15 febrero

Es injustificable que Limón sea una de las regiones con mayor pobreza, desempleo y crimen en el país. Pero tampoco debe sorprender. Las comunidades vulnerables a la delincuencia se caracterizan por tener una juventud desocupada que, ante la falta de oportunidades, se refugia en vicios, drogas y, finalmente, en actividades delictivas que, por desgracia, ahora son organizadas y a veces poderosas.

Limón es la capital de provincia con el menor progreso social: número 75 entre los 81 cantones del país, y Talamanca, otro de sus cantones, es el más rezagado de todos, clasificado en la posición 81.

Pero esta provincia tiene un gran potencial.

A la abundancia de recursos y diversidad de sus costas le debemos nuestro nombre. Habitado por un población multicultural y joven, el potencial real de su gente es grande, si tan solo se invirtiera en ellos de manera adecuada y se les dieran oportunidades reales de crecer y prosperar.

Puerta de acceso a nuestro país por mucho tiempo, su identidad como centro logístico y comercial es apenas una sombra. Con una fertilidad envidiable, ha sido centro de producción agrícola para mercados de exportación y el mercado local desde hace más de un siglo. Su belleza escénica y cultural lo hacen potente en un turismo hoy apenas incipiente. La presencia de centros de educación –como la Earth, las universidades públicas, el INA y otros centros privados– prometen la oportunidad de desarrollar el capital humano que requiere una economía más moderna.

Hay muchas razones para su situación actual. Su desarrollo le fue encomendado –con las mejores intenciones– a una entidad regional descentralizada, Japdeva, y, como tal, no ha contado con el mismo acceso a los programas de desarrollo del Estado, ni ha entrado en los procesos de planificación e inversión igual que otras regiones del país. El modelo fracasó.

Se achaca a la dureza de su clima y a la presencia de enfermedades –como el paludismo– que el país creciera de espaldas a la provincia. Se especula que la construcción del ferrocarril en la última parte del siglo XIX, hizo que el puerto se trasladara implícitamente a San José, dejando a Limón como un mero punto de trasbordo. El aislamiento que vivieron la provincia y sus pobladores, por lo que hoy se vería como una práctica racista injustificable hasta 1948, ha causado un grave retraso en su desarrollo…

¿Esta vez sí?

Los casos de preocupación presentados en esta edición del EF sobre el impacto de la Terminal de Contenedores de Moín (TCM) en la vida de los limonenses, únicamente se justifican por las muchas veces que se les han creado expectativas solo para quedar en promesas incumplidas.

El caso de la joven a la que sus padres ayudaron a prepararse para trabajar en TCM es lo que debemos propiciar cientos y miles de veces en nuevos proyectos infraestructurales y productivos. Limón hoy tiene la oportunidad de cerrar las brechas de ingreso y progreso social entre la provincia y el resto de Costa Rica.

La reciente inversión en TCM representa más de $1.000 millones de inversión y un flujo anual de recursos para Japdeva que bien podría invertirlos en dotar a la juventud de capacidades y destrezas para sacarle provecho a las oportunidades. Hay que sumarle otras inversiones en camino como la ampliación de la carretera 32 y su conexión con la frontera norte; la modernización de su aeropuerto internacional; nuevas inversiones portuarias en un muelle de cruceros y una marina comercial; la posible renovación y ampliación del Hospital Tony Facio; y el alcantarillado y planta de tratamiento del puerto. Y hay más.

A esto hay que adicionar el desarrollo del potencial turístico, con inversiones en hoteles de todo tipo, touroperadores, destinos y la cadena de valor que les respalda, y el potencial productivo –desde zonas francas de manufactura y servicios hasta agricultura diversificada y de precisión para los mercados de exportación–.

Por la escala de estos proyectos, esta es prácticamente una “agenda país” y se centra en una población que aún no llega a los 500.000 habitantes en la provincia. Imaginen el impacto potencial.

Todos estos proyectos deben desarrollarse en el siguiente lustro, dándole a la provincia la capacidad de ser un motor de desarrollo para el país, de reposicionarse en el imaginario nacional e internacional y de finalmente convertirse en un puerto de alta incidencia en el modelo de desarrollo y el resto del país, de reducir radicalmente la pobreza y el crimen, de la mano de estas oportunidades.

Para que esto ocurra hay que planear y ejecutar una estrategia integral para la provincia y para Japdeva, trabajar en la atracción de inversiones productivas y asegurar que las instituciones locales y del Estado le den un alto grado de prioridad a los proyectos mencionados y al despliegue de los programas del Gobierno en la provincia.

Ya se desperdiciaron casi cinco años desde que la ya inminente apertura de TCM fue anunciada.

¿Será que esta vez sí haremos realidad el sueño de transformar Limón?