Por: Pascal Rohner.   2 noviembre

China sigue siendo el mayor riesgo para los mercados financieros. Por lo tanto, la publicación del PIB del tercer trimestre se esperaba con gran interés. El crecimiento disminuyó de 6.7% en el segundo trimestre a 6.5%, por debajo de la expectativa de 6.6%, representando el crecimiento más bajo desde la gran crisis financiera.

Esto podría agregar incertidumbres adicionales en el contexto de las recientes turbulencias del mercado.

El gobierno chino ha frenado el crecimiento económico a propósito en los últimos dos años, con el objetivo de modernizar la economía y reducir ciertos riesgos financieros, principalmente relacionados a la burbuja inmobiliaria, tal como la sobrecapacidad y el endeudamiento en ciertas industrias “viejas”. Por lo tanto, inversiones en activos fijos (que incluyen proyectos de infraestructura, maquinaria, edificios etc.) solo crecieron 5.4% en los primeros 3 trimestres del año.

El problema es que esta estrategia no contemplaba las disputas comerciales, al menos no en esta magnitud.

El hecho que el Fondo Monetario Internacional (FMI) recientemente bajó la expectativa del crecimiento para el 2019 de 6.4% a 6.2% ya fue una alerta del impacto negativo de la guerra comercial entre China y Estados Unidos. El conflicto inició en marzo 2018 por el presidente Donald Trump, argumentando un historial de “practicas desleales de comercio” y el robo de propiedad intelectual.

Las medidas implementadas incluyen tarifas del 25% y 10% a $50.000 millones y $200.000 millones de importaciones chinas, respetivamente.

El FMI estima que las medidas que EE.UU. ha impuesto hasta la fecha reduzcan el crecimiento económico en China en 0.3% a largo plazo. El impacto podría empeorar a 0.6% si hay una escalada en el conflicto comercial. La buena noticia es que China tiene la facilidad de quitar el pie del pedal del freno en cualquier momento.

No esperamos un estímulo de gran escala, pero es probable que China inyecte más liquidez para estimular el crédito sobre todo para empresas pequeñas e innovadoras. Esto podría incluir reducciones adicionales del encaje bancario y recortes selectivos de impuestos. Estas medidas deberían contrarrestar algunas disputas comerciales y ayudar a mantener el crecimiento económico por encima de 6%.

Curiosamente, el FMI estima que en un caso extremo, la economía estadounidense estaría más impactada, con un arrastre de su crecimiento económico del 0.9% a largo plazo. Probablemente, efectos secundarios como la caída de la bolsa, la confianza de consumidores y la confianza empresarial podrían agravar este escenario en el 2019 o 2020 y termine en una recesión en EE. UU.

Este análisis es un fuerte contraste con la declaración de Donald Trump de que EE. UU. está ganando la guerra comercial. Efectivamente observamos una divergencia económica entre EE. UU. y el resto del mundo, principalmente en el desempeño de las bolsas de valores. A pesar de la reciente corrección, el índice de referencia de EE. UU, el S&P 500 sigue en territorio positivo, mientras prácticamente todos los índices internacionales están mostrando pérdidas significativas.

Sobre todo en China, el principal “enemigo comercial” de Donald Trump aparece como perdedor usando la bolsa bursátil como barómetro económico.

En realidad, esta conclusión es completamente errónea. Guerras comerciales son negativas para prácticamente todas las economías. La mayoría de los negocios sufrirían por mayores costos de insumos y los consumidores tendrían que pagar la factura a través de aumentos de precios. De hecho, es más razonable argumentar que la bolsa americana no está subiendo gracias a la guerra comercial, sino a pesar de ello.

Pero en la política, la percepción es más importante que la realidad. Trump se aprovecha de la fortaleza de la bolsa bursátil para declarar la victoria en la guerra comercial. El gobierno estadounidense prefiere tratar de complacer a la clase trabajadora que implementar políticas económicas razonables. Probablemente, tras los resultados de las elecciones de medio término, Trump tenga un tono más reconciliador con sus socios comerciales, especialmente China.

Según el reconocido sitio web FiveThirtyEight, hay una probabilidad de 80% que los Republicanos mantengan el control del Senado y una probabilidad de 84% de que los Demócratas tomen el control de la Cámara de Representantes. Esto significa que lo más probable es un congreso dividido, el escenario más favorable para los mercados financieros.

Un estancamiento político impide grandes cambios, pero la presencia de los demócratas y la necesidad de buscar compromisos bipartidistas podrían reducir las tensiones comerciales. Al mismo tiempo, los republicanos mantendrían suficiente poder para defender los recortes de impuestos y para evitar un juicio político del presidente Trump.

Siempre puede haber sorpresas políticas, pero hay espacio para el optimismo. Cualquier alivio en las tensiones comerciales y medidas adicionales de estímulo en China podrían ayudar a reestablecer la confianza de los inversionistas.