Por: AFP .   4 febrero
Las cuentas de Shell sufrieron sobre todo durante el segundo trimestre de 2020, por grandes depreciaciones de sus activos para reflejar la situación del mercado, lo que supuso una pérdida de más de $18.000 millones. Fotografía: Ben Stansall / AFP.
Las cuentas de Shell sufrieron sobre todo durante el segundo trimestre de 2020, por grandes depreciaciones de sus activos para reflejar la situación del mercado, lo que supuso una pérdida de más de $18.000 millones. Fotografía: Ben Stansall / AFP.

En la estela de BP y los colosos del sector en Estados Unidos, el gigante de los hidrocarburos Royal Dutch Shell anunció este jueves una pérdida masiva de $21.700 millones en 2020, ilustrando el brutal impacto de la pandemia en el mercado petrolero.

Esas cifras son vertiginosas e inéditas, y contrastan de forma espectacular con las decenas de miles de millones de beneficios que las ‘majors’ petroleras solían registrar en los últimos años.

BP, el competidor británico de Shell, ya anunció el martes pasado una pérdida de $20.300 millones.

Y el estadounidense, ExxonMobil registró la primera pérdida anual de su historia reciente, con números rojos de $22.400 millones. También en Estados Unidos, Chevron perdió $5.500 millones.

Otro gigante petrolero, el francés Total, anunciará sus resultados la próxima semana.

Todo el sector fue devastado por el derrumbe del consumo de petróleo y gas debido a la pandemia de COVID-19, que paralizó la economía mundial durante gran parte del año, con una demanda que seguirá deprimida durante mucho tiempo.

Durante los primeros confinamientos —en los primeros meses de 2020—, los precios del petróleo cayeron a sus niveles más bajos e incluso entraron brevemente en terreno negativo a principios de abril.

Los precios se recuperaron desde el otoño boreal, remontando hasta los $50 por barril, pero siguen muy por debajo de su nivel de principios de 2020.

Activos depreciados

Shell había obtenido un beneficio de $15.800 millones en 2019, antes de que apareciera la crisis sanitaria, según recuerda en un comunicado.

Las cuentas de Shell sufrieron sobre todo durante el segundo trimestre de 2020, por grandes depreciaciones de sus activos para reflejar la situación del mercado, lo que supuso una pérdida de más de $18.000 millones.

El grupo volvió a terreno positivo durante el tercer trimestre, antes de registrar de nuevo pérdidas de $4.000 millones, en el cuarto a causa de las depreciaciones.

La pandemia ha perturbado el mercado del petróleo y las grandes compañías se ven obligadas a adaptarse a unos precios persistentemente bajos, lo que reduce el valor de sus activos.

El grupo anglo-holandés mantiene la prudencia para el inicio de 2021 y espera un impacto negativo de la pandemia en la demanda de hidrocarburos.

Shell prevé no obstante una subida de su dividendo en el primer trimestre de 2021, respecto al último de 2020. En lo peor de la crisis sanitaria, había decidido reducir ese dividendo, y ello por primera vez desde los años 1940.

Neutralidad carbono

El grupo quiere reducir drásticamente sus costos, con la supresión de 7.000 a 9.000 empleos para 2022.

Shell ha tomado "decisiones difíciles pero decisivas", opinó este jueves su director general, Ben van Beurden.

"Salimos de 2020 con un balance financiero más sólido, dispuestos a ir más deprisa en nuestra estrategia y para preparar el futuro del mercado de la energía", aseguró.

Shell se ha visto así obligado a lanzar una profunda reestructuración que debe permitirle adaptarse a unos precios más bajos y cumplir su objetivo de convertir en más "verdes" sus actividades, y alcanzar la neutralidad carbono para 2050.

Van Beurden se felicitó por los compromisos climáticos del nuevo presidente de Estados Unidos, Joe Biden. "Tenemos ganas de trabajar con su administración pues tenemos el mismo objetivo, ser neutros en carbono para 2050", afirmó.

La compañía planea invertir de $2.000 a $3.000 millones por año —es decir, en torno al 10% de sus inversiones— para el período 2021-2025, en energías limpias o de escaso impacto en carbono.

Shell invierte desde hace años en la electricidad y tiene como ambicioso objetivo —anunciado ya antes de la crisis sanitaria— convertirse en la mayor compañía del mundo del sector, a principios de los años 2030.