Por: .   9 abril, 2017
 El desarrollador Jonathan Alzate está junto al robot TurtleBot, cuyo software fue creado por la firma Neurala, una startup de inteligencia artificial de Boston. Esta empresa recibió una suma no revelada de una firma de inversión respaldada por una compañía estatal china.
El desarrollador Jonathan Alzate está junto al robot TurtleBot, cuyo software fue creado por la firma Neurala, una startup de inteligencia artificial de Boston. Esta empresa recibió una suma no revelada de una firma de inversión respaldada por una compañía estatal china.

Cuando la Fuerza Aérea de Estados Unidos quiso ayuda para hacer a los robots militares más perceptivos, recurrió a una empresa emergente de inteligencia artificial con sede en Boston llamada Neurala. Pero cuando Neurala necesitó dinero, recibió poca respuesta de las fuerzas militares estadounidenses.

Así que Neurala recurrió a China, recibiendo una suma no revelada de una firma de inversión respaldada por una compañía china estatal.

Las firmas chinas se han vuelto importantes inversionistas en las empresas emergentes estadounidenses que trabajan con tecnologías de vanguardia con potenciales aplicaciones militares. Las empresas emergentes incluyen a compañías que producen motores de cohete para naves espaciales, sensores para barcos de la Armada autónomos, e impresoras que producen pantallas flexibles que pudieran ser usadas en las cabinas de aviones de combate. Muchas de las firmas chinas son propiedad de empresas estatales o tienen conexiones con líderes chinos.

Los acuerdos están haciendo sonar las alarmas en Washington. Según un nuevo reporte encargado por el Departamento de Defensa, Pekín está alentando a las compañías chinas con lazos gubernamentales estrechos a invertir en empresas emergentes estadounidenses que se especialicen en tecnologías críticas como inteligencia artificial y robots para hacer avanzar a la capacidad militar de China junto con su economía.

El reporte, que fue distribuido a los niveles superiores del gobierno del presidente Donald Trump recientemente, concluye que los controles del gobierno estadounidenses que supuestamente deben proteger a las tecnologías potencialmente críticas están quedándose cortos, según tres personas con conocimiento sobre su contenido, que hablaron a condición del anonimato.

“Lo que incita mucha de la preocupación es que China es un competidor militar”, dijo James Lewis, un destacado miembro del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales, que está familiarizado con el reporte. “¿Cómo enfrentar a un competidor militar que interviene en tu mercado más innovador?”

Los acuerdos chinos pueden plantear varios problemas. Los inversionistas pudieran presionar a las empresas emergentes para que entablen asociaciones o tomen decisiones de otorgamiento de licencias o de contratación que pudieran exponer la propiedad intelectual. También pueden tener un vistazo privilegiado de cómo se está desarrollando la tecnología y pudieran tener acceso a las oficinas o computadoras de una empresa emergente.

Funcionarios del gobierno de Trump y legisladores están planteando interrogantes amplias sobre la relación económica de China con Estados Unidos. Aunque el reporte fue encargado antes de que el presidente Trump asumiera el cargo, algunos republicanos han demandado una regulación más estricta de las adquisiciones extranjeras, dando un mandato más amplio al Comité sobre Inversión Extranjera en Estados Unidos. Conocido por sus siglas en inglés de CFIUS, el comité revisa las adquisiciones extranjeras de compañías estadounidenses, pero críticos dicen que su alcance no incluye a los acuerdos más pequeños y que tiene otros puntos débiles.

Ash Carter, exsecretario de defensa durante el mandato del presidente Barack Obama, había recurrido a Mike A. Brown, exdirector ejecutivo de Symantec, la firma de seguridad cibernética, para que encabezara la averiguación sobre las inversiones chinas, según dos personas con conocimiento del contenido del reporte.

Un vocero del Departamento de Defensa dijo que “no discutirá los detalles o componentes de documentos de trabajo internos en borrador”.

