Países como Panamá, Colombia o México no son competidores turísticos de Costa Rica, según el Instituto Costarricense de Turismo (ICT). La institución sostiene que la competencia del país no se ubica en Centroamérica o Latinoamérica, sino en destinos mucho más lejanos y exóticos como Indonesia, Tailandia, Vietnam o Nueva Zelanda, cuya oferta de naturaleza y actividades al aire libre es más comparable.
Pero no todos dentro del sector dibujan un escenario tan exclusivo.
Cámaras empresariales incluyen entre los competidores a vecinos como Panamá, Colombia, México o República Dominicana, dependiendo del segmento, y advierten sobre el reciente encarecimiento del país por la apreciación del colón frente al dólar.
La discusión va más allá de elaborar una simple lista de posibles contendientes. Costa Rica ha construido buena parte de su modelo turístico a partir de considerarse un destino premium, pero hoy enfrenta retos puntuales que ponen a prueba esa exclusividad. El país no ha perdido participación de forma dramática en el mercado frente a sus vecinos, aunque su crecimiento reciente ha sido irregular y el visitante promedio permanece menos noches.
¿Contra quién compite realmente la Costa Rica “diferente” y cuánto más puede encarecerse sin que esa diferencia deje de justificar lo que paga el turista?

¿Otra liga?
En mayo de 2025, William Rodríguez, entonces ministro de Turismo, rechazó las comparaciones entre Costa Rica y países vecinos usando una analogía con el mercado automotor. Según dijo, una persona con los recursos suficientes para comprar un vehículo de gama alta no es la misma que busca un automóvil de $15.000 o $20.000, aunque ambos productos tengan cuatro llantas y sirvan para transportarse.
Luego manifestó que “ninguno de los países centroamericanos es nuestra competencia” y aludió a otros “verdaderos competidores” como Maldivas, Tailandia, Seychelles o Sri Lanka.
Más de un año después y con una nueva administración, el ICT mantiene esa posición histórica.
Consultado por EF para este artículo, el Instituto afirmó que Costa Rica compite con destinos como Indonesia, Tailandia, Vietnam y Nueva Zelanda, que considera comparables en términos de naturaleza y actividades al aire libre, por encima de cualquier vecino en Centroamérica o América Latina.
La posición institucional es bastante clara, pero convive con otra realidad que recientemente reconoció el propio jerarca de Turismo, Marcos Borges, en entrevista con este medio.
“Costa Rica ofrece un producto único”, afirmó. Sin embargo, “este es un sector muy competitivo” en el que “tenemos que mantenernos a la vanguardia”.
La realidad numérica
La tesis del ICT encuentra respaldo en algunos datos y dudas en otros.
Si nos enfocamos específicamente en el principal emisor de turistas para Costa Rica, las bases de datos de la Oficina Nacional de Turismo y Viajes (NTTO, por sus siglas en inglés) de los Estados Unidos permiten observar que Costa Rica sigue siendo el destino principal de los viajeros internacionales de ese país en toda Centroamérica por un amplio margen.
La participación se ha mantenido en un 32,1% en 2022, 33,6% en 2023, 32,7% en 2024 y 33,4% en 2025; es decir, Costa Rica no ha cedido terreno frente a sus vecinos durante los últimos años.
Sin embargo, el país ha mostrado un crecimiento débil en visitación aérea durante los últimos meses.
El país cerró 2025 con un crecimiento de apenas 1% en las llegadas internacionales por esa vía y la Cámara Nacional de Turismo (Canatur) contrastó ese desempeño con aumentos de un 4% en Colombia, un 5% en República Dominicana, un 6% en México y un 10% en Guatemala.
Costa Rica comenzó 2026 con una marcada recuperación, pero ha perdido impulso conforme ha ido avanzando el año. Se registraron tasas de crecimiento de dos dígitos en los primeros meses del año; sin embargo, el acumulado hasta agosto se moderó a 5,8% (y apenas un 2,7% desde el mercado estadounidense).
Por sí solos, los números no permiten sostener que los países vecinos le estén quitando turistas a Costa Rica. No obstante, tampoco respaldan la idea de que el país esté completamente libre de competencia.

