Por: .   2 septiembre, 2017

Durante la década que ha pasado desde la crisis financiera, los hacedores de política, los académicos y los opositores se habían reunido cada agosto para discutir la mejor manera de volver a un crecimiento económico más veloz.

Este año, se rindieron.

La agenda formal y las conversaciones en los pasillos de la conferencia anual, la cual albergó el Banco de la Reserva Federal de Kansas City, más bien se concentraron principalmente en buscar la manera de que no empeoren las cosas.

Los reguladores financieros alzaron la voz en contra de la desregulación. Los defensores del libre comercio consideraron que no se debía apoyar el proteccionismo. Jerome H. Powell, un gobernador de la Reserva Federal, advirtió sobre la posibilidad casi impensable de que Estados Unidos no llegara a pagar sus deudas.

La política monetaria perdió el lugar que suele tener en el centro de la atención. La conferencia anual es un acontecimiento internacional que atrae a ejecutivos de bancos centrales de todo el mundo y normalmente se concentra en esa línea de trabajo. Sin embargo, estos ejecutivos tienen la sensación de que hacen lo que pueden, pero el crecimiento sigue siendo lento a causa de problemas estructurales que requieren otro tipo de intervenciones políticas.

“Algunos de ustedes volaron 10, 15 horas para llegar aquí, pero en su estancia solo han escuchado hablar de política monetaria”, bromeó Jason Furman, quien fuera director del Consejo de Asesores Económicos del presidente Barack Obama. Enseguida, se abocó de lleno a hablar de un tema no relacionado sobre los beneficios del gasto gubernamental.

Tanto Janet L. Yellen, presidenta de la Reserva Federal, como Mario Draghi, director del Banco Central Europeo, dieron discursos que se concentraron en asuntos distintos de la política monetaria. Por su parte, Yellen habló de los peligros de la desregulación financiera; Draghi, de los peligros del proteccionismo.

Las principales economías del mundo están creciendo por primera vez desde la crisis, pero la expansión es tibia y frágil.

 Los principales bancos centrales del mundo, entre ellos la Fed de Estados Unidos y el Banco Central Europeo, también defienden la necesidad de mantener una dura regulación financiera de tal forma que se refuerce la resiliencia de las entidades financieras ante las crisis.
Los principales bancos centrales del mundo, entre ellos la Fed de Estados Unidos y el Banco Central Europeo, también defienden la necesidad de mantener una dura regulación financiera de tal forma que se refuerce la resiliencia de las entidades financieras ante las crisis.

La amenaza más inmediata es la apremiante fecha de vencimiento que tiene el Congreso para aumentar el “tope de endeudamiento” federal, con lo cual permitiría que el gobierno pidiera dinero prestado para pagar sus deudas. La deuda federal se reconoce ampliamente como la inversión más segura del mundo, e incluso una interrupción temporal de los pagos podría provocar una crisis financiera.

Los líderes en el Congreso y los funcionarios gubernamentales insisten en que la legislación necesaria se aprobará antes de que el gobierno llegue a su límite de préstamo en algún momento de octubre, pero el presidente Trump describió la situación como “desastrosa”.

Powell, un republicano que ayudó a persuadir a su partido de aumentar el tope de endeudamiento en 2011 y 2013, advirtió en un par de entrevistas a las cadenas de televisión financiera CNBC y Fox Business que un incumplimiento provocaría “un impacto de consecuencias importantes para la economía”. Es “algo que no necesitamos en este momento”, agregó Powell de forma inexpresiva, quien también enfatizó que la Reserva Federal no protegería de estas consecuencias a la economía.

Dudas sobre la apertura

Una gran parte de la discusión formal se dedicó al giro mundial hacia el proteccionismo.

La tendencia destaca por la decisión que tomó Reino Unido de dejar la Unión Europea y las amenazas dispersas que ha lanzado Trump de imponer restricciones a las importaciones a Estados Unidos. También se puede observar en una disminución del comercio como parte de la actividad económica global que se ha dado durante la década posterior a la crisis.

“A la gente le preocupa saber si la apertura es justa, segura y equitativa”, señaló Draghi.

Los economistas llevan mucho tiempo predicando que el comercio entre las naciones es todo lo anterior, y muchos de los presentes en la conferencia perciben la respuesta negativa como un problema de relaciones públicas.

