí mejorarán. Estima cerrar el año en máximo 63% y llegar a un 56,5% para el 2021.

El Nacional apuesta a la inversión en tecnología y la automatización de procesos; a ofrecer “más servicios, pero con la misma gente”, apuntó Vargas.

El plan no es una ocurrencia y, bajo estrictos escenarios, sí es posible alcanzar la meta, difiere Rossy Durán, gerente de Finanzas del BCR.

El enfoque del BCR es ser más eficiente a través de un plan de inversión en tecnología. Inicialmente, esto les genera más gastos, pero en cinco años permitiría ver los resultados.

“Estaríamos en 67% si no hubiéramos tenido inversión tecnológica”, señaló Durán.

La banca estatal es menos eficiente que la privada, en términos del indicador, pero soporta una operación más grande y destina parte de sus ganancias a cargas dispuestas por ley.

Las cargas parafiscales nacen con una razón de ser que ya no está. “El aporte al IVM (Régimen de Inválidez, Vejez y Muerte) es el único que dejaría, pero por qué un aporte a Conape (Comisión Nacional de Préstamos para Educación) cuando hasta compite con la banca”, señaló Mario Rivera, exgerente del BCR.

¿Es esta una razón suficiente para tener cifras de eficiencia menores? A criterio de Fitch, es normal que esto ocurra, ya que en cualquier jurisdicción los bancos del estado tienen más cargas.

“No esperamos que los bancos estatales costarricenses presenten indicadores de eficiencia mejores que los de los bancos privados”, señaló Adriana Beltrán, analista de Fitch.

Lo anterior no elimina el que la banca pública deba ser más eficiente con el paso del tiempo.

El margen de intermediación financiero es otro reto, principalmente en dólares.

El BCR se traza la meta de alcanzar al 2022 un margen de 4,40% en colones y de 3,79% en dólares, con una caída de 1 punto y 1,55 puntos, respectivamente, entre 2019 y 2022.

El Nacional se limitó a decir que “pretende tener la oferta de tasas más competitivas posible en moneda nacional”.

2. Los bancos públicos gastan de forma desmedida, ¿mito o realidad?

La banca estatal sostiene una red de servicios de 279 sucursales físicas y más de 9.000 empleados.

Años atrás, los egresos para mantener a ese personal crecían a un ritmo desmedido, y la red de sucursales se mantenía alta, a pesar de la llegada de una era de servicios digitales.

Una parte de ese panorama cambió.

La planilla sigue siendo una de las más grandes del sistema bancario, por lo que mantenerla todavía representa gastos importantes.

Sin embargo, el personal recibe menos pluses salariales y los gastos asociados crecen menos.

El Banco Nacional tiene 5.196 empleados (a junio), la mayor planilla en un banco en el país, pero que es 388 colaboradores menor que su punto más alto (2013).

A junio, el 45% de la planilla recibe un salario de mercado y no de pluses.

El Banco de Costa Rica, por su lado, tiene 3.998 empleados: 174 menos que en el pico del 2014. El 89% de ese personal tiene un salario nominal.

El cambio de esquema generó un ahorro.

En el 2012, el gasto de personal crecía 19% en el BCR y 15% en el Nacional; hoy repunta 4% y 3%, respectivamente.

El BNCR obtuvo 8.000 días de productividad adicionales al año, por el ajuste en la cantidad de vacaciones, y una caída de ¢588 millones en cargas patronales.

Un empleado en el esquema de pluses del Nacional tiene 33 días libres al año; en el de mercado, solo 18 .

En ambos bancos el nuevo personal ingresa sin pluses, pero la decisión es voluntaria para quienes fueron contratados desde antes de la medida.

Por otro lado, la cantidad de sucursales bajó poco. Ambos bancos se escudan en que tienen el deber de llegar a los ciudadanos.

Los gastos administrativos de estas entidades se han controlado en los últimos años.

En el Banco Nacional decrecen durante el 2019, mientras que en el BCR repuntan 6,47%, más que en los cuatro años previos, debido a la inversión tecnológica, explicó el banco.

¿Cómo reducir más los gastos? El BCR apuesta por la venta de bienes adjudicados y una mayor rigurosidad al entregar créditos para reducir el riesgo de impago.

El Nacional apuntala una estrategia para administrar el efectivo de mejor forma.

