5 febrero

El pasado 29 de enero el Banco Central de Costa Rica (BCCR) presentó el Programa Macroeconómico 2021-2022, cumpliendo con lo previsto en su Ley Orgánica sobre la publicación en enero de cada año.

Sobre el contexto, el informe destaca la profunda contracción que sufrió la economía mundial el año pasado, particularmente en el segundo trimestre, debido a la pandemia y los cierres y restricciones sanitarias. A partir del tercer trimestre se empieza a dar una recuperación gradual en todo el mundo, más lenta en los países emergentes, aunque hacia finales del año se generan nuevas incertidumbres, debido a los rebrotes de la COVID-19 y las dudas sobre la vacunación.

En Costa Rica, el impacto de la pandemia en 2020 fue mucho más fuerte que en economías avanzadas, aunque menor que en algunas economías emergentes como México y Chile. En el segundo trimestre la economía costarricense cayó un 7,6% y se estima una caída de 4,5% del Producto Interno Bruto (PIB) para el año, menor a la proyectada inicialmente pero muy significativa.

Entre las actividades económicas más afectadas en el país destacan caídas de 40,7% en hoteles y restaurantes, 22,3% en transporte, 10,5% en construcción y 10% en comercio. Solo la actividad de manufactura mostró un crecimiento de 3,3% en el año, impulsado por las zonas francas.

El mercado laboral también se ha visto muy fuertemente golpeado, con tasas de desempleo de 21,3% y de subempleo de 22,7% a noviembre de 2020.

En el 2020 se logró controlar el crecimiento del déficit primario, que cerró en un 3,9% del PIB, pero el déficit financiero alcanzó un 8,7% del PIB por el peso de la deuda. La inflación cerró en un 0,9% y el BCCR mantuvo una política monetaria expansiva y contracíclica, que llevó la tasa de política monetaria a un mínimo histórico de 0,75%. En el mercado cambiario, el BCCR tuvo una fuerte intervención sobre todo en el último cuatrimestre, con disminución de reservas y un tipo de cambio de 615,4 al cierre del año.

Confiamos en que los diputados antepongan el interés nacional a las presiones de algunos gremios e instituciones y aprueben las leyes necesarias.

¿Qué proyecta el BCCR a partir de esta situación? Estima que la economía costarricense no tendría un gran rebote en 2021, crecería un 2,6%. El rebote sería mayor en 2022 con un crecimiento proyectado de 3,6%. Esto considera un escenario favorable de continuación de la reactivación económica iniciada en la segunda parte de 2020 y recuperación en las economías de los principales socios comerciales. Además, las proyecciones están ligadas a dos factores: la evolución del manejo de la pandemia por COVID-19 y el logro de un ajuste fiscal mediante el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y las leyes y medidas complementarias.

Se proyecta que la demanda interna se recuperaría con un crecimiento de 2,4%, en promedio, para el 2021-2022. En ambos años, el crecimiento sería impulsado por el aporte del consumo privado y la inversión. La inflación se proyecta en 3%, con un rango de más menos un punto porcentual. El BCCR continuaría con su política monetaria de estímulo indirecto, en lo cual enfrentará el reto de lograr una trasmisión más efectiva a las condiciones de crédito al usuario final. También seguiría interviniendo en el mercado cambiario para evitar fluctuaciones violentas, aunque hay que señalar que dispondrá de menor margen de acción por la disminución en las reservas.

¿Qué ocurriría si Costa Rica no sigue la ruta del acuerdo con el FMI? Si eso ocurre y no se obtiene el financiamiento externo previsto, el crecimiento de la economía nacional se vería directamente afectado, según el BCCR. En este escenario, la proyección del crecimiento del PIB caería a 1,6% y 2,6% para los años 2021 y 2022, respectivamente. También se impactaría el crédito al sector privado, que se restringiría en alrededor de dos puntos porcentuales por año, y las presiones inflacionarias podrían aumentar en poco más de 3 puntos anualmente.

“De no darse el ajuste fiscal o de ser insuficiente, las consecuencias podrían ser muy severas, habría mayor incertidumbre y los inversionistas tanto extranjeros como domésticos le cobrarían al Gobierno una muchísima mayor tasa de interés”, señaló Rodrigo Cubero, presidente del BCCR. El deterioro fiscal podría llevar también a presiones sobre el tipo de cambio, y por esa vía sobre la inflación, así como generar tensiones en el mercado financiero.

Partiendo de que el acuerdo con el FMI es determinante en las proyecciones del BCCR, ¿qué podemos esperar sobre el futuro de dicho acuerdo? Confiamos en que los diputados antepongan el interés nacional a las presiones de algunos gremios e instituciones y aprueben las leyes necesarias, incluyendo la ley sobre renta global, con los ajustes razonables que pueda requerir, y la ley de empleo público sin excepciones que se traigan abajo su impacto fiscal.

Las tasas de crecimiento económico que proyecta el BCCR para los años 2021 y 2022 no son las que el país necesita, pero reflejan la realidad a raíz del duro golpe de la pandemia. Esas proyecciones podrían verse afectadas por varias circunstancias. Algunas están fuera de nuestro control, como el ritmo de la recuperación de la economía mundial o la disponibilidad de vacunas por parte de los fabricantes. Pero otros factores sí dependen de nosotros, como las medidas sanitarias, las medidas de reactivación económica y la pronta aprobación del acuerdo con el FMI y las leyes necesarias. Alejarse de esa ruta expondría al país a una situación muy peligrosa, un riesgo que debe evitarse.