Por: AFP .   21 septiembre

Ya acostumbrado a los incesantes ataques de Donald Trump, el jefe de la Reserva Federal Jerome Powell también enfrenta ahora a una fuerte oposición dentro de la institución que dirige, lo que refleja las paradojas de la coyuntura que vive Estados Unidos.

La decisión, anunciada el miércoles pasado, de bajar ligeramente las tasas por segunda vez en dos meses fue fue dividida: siete votos a favor y tres en contra.

De los 17 miembros del comité -de los cuales solo 10 votan sobre política monetaria- siete quieren aún otra reducción en el costo del crédito antes de fin de año, cinco piensan que las tasas están en el nivel correcto entre 1,75% y 2%, y otros cinco sienten que no deberían haberse movido. AP Photo/Carolyn Kaster, Archivo
De los 17 miembros del comité -de los cuales solo 10 votan sobre política monetaria- siete quieren aún otra reducción en el costo del crédito antes de fin de año, cinco piensan que las tasas están en el nivel correcto entre 1,75% y 2%, y otros cinco sienten que no deberían haberse movido. AP Photo/Carolyn Kaster, Archivo

Tal grado de división en el seno de la máxima autoridad monetaria de Estados Unidos no se había dado en tres años.

En septiembre de 2016, bajo la presidencia de Janet Yellen y cuando las tasas eran apenas superiores a cero, tres miembros del Comité Monetario votaron en contra de dejarlas como estaban.

Antes, en 2011, fue Ben Bernanke con su política monetaria no convencional tras la crisis financiera quien enfrentó un escenario similar, con tres miembros del Comité temiendo que reactivara la inflación, algo que nunca sucedió.

Esta vez, la decisión impulsada por Powell de reducir las tasas en un cuarto de punto porcentual, para garantizar el crecimiento frente a las incertidumbres de la guerra comercial y el retraimiento global, fue cuestionada en ambos lados de la ecuación.

Por un lado, dos presidentes de sucursales regionales de la Fed, Esther George de Kansas City y Eric Rosengren de Boston, se opusieron porque creen que la economía de Estados Unidos no necesita "un estímulo monetario" adicional.

Incluso les preocupa que tasas más bajas, establecidas justo por debajo del 2%, aceleren la carrera de los inversores por el rendimiento y alimenten una burbuja financiera.

Rosengren, quien ya se había opuesto a la disminución de las tasas de julio -la primera en más de una década-, se mostró particularmente preocupado el viernes en un comunicado de que una reducción de las tasas "infle el precio de los activos y aliente a hogares y empresas a pedir demasiados préstamos".

Del otro lado del mostrador, James Bullard, de la Fed de Saint Louis, hubiera querido un recorte de tasas más importante, de medio punto porcentual.

"El sector manufacturero estadounidense parece estar ya en recesión y las estimaciones de la probabilidad de recesión han aumentado", dijo Bullard, quien preside la sucursal de la Fed en una región agrícola y manufacturera que sufre el impacto de los aranceles.

Meses atrás, Bullard dejó saber que si Trump le pedía que fuera jefe de la Reserva Federal, él estaba disponible.

Cisma

Mientras tanto Trump, que ha roto definitivamente con la tradición de respeto a distancia con el Banco Central, reaccionó unos minutos después de la decisión monetaria del miércoles a través de Twitter.

Mientras milita por tasas cero o incluso negativas para bajar el dólar e impulsar las exportaciones, tildó a Powell de "comunicador terrible", "sin agallas" ni "visión".

El cisma en el seno del comité promete seguir mientras la Fed ahora se pregunta si debería continuar en este recorte de tasas o hacer una pausa.

De los 17 miembros del comité -de los cuales solo 10 votan sobre política monetaria- siete quieren aún otra reducción en el costo del crédito antes de fin de año, cinco piensan que las tasas están en el nivel correcto entre 1,75% y 2%, y otros cinco sienten que no deberían haberse movido.

"Estamos en un período en el que es difícil tomar una posición. Como pueden ver, hay diferentes perspectivas y creo que es saludable", dijo Powell en una conferencia de prensa el miércoles.

Interrogado el viernes en CNBC, Richard Clarida, vicepresidente de la Fed, minimizó la división alegando que ahora la Fed avanzará "caso por caso, una reunión monetaria tras otra", sin dar ninguna señal a los mercados sobre los que caminos que la institución tomará.

La oposición interna refleja las altas incertidumbres y los datos mixtos proporcionados por la economía estadounidense.

La inversión empresarial y las exportaciones son débiles, lo que demuestra que las tensiones comerciales y el debilitamiento del crecimiento global están afectando a la industria. Muchos economistas temen una recesión en 12 a 18 meses, una opinión que no es oficialmente compartida por los economistas de la Fed o los del FMI.

Al mismo tiempo la inflación, que se mantiene obstinadamente lejos de la meta del 2%, pareció cobrar vida en agosto, mientras que las creaciones de empleo siguen siendo fuertes, los bienes raíces están repuntando y los consumidores gastan.

Además de las diferencias, la Fed también está sujeta a tensiones en el mercado interbancario, donde la liquidez no es suficiente. Este imprevisto dolor de cabeza hará que inyecte decenas de miles de millones de dólares todos los días hasta el 10 de octubre, anunció el viernes su sucursal de Nueva York.