12 abril

Muchas veces se ha cuestionado por qué la región del Caribe nacional tiene una institución encargada de su desarrollo. La creación de la Junta de Administración Portuaria y de Desarrollo Económico de la Vertiente Atlántica (Japdeva) nació en 1963, un momento histórico en el que estaba de moda crear entidades y unidades políticas separadas en el Caribe centroamericano.

Esto tiene múltiples razones.

Se debe, en parte, a que por el Caribe llegaban a nuestra región la gran mayoría de los piratas que en otro tiempo asolaban las costas.

Además, esa región estaba llena de enfermedades contagiosas, muchas de las cuales también entraban por ese litoral en los barcos mercantes.

También contribuyó el hecho de que, por su enorme biodiversidad y densidad, en combinación con un clima húmedo y caluroso, era más duro de explotar las zonas atlánticas que los valles y mesetas del centro de los países o el mucho más abierto Pacífico.

También, y es un tema sensible, para el desarrollo de infraestructura portuaria y logística se recurrió a mano de obra de origen afrocaribeño y en aquel tiempo reinaba un profundo y lamentable racismo —aún latente en muchas manifestaciones— que dictaba que mantener alguna suerte de frontera y distancia “era lógico”.

No se olvide que los afrocaribeños limonenses eran considerados ciudadanos jamaiquinos en aquellos años, a pesar de tener décadas de residir en Costa Rica y contar con varias generaciones nacidas en el territorio nacional.

La carretera a Limón se construyó apenas en la década de los años 70 del siglo anterior. Previamente, se tenía una alta dependencia en el ferrocarril, medio de transporte que servía como aduana implícita hacia la región Caribe.

Esta es una simplificación de hechos muy complejos, pero en general se puede afirmar que, con la excepción de Honduras, Centroamérica —y Costa Rica no es la excepción— se desarrolló de espaldas a su litoral atlántico.

El despertar del Caribe

El otro factor a tomar en cuenta es que las ciudades portuarias del mundo son enormes centros de creación de riqueza y su posición privilegiada frente al comercio global las ha hecho prosperar más rápidamente que el promedio de sus naciones. No es el caso de Limón, rezagado en progreso social, ingreso per cápita, como destino de inversiones productivas y en infraestructura productiva y social.

La productividad del Caribe costarricense es baja debido a una fuerza laboral poco calificada y excesivamente sindicalizada por la naturaleza de su economía bananera y portuaria; los trabajadores de ambos se vieron obligados en diferentes momentos de su historia a organizarse en pro de alcanzar metas sociales y derechos.

Hoy que Limón ha sido destino de una gran inversión en logística internacional por parte de APM Terminals, la Terminal de Contenedores de Moín (TCM), ha quedado en evidencia el fracaso del modelo de desarrollo basado en Japdeva.

La incapacidad de planificación de esta institución, a la que en 1966 se le transfirió la administración de la zona portuaria de la ciudad de Limón, y posteriormente el complejo portuario de Moín, resulta más que patente.

Por ocho años se supo que APM Terminal abriría la TCM a finales del 2018, lo cual sucedió con un pequeño retraso. Por lo tanto, resulta penoso constatar que nuestra región Caribe no se preparó como debía para el momento. ¿En qué estaba Japdeva? ¿Durmiendo el sueño de los justos?

Hoy el Gobierno ha tenido que crear una comisión para lidiar con una potencial “emergencia social” por el creciente desempleo en Limón, en un momento en que el país entero sufre de altas tasas de desempleo. Si se requiere de esta comisión es porque Japdeva no es la institución correcta para enfrentar o liderar este reto; pese a ello, dicho comité coordina con la adormecida institución sus programas y eventuales políticas.

Si Limón padece de tantos rezagos y problemas y, ante el momento más importante de la historia reciente, el Gobierno debe recurrir a otras instancias para planificar y actuar, cabe preguntarse ¿para qué sirve ese cuento de hadas Japdeva?

“Por ocho años se supo que APM Terminal abriría la TCM a finales del 2018, lo cual sucedió con un pequeño retraso. Resulta penoso constatar que nuestra región Caribe no se preparó como debía para el momento. ¿En qué estaba Japdeva? ¿Durmiendo el sueño de los justos?”

No cabe duda de que algo tiene que cambiar en Limón y nuestro Caribe.

Limón tiene un enorme potencial en industrias como logística y servicios portuarios, agroindustria de valor agregado, turismo en su versión más moderna y desarrollo de zonas francas de exportación. No hay duda de que puede y debe ser un gran motor de reactivación económica para el país con inversiones necesarias y urgentes en infraestructura logística y social.

Además de la reciente inversión de APM Terminals, la provincia cuenta con un portafolio de proyectos que incluye inversiones en mejoras al hospital Tony Facio, un nuevo aeropuerto internacional de mediana escala, inversiones en agua y saneamiento, infraestructura turística, la ampliación de la carretera 32 y muchas otras obras.

Se cuenta también con una población multicultural y joven, una base de recursos naturales sin par en el país y destinos maravillosos que se pueden desarrollar. Limón es potencial puro.

¿Será Japdeva el intermediario y gestor idóneo para aprovechar esta coyuntura? ¿Seguiremos apostando, con inexplicable terquedad, a la lamentable versión costarricense del cuento infantil La bella durmiente, de los hermanos Grimm, o actuaremos con seriedad y firmeza en pro del despertar del Caribe?