Por: Cristina Fallas Villalobos.   21 diciembre, 2018

En el mundo existe una generación de viajeros que necesitan un espacio en el que se sientan en comunidad y cómodos, donde puedan trabajar y crear conexiones sociales significativas con las comunidades que visitan.

A esos “nómadas modernos” apunta Selina, una cadena internacional de hostales con 32 locaciones distribuidas en países como Portugal, México, Guatemala, Nicaragua, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Costa Rica.

La cadena ofrece desde hamacas, dormitorios o áreas de acampada desde $15 por noche hasta habitaciones privadas y
La cadena ofrece desde hamacas, dormitorios o áreas de acampada desde $15 por noche hasta habitaciones privadas y "suites" de lujo que se acercan a los $300 por noche (según la temporada y el destino). (Foto: Alejandro Gamboa Madrigal).

En el país han invertido $11 millones desde que iniciaron operaciones en el segundo semestre del 2016. Actualmente tienen ocho locaciones: Jacó, Manuel Antonio, La Fortuna, Puerto Viejo, San José, Tamarindo, Santa Teresa Norte y Sur.

La empresa prevé sumar próximamente dos complejos, uno en Nosara y otro en Monteverde (abrirían en enero del 2019). Siendo estos dos, parte de un plan de expansión global que incluye la apertura de locaciones en Alemania, Argentina, Brasil, Chile y Estados Unidos.

Selina emplea alrededor de 1.600 personas, de las cuales 313 trabajan en la operación de Costa Rica; una cifra que llegará a los 373 con la puesta en operación de los dos nuevos complejos.

En el país la marca se enfrenta una competencia creciente. Según datos de la Dirección General de Tributación, en el 2014 habían 1.653 contribuyentes que alquilaban inmuebles para estancias menores a un mes, mientras que, a noviembre del 2018 ya eran 2.765; es decir, un aumento del 67%.

Además, el tipo de viajeros ya ha sido identificado por otras empresas que quieren atraerlos.

De esa manera, ¿cómo se diferencia la cadena de hostales? Veamos.

“Las personas viajan hoy con la esperanza de conocer a alguien, de aprender algo, de interactuar con una nueva comunidad. Nuestras propiedades son ecosistemas completos que son alimentados por la comunidad de viajeros que pasan por aquí”, destacó Lizzy Contreras, directora de comunicación de Selina Costa Rica.

Ese enfoque de la compañía hace que cada una de sus ubicaciones cumplan con siete características: cowork, bar restaurante, explore, wellness, cocina común, biblioteca, cinema y en los casos que aplica, un surf club.

Cowork incluye espacios de trabajo diseñados para estimular la convergencia de la colaboración, la creatividad y el intercambio de habilidades de empresarios y viajeros locales.

El bar restaurante es el corazón de cada Selina, ya que hay un área de juegos y se realizan eventos, mientras que, la cocina común es un lugar donde los viajeros pueden cocinar sus propias comidas y compartirlas con otros huéspedes.

Uno de los Selina se ubica en San José centro. Aquí está habilitado un comedor en el que todos los huéspedes pueden compartir. (Foto: Alejandro Gamboa Madrigal).
Uno de los Selina se ubica en San José centro. Aquí está habilitado un comedor en el que todos los huéspedes pueden compartir. (Foto: Alejandro Gamboa Madrigal).

Por otra parte, tienen un programa dinámico de clases de yoga, danza y artes marciales, también ofrecen el servicio de transporte y excursiones para explorar los alrededores o viajar entre ubicaciones de la cadena de hostales.

Además, tienen otros espacios como el cinema, un lugar para disfrutar de una película o programas de televisión, y la bibilioteca, donde se puede leer o estudiar.

Finalmente, en locaciones con playa; Selina ofrece clases de surf, alquiler de equipos y paquetes especiales para disfrutar del mar.

Otra manera con la que pretenden diferenciarse es ajustándose al presupuesto de cada viajero. La cadena ofrece desde hamacas, dormitorios o áreas de acampada desde $15 por noche hasta habitaciones privadas y suites de lujo que se acercan a los $300 por noche (según la temporada y el destino).

Todas esas características hacen que la compañía considere que no tienen competidores directos en el mercado costarricense.

“Hay muchas empresas de hospitalidad y otras que ofrecen cowork o podríamos citar los portales que alquilan apartamentos por temporada. Selina ofrece todo esto en un solo lugar ligado a programas de bienestar, experiencias con la comunidad, instalaciones de coworking; lo que definimos como la experiencia Selina”, recalcó Contreras.

La competencia

Costa Rica Hostels es otra cadena que opera en Costa Rica desde el 2010 y tiene siete complejos distribuidos en La Fortuna de San Carlos, Tamarindo, Manuel Antonio, Santa Elena y Monteverde.

Sus instalaciones son estilo hostel premium, según la firma, pues todas las habitaciones cuentan con baño privado, así como bar restaurante, piscinas, spa y otras facilidades.

Las tarifas van desde $17 en el formato regular, hasta $88 en habitación deluxe.

Otra propuesta de hostal en el país es Fauna, el cual abrió en Escazú centro en enero del 2016.

El complejo tiene 15 habitaciones privadas, 112 camas en dormitorios de lujo de 15, 8 o 5 personas, parqueo privado, piscina externa con jacuzzi, terraza, bar y restaurante, salón de eventos, terraza de yoga y gimnasio.

Sus tarifas oscilan entre $7 y $15 por noche en dormitorio, mientras que, las habitaciones privadas entre $30 y $50 por noche.

“Somos un lugar donde el entorno es una consecuencia de su diseño cambiante, personal activo con energía positiva y elementos visuales interactivos donde la diversidad y la singularidad artística se unifican”, agregó Martina Sacchi, gerenta de Fauna.

El origen de Selina

Selina fue fundada por Rafael Museri y Daniel Rduasevski, quienes en el 2007, mientras vivían en Pedasí (un pequeño pueblo de pescadores en Panamá) construyeron un desarrollo inmobiliario que contaba con cafeterías, restaurantes, bares de vinos, panaderías y un hotel boutique.

En ese proceso, nació la idea de mezclar el concepto de hospitalidad con la creación de espacios para la comunidad, de los cuales los viajeros también se beneficiarían.

Museri y Rduasevski viajaron durante un año y se hospedaron en más de 120 alojamientos en busca de un lugar que les permitiera conocer nuevas personas y experimentar nuevas culturas. No obstante, sintieron que no había un producto consistente en la industria de la hospitalidad que ofreciera esa experiencia, por lo que generaron el concepto desde cero.