Tradicionalmente, una manera de detener la agresión ha sido mediante la represión pero esto ha ido evolucionando

Por: Roy Campos 19 enero

Saraí González es la niña de 12 años que se convirtió en un icono contra el bullying. La protagonista del video musical de la canción “Soy yo”, a finales de 2017 había conquistado 33 millones de visualizaciones en YouTube.

Nacida en Estados Unidos, hija de padre tico y madre peruana, lejos de cumplir con los estereotipos sociales de una modelo, es sobre todo una adolescente segura, esforzada y auténtica. Así pasó a ser un referente para las mujeres latinas criticadas.

El caso de Saraí no es ajeno al mundo empresarial. WorkPlaceBullying.com define el bullying como un acoso repetido, un maltrato perjudicial para la salud. Consiste en una conducta abusiva amenazante, humillante, intimidante, un abuso verbal, que interfiere en el trabajo; un tipo de sabotaje.

Según TheBalance.com, el bullying puede presentar distintas manifestaciones: desde chismes dañinos, hasta insinuaciones por parte de un compañero de trabajo. La intimidación puede consistir en fotos u objetos ofensivos colocados en el escritorio e, incluso, en el casillero.

Tradicionalmente, una manera de detener el bullying ha sido mediante la represión y castigo del agresor, pero esto ha ido evolucionando. Por ejemplo, BrooksGibbs.com se enfoca en fortalecer al individuo agredido. Este otro enfoque se basa en invertir el concepto sociológico de dominación, que consiste en escalar la agresión, hasta que una de las partes defina su posición de poder sobre la otra.

La manera de contrarrestar el bullying es aceptar los propios defectos y, por tanto, recibir amablemente las críticas, hasta neutralizarlos pacíficamente. Es así como la parte agredida es capaz de tomar una posición conciliatoria, basada en la humildad, sin necesidad de incurrir en la agresión.

Saraí, lejos de negar su identidad, la reconoció, gracias al apoyo de sus padres, que le llevaron a una audiencia de modelos cristianos. Quizá este puede ser el camino para resolver el bullying en el trabajo, es decir, aceptarse a sí mismo basándose en valores más trascendentes.