En las últimas semanas, las zonas francas pasaron de ser el “motor infalible” del empleo formal en Costa Rica a un sector que envía señales claras de enfriamiento, con despidos en multinacionales emblemáticas y menor crecimiento de la producción.
Para los trabajadores, el mensaje es doble: siguen en uno de los nichos mejor pagados de la economía, pero en un entorno más volátil, más automatizado y con reglas laborales en discusión.
Un encadenamiento de malas noticias
El Financiero ha documentado cómo, en cuestión de meses, se sucedieron anuncios de reducción de operaciones y despidos en Intel, Qorvo, Viant y, más recientemente, en Amazon Costa Rica, todas firmas relevantes del régimen de zona franca.
Estos ajustes se dan en el contexto de reestructuraciones globales del sector tecnológico y de servicios, con empresas que recortan puestos administrativos y operativos mientras refuerzan áreas de automatización, análisis de datos e inteligencia artificial.
En el caso específico de Amazon, el Gobierno oficializó que la multinacional recortó en un 50% el compromiso de empleo mínimo que mantenía en el país, lo que marca el fin de la etapa de contratación masiva y la transición hacia una operación más ligera y tecnificada.
Los recortes han afectado principalmente servicios de atención al cliente y soporte, donde la empresa está sustituyendo tareas repetitivas por soluciones de software y asistentes virtuales, según análisis regionales sobre sus despidos.
Un motor que pierde velocidad
El enfriamiento no se limita a casos puntuales: los datos del Banco Central muestran que la actividad de los “regímenes especiales” —donde se ubican las zonas francas— se desaceleró de forma marcada en 2026.
Mientras en 2025 el régimen especial llegó a crecer interanualmente por encima del 12% en algunos meses, las últimas cifras de 2026 rondan apenas el 3%, reflejando menor dinamismo en exportaciones de dispositivos médicos y manufactura de alta tecnología.
Las estimaciones de política monetaria señalan que el crecimiento proyectado de las zonas francas para 2026 sería menos de la mitad del observado el año anterior —alrededor de 4,6% frente al 12,7% de 2025—, por menor demanda externa y un entorno internacional más incierto.
La Universidad de Costa Rica también advierte que la revolución de la inteligencia artificial y la guerra comercial global presionan el modelo, al reubicar inversiones y encarecer la competencia por proyectos de alto valor agregado.

Sigue siendo un pilar de empleo y PIB
Pese a la desaceleración, el peso del régimen de zona franca en la economía costarricense sigue siendo considerable. Un estudio reciente de Procomer, “Zona Franca: 35 años construyendo valor para Costa Rica”, atribuye a este modelo cerca del 15% del PIB nacional y el 74% de la inversión extranjera directa.
El mismo análisis estima que en 2024 las empresas bajo este régimen generaron más de 197.000 empleos directos y alrededor de 265.000 puestos entre directos e indirectos, incluyendo encadenamientos con proveedores locales.
El Financiero ha destacado que la mediana salarial en las empresas de zona franca triplica la del resto del tejido empresarial costarricense, y que esa brecha se ha ampliado en los últimos 20 años. En otras palabras, aunque el “ritmo” se enfría, las zonas francas siguen concentrando algunos de los mejores salarios, beneficios y oportunidades de movilidad social para trabajadores con formación técnica, bilingüe o profesional.
Jornadas 4x3 y tensión laboral
Mientras se moderan los indicadores de actividad, la discusión sobre las jornadas excepcionales 4x3 se ha convertido en otro frente clave para las empresas y sus trabajadores.
El proyecto plantea permitir jornadas de 12 horas por cuatro días a cambio de tres días de descanso, especialmente en actividades que operan 24/7, como manufactura tecnificada y servicios corporativos, lo que podría reconfigurar turnos y organización del trabajo en zonas francas.
La Asociación de Empresas de Zonas Francas de Costa Rica (Azofras) urgió a la Asamblea Legislativa a “recuperar la esencia original” del proyecto, argumentando que las modificaciones introducidas en la legislatura anterior complican la viabilidad del esquema para ciertos sectores.
Al mismo tiempo, el texto sigue sin aprobarse, entre apoyo del oficialismo y fuertes críticas de sectores sindicales y parte de la oposición, que cuestionan el impacto de jornadas de 12 horas sobre salud, vida familiar y capacidad de organización colectiva.
¿Cómo se ve todo esto desde el trabajador?
Para los empleados de zonas francas, las últimas semanas han mezclado señales muy distintas. Por un lado, quienes laboran en empresas afectadas directamente —como Amazon, Intel o Qorvo— han vivido procesos de despido, reubicación o reconversión acelerada, con nuevas exigencias de habilidades digitales y dominio de tecnologías emergentes.
Por otro lado, quienes permanecen en empresas con operaciones estables siguen disfrutando de salarios superiores al promedio nacional, acceso a seguros privados, capacitación continua y posibilidades de ascenso, aunque con más incertidumbre sobre la duración de esa “ventana de oportunidad”.
La menor expansión del régimen especial también reduce la velocidad a la que se crean nuevos puestos, lo que golpea especialmente a jóvenes que aspiraban a ingresar por primera vez a servicios compartidos, centros de contacto o plantas de manufactura médica.
En respuesta, Procomer ha impulsado programas permanentes de apoyo para formación de talento en empresas de zona franca, donde el Estado aporta una fracción del costo de capacitación y las compañías financian el resto, con el objetivo de sostener la empleabilidad en áreas de mayor sofisticación.
Un modelo en transición
El cuadro que se dibuja al cierre de este tramo de 2026 es el de un modelo que entra en una fase de transición: menos crecimiento exuberante, más presión por productividad y más competencia global por proyectos de alto valor.
Para quienes ya están dentro del régimen, la prioridad será la actualización constante de capacidades —idiomas, programación, análisis de datos, conocimiento regulatorio—, en línea con la propia apuesta estatal por incentivos a la formación.
Para el país, el desafío es doble: preservar uno de sus principales pilares de empleo formal y exportación, y hacerlo con reglas laborales y fiscales que permitan navegar una economía global más lenta, más digital y más exigente con el talento humano.
Así, las zonas francas no se han “caído”, pero sí han dejado claro que el ciclo de crecimiento fácil y empleo abundante quedó atrás: ahora se abre una etapa donde la estabilidad del trabajador dependerá cada vez más de su capacidad de adaptarse a un ecosistema que se automatiza, se tecnifica y se discute políticamente casi todos los días.