En este sentido, la actividad comercial se ha convertido en un chivo expiatorio de asuntos que incluyen el declive de la fabricación en las economías desarrolladas y el aumento de la desigualdad en el ingreso. La evidencia sugiere que el cambio tecnológico ha tenido un papel predominante en la reducción del empleo en las fábricas; en comparación, la globalización es un participante menor.

Alan Blinder, un economista de la Universidad de Princeton, señaló que la gente suele aceptar la pérdida de empleos que atribuyen al cambio tecnológico, pero le enfurece la que atribuyen a las políticas comerciales. Los efectos económicos son fundamentalmente los mismos; las consecuencias políticas son extraordinariamente distintas.

Citando al padre fundador del análisis económico del comercio, Blinder mencionó lo siguiente: “Los economistas creemos que hace 200 años David Ricardo tuvo razón en casi todo, pero muchos creyeron que se equivocó terriblemente y no los hemos podido convencer en 200 años”.

No obstante, hay una montaña de evidencias cada vez mayor que demuestra que los economistas también han restado importancia de manera significativa y sistemática a las perturbaciones que ha tenido el aumento del comercio en los trabajadores, en particular en los de las fábricas, sus familias y sus comunidades.

“Las opiniones negativas de la globalización no surgen porque la gente dude de los beneficios generales del comercio”, afirmó Nina Pavcnik, profesora de economía en la Universidad Darmouth. “Estas reflejan que la actividad comercial hace que algunas personas se vuelvan más pobres”.

La idea de que las naciones desarrolladas debieran concentrarse en cosechar los beneficios de la actividad comercial, y después preocuparse de compensar los costos, ha producido enormes beneficios, en particular para los más acaudalados… pero ha estado lejos de compensar los costos, en particular para los trabajadores.

Peter Schott, un economista de Yale, señaló que los investigadores necesitaban entender por qué los trabajadores habían tenido problemas para encontrar trabajos nuevos. A pesar de que la crisis del aumento de actividad con China fue algo que pasó una sola vez, Schott comentó que ese tipo de investigación podría dar forma a políticas públicas que sirvan a los trabajadores que desplazaron otras crisis, como la de la tecnología mejorada.

Yellen dedicó el discurso principal de la conferencia a defender con cautela los cambios que se realizaron después de la crisis financiera, cuyo objetivo fue mejorar la resiliencia del sistema financiero de Estados Unidos. La administración de Trump está presionando para que se afloje ese nudo y Yellen advirtió que solo los cambios modestos podían ser buenos para la economía.

“Aumentar la resiliencia ayuda a que los bancos y otras instituciones financieras realicen préstamos, para que haya crecimiento económico en épocas de prosperidad y cuando no lo sean”, mencionó Yellen.

Draghi tocó el mismo tema al final de su participación.

“Nunca es un buen momento para tener una regulación laxa”, señaló Draghi.

Incluso los manifestantes que estaban reunidos afuera de la conferencia cambiaron el tono. El grupo liberal Fed Up se fundó hace cuatro años para exhortar a la Reserva Federal a que buscara un crecimiento económico más veloz. No obstante, este año, los miembros del grupo se pusieron “pelucas de Yellen” y tuvieron un mitin en apoyo al segundo periodo de la presidenta.

El periodo de cuatro años de Yellen como presidenta de la Reserva Federal termina a principios de febrero, y Trump ha mencionado que está considerando remplazarla.

Los manifestantes dijeron que no estaban satisfechos con la recuperación económica. El porcentaje de adultos estadounidenses que no tienen trabajo es más alto que antes de la crisis, y las cifras son bastante peores entre las minorías. El crecimiento salarial sigue siendo débil.

Sin embargo, están preocupados de que la salida de Yellen empeore la situación. Un nuevo presidente de la Reserva Federal podría estar interesado en aumentar más rápido las tasas de interés. También creen que hay un riesgo a largo plazo de otra crisis económica al haber menos regulación.

“El trabajo de Yellen no ha terminado”, comentó Apryl Evelyn Lewis, de 34 años, de Charlotte, Carolina del Norte. “No coincido con las decisiones recientes que tomó la Reserva Federal de aumentar las tasas de interés. Pero la tendencia de Yellen a lo largo de los años demuestra que, en general, le importan las personas como yo”.