El próximo gobierno enfrentará un desafío fiscal: un elevado déficit y necesidades de financiamiento que ascienden a ¢4,2 billones. Ante este panorama, la estrategia oficialista ya está sobre la mesa.
El diputado y exministro de Hacienda, Nogui Acosta, ha comenzado a cabildear una agresiva autorización plurianual de eurobonos: $1.500 millones anuales durante los próximos nueve años, para un total de $13.500 millones.
Sin embargo, el éxito de esta maniobra dependerá de dos factores críticos: la aritmética política en la Asamblea Legislativa y un debate técnico profundo sobre si las condiciones actuales del mercado internacional realmente justifican el endeudamiento externo.

¿Urgencia financiera o imagen política?
El panorama es muy optimista para hacer colocaciones externas, confirmó el economista José Luis Arce, ya que los bonos de Costa Rica se están vendiendo muy bien en los mercados internacionales, al igual que los de Guatemala, Paraguay y República Dominicana.
La confianza en Costa Rica se reflejó en el resultado del Índice de Bonos de Mercados Emergentes (EMBI) al 31 de diciembre de 2025. En dicha fecha, el EMBI de Costa Rica se ubicó en 141 puntos básicos (p.b.), marcando una diferencia de 189 p.b. respecto al EMBI Latinoamericano (330 p.b.) y de 90 p.b. en comparación con el EMBI Global (231 p.b.).
Esta evolución evidencia, según el Ministerio de Hacienda, una percepción de menor riesgo relativo hacia la deuda soberana costarricense, en comparación con sus pares regionales y el promedio global.
No obstante, más allá del optimismo bursátil, se debería analizar si realmente se necesita esa colocación. Los expertos afirman que no, ya que actualmente el Ministerio de Hacienda tiene cubierto el 40% de las necesidades de colocación del año (hasta febrero), lo que elimina el sentido de urgencia inmediata en el flujo de caja.
Economistas como José Luis Arce y Fernando Naranjo cuestionan si los beneficios financieros son tan evidentes.

Para Arce, sustituir deuda interna en dólares por externa no hace una gran diferencia financiera y podría, incluso, agregar riesgos al depender más de actores externos que de una base doméstica consolidada.
“La realidad es que las condiciones globales mantienen las tasas de interés relativamente altas. Una emisión a 10 años en el exterior rondaría entre el 6% y el 7%, márgenes sumamente similares a los que se pueden obtener en el mercado local”, dijo Arce.
En este contexto, la autorización plurianual parece responder más a un objetivo estratégico: enviar un mensaje de estabilidad a las calificadoras de riesgo para alcanzar el ansiado grado de inversión, evitando así la incertidumbre de acudir cada año al Congreso.
Por su parte, Naranjo advierte que el deterioro reciente en el superávit primario es una señal de alerta. Si el país no controla su déficit, el apetito internacional será irrelevante, especialmente considerando que, históricamente, el endeudamiento externo ha resultado más caro para el país.
Mientras tanto, Mauricio Moya, líder de inversiones de Grupo Financiero Mercado de Valores, coincide en que la dinámica de los rendimientos a nivel externo ha tendido a la baja en los últimos años (especialmente cuando se compara con la última emisión de eurobonos en noviembre de 2023), por lo que emitir afuera puede implicar menores costos para el Gobierno sin presionar las tasas internas.
En esta misma línea, Vidal Villalobos, asesor económico de Grupo Financiero Prival, mencionó que Costa Rica cuenta con un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que sirve de garantía para acudir a los mercados internacionales, pues allí existen inversionistas de largo plazo, como los fondos de pensiones.
“Estos inversionistas siempre buscan papeles de mediano y largo plazo. Las cifras fiscales que muestra el país y la reducción del riesgo asociado, medido a través del EMBI, junto con la reciente reducción de tasas de interés (particularmente el bono del tesoro de los Estados Unidos a 10 años), abren una ventana de buenas condiciones para la colocación de los bonos costarricenses”, aseguró.
Efectos sobre el tipo de cambio
Una preocupación frecuente al emitir deuda externa es la posible apreciación del colón (caída del tipo de cambio) y eso podría preocupar a algunos sectores, sobre todo porque el dólar se ubica en niveles que no se reportaban desde hace 20 años.

Sin embargo, Arce aclaró que los efectos de los eurobonos serían neutros o manejables bajo los siguientes escenarios:
- Si los recursos se usan para amortizar vencimientos de deuda externa, no entran al mercado de divisas local.
- Si se utilizan para pagar deuda en colones o gastos corrientes, los dólares se venden directamente al Banco Central (BCCR), aumentando la emisión de dinero. El escenario más probable es que el BCCR “esterilice” esos colones (los recoja para evitar inflación), lo que conduciría a tasas en moneda local estables o levemente mayores, sin inundar la calle de dólares.
38 votos: ¿serán posibles?
El destino de los eurobonos se definirá en la arena política, ya que para que los diputados lo aprueben se requieren 38 votos, por lo que al oficialismo (Partido Pueblo Soberano) le faltarían únicamente siete.
“Es muy probable que la bancada oficialista saque adelante una serie de proyectos en los que se requieran 29 votos primero, y deje para luego el tema de los eurobonos. Además, parece que no hay prisa para esta aprobación, por cuanto a finales de febrero el Ministerio de Hacienda ya tiene cubierto el 40% de las necesidades de colocación del año”, analizó Villalobos.
La autorización plurianual de eurobonos trasciende la simple necesidad de liquidez inmediata; es una jugada estratégica del próximo gobierno para enviar un mensaje de certidumbre a los mercados internacionales. El éxito a largo plazo dependerá no solo de conseguir los 38 votos en el Congreso, sino de mantener una estricta disciplina fiscal.