¿Cuál competencia?
El ICT señala a Indonesia, Tailandia, Vietnam y Nueva Zelanda como competidores turísticos de Costa Rica y sostiene que su competencia “no se ubica en Centroamérica o Latinoamérica”. Sin embargo, otros actores del sector tienen una visión muy diferente.
Para Hans Pfister, presidente de la Cámara Nacional de Ecoturismo y Turismo Sostenible (Canaeco), la competencia varía según el segmento.
Pfister señaló que en ecoturismo de fauna Costa Rica puede competir con destinos africanos de safari, mientras que en biodiversidad regional, puede disputar visitantes con Colombia, Ecuador, Perú o Chile.
Dentro de Centroamérica, añadió, el país se disputa la atención principalmente con Panamá; y a escala mundial, mencionó a destinos como Australia y Nueva Zelanda.
Canatur, por otra parte, ha usado como referencia en sus comunicados de prensa a países como México, República Dominicana, Colombia y Panamá; mucho más cercanos de lo que plantean las autoridades de gobierno.
Las diferencias revelan también distintas formas de entender la competencia. El ICT la atribuye a países con productos turísticos similares o experiencias comparables, mientras que las cámaras empresariales incorporan además la posibilidad de competir por segmentos o por relación de calidad-precio.
Ventaja sólida, pero amenazada
Canaeco considera como “sólida” la diferenciación construida por Costa Rica alrededor de su naturaleza, su biodiversidad y sus prácticas de sostenibilidad, pero también ve que la ventaja “se ha vuelto más estrecha”.
Otros destinos han desarrollado productos comparables y algunos cuentan con la ventaja de la novedad o la exclusividad por ser menos conocidos.
Ante ese reto, Pfister destaca la importancia de una relación correcta de value for money (valor por dinero).
Costa Rica conserva atributos especiales que justifican su costo como la estabilidad, la seguridad física y jurídica, la hospitalidad y un entorno que tradicionalmente genera comodidad y confianza al visitante; sin embargo, ese es un cálculo que cambia constantemente y que requiere seguir trabajando.
El límite, señaló, aparece cuando esas cualidades dejan de corresponderse con el costo de la estancia y el precio empieza a percibirse como una desventaja competitiva, en lugar de una prima por calidad o sostenibilidad.
El ICT también defiende la fortaleza del producto costarricense y destaca la calidad de la oferta, pero el país se ha encarecido en los últimos años.
El tipo de cambio del dólar pasó de promediar ¢648,76 en 2022 a ¢450,93 hasta agosto de 2026: una diferencia del 30% que genera presiones sobre el sector.
Canatur sostiene que la apreciación está afectando la operación, competitividad y estabilidad financiera de sus empresas asociadas; mientras que Canaeco habla sobre impactos relevantes en pymes y amenazas de insostenibilidad para el modelo de pequeños hoteles ecológicos que ha diferenciado turísticamente al país.
Un tipo de cambio más bajo afecta al turismo costarricense en dos vías. Por un lado, el sector recibe una parte importante de sus ingresos en moneda extranjera mientras que paga salarios, servicios e insumos en colones; y por otro, la apreciación implica un aumento del costo de viajar a Costa Rica para los potenciales visitantes.
Paralelamente, otros miembros del sector han agregado los problemas de infraestructura e inseguridad en la lista de factores que han afectado la visitación turística de los últimos años.
¿Se resiste el precio?
El ICT reconoce que las condiciones cambiarias “pueden incidir en la percepción del valor en las decisiones de viaje” y califica el tipo de cambio como “un elemento relevante en el entorno competitivo”. Sin embargo, asegura que no dispone de evidencia comparativa suficiente para afirmar que Costa Rica haya perdido terreno de manera generalizada frente a otros destinos.
Aun así, la respuesta introduce un matiz respecto a lo expresado meses atrás por el ministro Borges en una entrevista con EF, en la que sostuvo que los datos no mostraban que el tipo de cambio estuviera influyendo negativamente en la decisión de viajar a Costa Rica y utilizó como respaldo el crecimiento superior al 10% registrado en la visitación por la vía aérea durante el primer cuatrimestre del año.
La visitación continuó creciendo después, aunque a menor velocidad, y el acumulado hasta agosto se moderó a un 5,8% después del estancamiento relativo en 2025.
Un eventual efecto del encarecimiento, sin embargo, podría no estarse manifestando exclusivamente en la decisión de viajar o no viajar a Costa Rica. También podría estar influyendo en variables como el tiempo de estadía.
En 2025 ocurrió una combinación inédita en la serie del ICT sobre gasto y estadía promedio por turista internacional: el turista que ingresó por la vía aérea gastó $1.848 en promedio (el segundo monto más alto desde 2006), pero permaneció mucho menos. El tiempo medio de visita pasó de 12,9 noches en 2023 a 12,2 noches en 2024 y a solo 10,3 noches en 2025: el dato más bajo de los últimos 20 años.
Según ha declarado Canatur, el encarecimiento puede no provocar necesariamente que el turista deje de venir, pero sí influir en decisiones como reducir noches de hospedaje, concentrar su itinerario o visitar menos destinos dentro del país.
Los datos no permiten demostrar una causalidad por sí solos; sin embargo, sí muestran que sería un error medir la resistencia a un precio más alto únicamente a partir de la cantidad de visitantes que ingresan al país.
Otros factores
Más allá de esas dudas, Pfister sostiene que Costa Rica enfrenta retos adicionales en infraestructura, movilidad y seguridad que también podrían estar afectando —o empezar a afectar— su competitividad en los próximos años.
En algunos de esos puntos también coincide el ICT.
Consultada sobre el principal reto para los próximos tres a cinco años, la entidad señaló la necesidad de que el crecimiento turístico esté acompañado por una mayor capacidad de servicios, y mencionó específicamente la infraestructura turística, la conectividad y la gestión de los destinos.
Para un destino que busca competir por excelencia y no por precio, las carreteras, la seguridad, la conectividad y la calidad de los servicios públicos adquieren una importancia todavía mayor.

Diferente, sí; sola, no
Costa Rica tiene razones de sobra para considerarse un destino diferente. Conserva aproximadamente un tercio del mercado estadounidense que viaja a Centroamérica; mantiene una reputación internacional asociada con la naturaleza y el medio ambiente; atrae visitantes de alto poder adquisitivo; y dispone de una amplia red de conexiones internacionales. Sin embargo, ninguna de esas ventajas elimina la competencia.
El ICT delimita esa competencia según la similitud del producto y la sitúa fuera de Latinoamérica, mientras que otros actores también incluyen países vecinos como contendientes en determinados segmentos, por costos o simplemente como alternativas para el viajero interesado en esta región.
Como indicador de la experiencia del visitante, el ICT remitió a EF los resultados de la herramienta analítica Mabrian que, entre enero y agosto de 2026, calificó a Costa Rica con 91 puntos de 100 en Percepción Global, 88,3 en Producto y 93,2 en Percepción de Seguridad.
Sin embargo, en un contexto de alternativas crecientes y de encarecimiento costarricense, el país se enfrenta a un reto igualmente complejo: que su valor agregado siga justificando un precio cada vez mayor.
