Por: Gloriana Ivankovich Escoto.   8 julio

La pandemia tomó por sorpresa a Costa Rica en un periodo de bajo crecimiento económico, con una delicada situación fiscal y en medio de la discusión sobre la necesidad de medidas de política pública para reactivar la economía y generar empleo. En los últimos cinco años, la tasa de crecimiento promedio anual del PIB real ha sido 3,3% (3,6% durante la última década); insuficiente para resolver problemas como la pobreza, la desigualdad y el desempleo.

Las consecuencias políticas, económicas y sociales de la crisis provocada por el nuevo coronavirus aún se desconocen. Aunque es urgente gestionar esta coyuntura, priorizando la vida de las personas y mitigando los efectos económicos de estas acciones, el país debe mantener la mirada en el futuro, pues lo que se haga o se deje de hacer en este momento, determinará la realidad postpandemia y en el largo plazo.

Para Paul Krugman, premio Nobel de Economía, “la productividad no lo es todo, pero, en el largo plazo, es casi todo. La habilidad de un país de mejorar su nivel de vida a lo largo del tiempo depende, casi exclusivamente, de su habilidad de aumentar su producto por trabajador”.

Múltiple evidencia sustenta la idea de que la productividad es el principal determinante del crecimiento económico a mediano y largo plazo y que aquellos países con mayores niveles de productividad tienden a tener mayores niveles de ingreso. De hecho, para OCDE, bajos niveles de productividad son la principal razón de las diferencias de ingreso per cápita entre los países de ingreso medio, como Costa Rica, y las economías avanzadas.

La productividad se refiere a la eficiencia con la cual se utilizan los factores de la producción; “producir más con menos”.

En Costa Rica, durante la última década, tanto el ritmo de crecimiento de la productividad del trabajo, como la contribución de la productividad total de los factores al crecimiento económico se incrementaron, incluso registrando tasas más aceleradas que las del promedio de los países miembros de OCDE. A pesar de este resultado favorable, el producto generado por cada trabajador en Costa Rica es casi tres veces menor al del promedio de la OCDE; explicando así, en gran medida, la brecha en el nivel del ingreso per cápita costarricense y el del promedio de los habitantes del resto de los países de dicha organización.

Si la productividad del país no se incrementa de manera sostenida, resultará más difícil mejorar los niveles de vida de los costarricenses, pues la posibilidad de crecer aumentando la fuerza laboral o el capital está sujeta a restricciones y suele tener rendimientos decrecientes. Por esta razón, es urgente crear el marco institucional y diseñar medidas de política pública para incrementar la productividad de la economía de manera sostenida.

El estudio “La productividad en Costa Rica” publicado recientemente por la Academia de Centroamérica, identifica algunos de los determinantes clave de la eficiencia con la cual son empleados los factores productivos: la estabilidad macroeconómica, la infraestructura, la apertura comercial y la atracción de inversión extranjera directa, la promoción de la competencia y el funcionamiento de los mercados internos de los factores, bienes y servicios, la educación y el capital humano, el marco institucional, el sistema financiero y el mercado de capitales y la innovación y desarrollo.

Este es un primer paso para crear una ruta e implementar las acciones necesarias, reconociendo, como ahí se establece, la interrelación entre ellos y considerando también su viabilidad e impacto en el logro de los objetivos propuestos, pues “quien mucho abarca, poco aprieta”.

El país ha logrado avanzar en varios aspectos de esta lista de determinantes; por ejemplo, en estabilidad macroeconómica (particularmente en materia financiera y monetaria), apertura comercial y atracción de inversión extranjera. No obstante, tenemos una larga lista de tareas pendientes.

Entre ellas, resolver el desequilibrio fiscal y estabilizar la relación entre deuda y Producto Interno Bruto, profundizar la apertura comercial, continuar atrayendo inversión extranjera directa, procurar mayor avance tecnológico, productivo y social y promover la competitividad y eficiencia de la producción interna.

Implementar cambios

En materia de diseño institucional deben implementarse mejoras —con participación activa del sector privado— para promover y ejecutar estrategias y acciones de desarrollo productivo e innovación, dirigidas a aumentar la eficiencia de las empresas que atienden tanto la demanda interna como los mercados de exportación.

Tanto la cantidad como la calidad del capital humano son fundamentales para mejorar la productividad, pues determinan la capacidad de absorción tecnológica y de transferencia de conocimiento. Por lo tanto, es necesario modernizar el sistema educativo con el objetivo de formar personas capaces de adaptarse a las demandas y oportunidades actuales y futuras de los mercados de trabajo; ofreciendo una formación humanista integral, promoviendo el pensamiento crítico y brindando las herramientas que les permitan integrarse al mercado laboral o emprender en nuevas actividades.

La modernización y flexibilización del mercado laboral debe promover una asignación eficiente de los recursos resguardando los derechos laborales y garantizando la sostenibilidad de la seguridad social. La pandemia nos enfrenta a grandes retos en este sentido, pero al mismo tiempo, ha acelerado ciertos procesos, los cuales posiblemente representen un avance en la adopción de tecnologías y cierto tipo de conocimiento, impulsado por la necesidad de las empresas y las organizaciones de adaptarse e implementar nuevas modalidades, por ejemplo, el teletrabajo.

La promoción de la competencia y la creación de mercados eficientes juega un papel muy importante para beneficiar a los consumidores y propiciar un entorno para el desarrollo empresarial eficiente y de bajos costos y, así, incrementar la productividad y el crecimiento económico.

Las tareas pendientes implican un reto importante, pero las crisis pueden ser y han sido momentos decisivos para las sociedades. Por eso, a la vez que se atiende la emergencia se debe repensar el futuro, de forma que “lo urgente no nos impida ocuparnos de lo importante”.