Mucho capital y es único

El tamaño y alcance de los acuerdos no están claros porque las empresas emergentes y sus inversionistas no están obligados a revelarlos. En general, China ha estado cada vez más activa en el mundo de las empresas emergentes estadounidenses, invirtiendo $9.900 millones en 2015, según datos de la firma de investigación CB Insights, más de cuatro veces el nivel del año anterior.

Ni las empresas emergentes de alta tecnología ni sus inversionistas chinos han sido acusados de delito alguno, y expertos dijeron que mucha de la actividad pudiera ser inocente. Los inversionistas chinos tienen dinero y están buscando rendimientos, mientras que el gobierno chino ha impulsado la inversión en métodos para limpiar los cielos de China, mejorar su capacidad industrial y descongestionar sus atascadas autopistas. Los proponentes de los acuerdos dijeron que los límites estadounidenses a las exportaciones de tecnología seguirían aplicando a las empresas emergentes estadounidenses con inversionistas chinos.

Pero los flujos de fondos encajan en el patrón de China de usar la inversión guiada por el Estado para ayudar a su política industrial y mejorar sus conglomerados tecnológicos, como ha hecho recientemente con los semiconductores. China también ha llevado a cabo esfuerzos para robar tecnología con aplicaciones militares.

Sin embargo, algunas empresas emergentes —especialmente aquellas que producen hardware en vez de aplicaciones móviles que atraen dinero como Snapchat— dijeron que el dinero chino en ocasiones era el único financiamiento disponible. Pero incluso una compañía que pasa apuros con el dinero puede finalmente producir un gran avance tecnológico.

Los inversionistas chinos tienen un mayor apetito por el riesgo y la disposición a cerrar tratos rápidamente, dijo el director ejecutivo de Neurala, Max Versace.

Para demostrar sus capacidades de software a la Fuerza Aérea, dijo Versace, Neurala usó su software en un drone terrestre de Best Buy para hacerlo reconocer y seguir a la secretaria del servicio, entonces Deborah Lee James, durante una reunión.

“La secretaria de la Fuerza Aérea nos dijo: ‘Su tecnología es asombrosa, deberíamos ponerla en todas partes’”, dijo. “Nadie le dio seguimiento”.

Neurala finalmente aceptó una inversión minoritaria de un fondo chino llamado Haiyin Capital como parte de una ronda de $1,2 millones, dijo Versace. No reveló el tamaño del compromiso de Haiyin Capital. La firma de inversión es respaldada por una compañía china estatal, Everbright Group, según una declaración de una de sus subsidiarias.

Funcionarios militares estadounidenses han “descubierto una muy buena forma de dar $10.000 millones a Raytheon”, dijo. “¿Pero dar a una empresa emergente un millones de dólares para desarrollar una prueba de concepto? Eso sigue siendo mucho muy difícil”.

A fines del 2016, una firma de investigación llamada Defense Group Inc. argumentó en un reporte preparado para el Congreso que la inversión en Neurala pudiera dar a China acceso a las tecnologías subyacentes de la compañía. También indicó que el acuerdo crearía suficiente incertidumbre para que los funcionarios estadounidenses se mantuvieran alejados de la tecnología de Neurala, desperdiciándose efectivamente cualquier dinero estadounidense que se hubiera destinado a la empresa.

Versace, de Neurala, dijo que la compañía se esfuerza por asegurarse de que el inversionista chino no tuviera acceso a su código fuente u otra información tecnológica importante.

Para abordar las preocupaciones de que no estuviera aprovechando las innovaciones de las empresas emergentes, el Pentágono estableció en 2015 un grupo llamado Unidad Experimental de Innovación en Defensa para permitir inversiones en nuevas empresas prometedoras. Aunque al principio pasó apuros, en 2016 ayudó a llevar a cabo una serie de acuerdos. La unida también preparó el reporte.

Ken Wilcox, presidente emérito del Silicon Valley Bank, dijo que en los últimos seis meses se le habían acercado tres empresas estatales chinas para que fuera su agente en el norte de California para comprar tecnología, aunque las rechazó.

“En los tres casos, dijeron que tenían un mandato de Pekín, y no tenían idea de qué querían comprar”, dijo. “Era cualquier cosa de tecnología”.