En primera instancia, expuso al Gobierno la necesidad de eliminar el efectivo o reducirlo considerablemente; la meta es ser un país libre de efectivo.

Además, a corto plazo planea un esquema de manejo de efectivo que permita reducir costos en traslado y seguridad, lo que implica gastos considerables.

“Queremos hacer un esquema conjunto para hacer toda la contratación de administración de efectivo de los dos bancos. Y, después, meter al (Banco) Popular, por lo menos”, explicó Vargas.

Por ejemplo, utilizar un solo camión remesero en lugar de que dos acudan al mismo destino.

3. La banca estatal busca diversificar ingresos

Si un banco quiere ser más eficiente, debe controlar sus gastos y mejorar sus ingresos.

Los bancos estatales quieren estar en toda la cadena de valor de sus clientes para aumentar la facturación por servicios y comisiones.

El Banco Nacional tiene la mirada puesta en las pymes; en recibir a las empresas que son “minis” y acompañarlas hasta que se conviertan en micro, pequeños y medianos negocios.

Si bien el crédito es el punto de acercamiento, la estrategia en realidad es vincular a la empresa con el resto de servicios: cuentas de ahorro, seguros, pensiones, y lo mismo con las personas.

También quiere impulsar la obra pública. ¿Cómo? Planea replicar lo ejecutado con el edificio que alberga a las superintendencias, a través de un fondo de inversión de desarrollo de proyectos.

“Estamos en algunos (planes) avanzados con el Gobierno; lo diremos en el momento oportuno”, afirmó Vargas.

Los ingresos del Nacional se han desacelerado en 2019, excepto los de inversiones. Las utilidades del banco decrecían 7% a julio.

El Banco de Costa Rica también trabaja en lo que denomina “profundidad de línea”, es decir, en llevar más servicios de las diferentes subsidiarias al cliente.

La diversificación de ingresos es su estrategia, y la absorción de Bancrédito le ayudó en esa meta.

“Ahora tenemos los impuestos de salida. Ya dábamos el pasaporte, entonces ahora damos un servicio muy integral a los que viajan. Damos un seguro y logramos posicionarnos en una cadena de servicios”, explicó Durán.

A julio, el ingreso por servicios del banco crecía al ritmo del 14,6%, la cifra más alta en cinco años. Los ingresos por créditos se han acelerado también. Las utilidades repuntaron 56% a julio.

4. Tecnología, el mayor reto de la banca pública

El desfase tecnológico y la poca innovación son el mayor reto de la banca estatal, a pesar de que sí invierte en tecnología.

El Banco Nacional ha destinado, en promedio, ¢9.000 millones a este rubro por año, en los últimos ocho años; y el Banco de Costa Rica, ¢3.902,9 millones.

Ambos han avanzado en la utilización de la tecnología en procesos internos, en información y en servicio al cliente, pero, al igual que al resto del mercado, les falta evitar que el consumidor financiero asista a una ventanilla para hacer un trámite.

“Existen muchas herramientas a disposición de los bancos, pero los bancos estatales se han convertido en empresas más lentas que los privados (no todos) cuando se refiere a adopción de nuevas tecnologías”, apuntó Mario Hernández, CEO de Impesa.

El Banco Nacional apuesta por la ciberseguridad y reconoce que debe invertir en esta área. Además, ya cuenta con aplicaciones en esta línea que usan inteligencia artificial y son proveídas por socios.

Este es un avance, pero también tiene claro que debe mejorar sus canales electrónicos y los servicios que brinda a través de ellos: quiere abrir la posibilidad de solicitar un préstamo en línea y darle seguimiento completo por canales electrónicos.

La firma digital podría acelerar el proceso, pero, ya que no toda la población la tiene, el banco busca otras vías.

Rossy Durán, gerente de Finanzas del BCR, reconoce que la inversión tecnológica es un reto para el banco. Esta entidad destina menos dinero a tecnología, a pesar de reportar las mismas o mayores utilidades que el Nacional en los últimos tres años.

El BCR trabaja en una aplicación para la administración del back office, lo que elimina reprocesos y ayuda a aumentar la eficiencia.

Bancrédito contaba con un software más moderno de tarjetas de crédito y administración de recursos humanos, los cuales son remozados por el BCR.