26 octubre, 2018

En esta edición informamos sobre el aumento de la morosidad en las carteras crediticias en el sistema financiero y las presiones al alza en el tipo de cambio. El comportamiento de ambas variables reflejan la debilidad del crecimiento económico y los grandes riesgos de la estabilidad económica del país.

La economía internacional, en particular la de Estados Unidos, ha crecido relativamente bien en lo que va del año y nuestras exportaciones de bienes y servicios han seguido esta misma tendencia. Puede que el panorama externo para los próximos meses no sea tan halagüeño, como han advertido los organismos internacionales, pero hasta ahora la economía internacional ha sido un factor positivo en el crecimiento de la economía costarricense.

La desaceleración de la producción costarricense básicamente se origina en el menor crecimiento en el consumo de los hogares y la inversión de las empresas. Las finanzas públicas están en el centro de esta desaceleración de la economía interna. Cada vez con mayor intensidad, la Tesorería Nacional absorbe el ahorro nacional y estruja a los hogares y empresas en la obtención de crédito.

La incertidumbre en cuanto al futuro de las finanzas del Gobierno Central hace que los hogares y las empresas aplacen sus planes de gasto e inversión hasta aclarar los “nublados fiscales”. Es decir, la situación financiera del Gobierno Central frena la demanda de crédito y la demanda interna de bienes y servicios con la consecuente desaceleración global en el crecimiento de la economía.

El bajo crecimiento del ingreso configura una ambiente para que los deudores tengan mayores dificultades para atender sus obligaciones crediticias, lo cual desemboca en una mayor morosidad en el sistema financiero. Se juntan dos fenómenos: por un lado, el bajo crecimiento del crédito hace que exista una menor porción de nueva cartera crediticia que normalmente tiene menor morosidad y, por otro lado, los efectos adversos de la economía sobre la vieja cartera hace aumentar la morosidad.

El aumento de la morosidad en sí mismo no es un grave problema, siempre y cuando las entidades financieras tengan las reservas necesarias y suficientes para hacer frente a los impagos que se pueden presentar. En los últimos años la Superintendencia de Entidades Financieras (Sugef) ha obligado al aumento de las reservas por créditos dudosos. En esto ha existido una buena tarea preventiva.

El espejismo del crédito fácil

Sin embargo, las autoridades deberían poner mayor atención a los riesgos de sobre endeudamiento de las personas. Hay que avanzar en ampliar la cobertura de la Central de Riesgo Crediticio de la Sugef, porque hasta ahora solo cubre al sistema financiero formal. Esto requiere de una reforma de ley, pero la Sugef, por medio de cambios en la normativa, debería castigar con mayores provisiones a los créditos concedidos para consumo a plazos pocos razonables, que pueden conducir a sobre endeudar a los hogares mediante el espejismo del crédito fácil.

Según nuestra nota informativa se ha observado un incremento más severo de la morosidad en las carteras de crédito otorgadas en dólares. La mayor porción de estas carteras está prestada a clientes que no son “generadores” de dólares, lo cuales están sometidos, además de los riesgos “normales” del crédito, al riesgo cambiario.

El comportamiento del mercado muestra una presión al alza del tipo de cambio en las últimas semanas. Por un lado, esto se nota obviamente en el aumento del tipo de cambio, en Monex la devaluación del colón ha sido del 5 % desde finales de julio al presente. Pero, por otro lado, la presión cambiaria se observa en la disminución de las reservas monetarias internacionales del BCCR: de finales de julio al presente su reducción ha sido de $870 millones, lo cual representa una reducción del 11 % con respecto al saldo de julio. Esta disminución de reservas ha sido principalmente usada para evitar un mayor nivel de devaluación del colón.

La presión cambiaria se origina en varios fenómenos: el aumento de las tasas de interés en los mercados externos, el mayor precio del petróleo y el riesgo de las finanzas públicas que induce a la dolarización del ahorro nacional. Los tres fenómenos mencionados no parecen ser coyunturales, más bien están dentro de los “fundamentales” del tipo de cambio.

Es válido preguntarse si la política cambiaria del BCCR, de sostener el alza del tipo de cambio, es la política adecuada o no. El BCCR anunció desde agosto una política paulatina de mayor volatilidad cambiaria, lo cual se ha observado en el mercado, pero también el BCCR ha incrementado la venta de divisas para contener la devaluación. Es correcto pasar gradualmente de un tipo de cambio casi fijo a uno de mayor volatilidad. Pero cabe preguntarse en esta situación de mayor tensión cambiaria, en el cual no se usará plenamente la variabilidad del tipo de cambio: ¿Cuál será el instrumento que se usará compensar? ¿Será únicamente la pérdida de reservas? ¿O deberá usarse también la tasa de interés?

En conclusión, la perspectiva macroeconómica del país es compleja. Por un lado, se deben redoblar los esfuerzos en materia de supervisión prudencial para controlar los riesgos en el sistema financiero y, por otro lado, es necesario el ajuste de los macro precios para evitar sorpresas desagradables en un contexto de mayor riesgo externo y local.