Por: Constantino Urcuyo.   24 julio

Guerra fría, bipolaridad, paz caliente, multipolaridad, categorías utilizadas para describir la situación internacional e íntimamente ligadas con la creciente rivalidad entre los Estados Unidos (EE. UU.) y China.

Definir como Guerra Fría la nueva realidad, en contexto muy diferente al enfrentamiento entre Washington y la Unión Soviética no es preciso. Es un conflicto entre potencias, pero ni la naturaleza del conflicto, ni las potencias son iguales.

El conflicto anterior era de naturaleza geopolítica e ideológica. Dos bloques en torno a esferas de influencia; ideas antagónicas, capitalismo y socialismo, democracia liberal y partido único.

Salvo en Corea y en Cuba no se enfrentaron directamente, los roces tuvieron lugar por intermediarios en países periféricos.

Las relaciones EE. UU.—China son diferentes, los chinos no ocupan militarmente estados en su periferia, tampoco amenazan una esfera de influencia como Europa Occidental, aunque han militarizado islotes en el mar de China. Las contradicciones entre Pekín y Washington son comerciales y por la hegemonía regional en el Indo Pacífico, el escenario nuclear está ausente.

Las tensiones son reales pero no ideológicas, pues aunque las diferencias entre los sistemas políticos son evidentes, China tiene una política pragmática, no predica el socialismo y adopta mecanismos de mercado.

La interdependencia entre ambas economías hace muy difícil su desconexión y lleva a la coexistencia y cooperación.

Se ha caracterizado la nueva época como de competencia y cooperación, pero la rivalidad ha crecido, lejos de la amistad estratégica pasada.

Ambas potencias van hacia una paz caliente, en un contexto multipolar, la globalización en crisis y los estados nacionales regresan, pero la interdependencia no facilita la ruptura radical.