Opinión

Los Ortega Murillo van a Pekin

El oportunismo de Ortega quiere disfrazarse de ideología

Luego de chantajear a Taipei , Ortega le tiende los brazos a la República Popular China.

Aislado, como consecuencia de su brutal represión, se aprovecha de la batalla diplomática china contra la provincia rebelde de Taiwán y establece relaciones con Pekín.

Ortega busca dos cosas: ampliar su espacio político diplomático, particularmente en la Naciones Unidas. Desprestigiado en Europa, Estados Unidos y parte de América Latina busca oxígeno en Asia.

Y luego, ante la posibilidad de perder créditos y ser excluido del tratado de libre comercio de Centroamérica, intentará donaciones, préstamos y mercado chino para sus productos.

Después de comer de la mano de Taiwán, tratará de alimentarse de la generosidad china, justificando su voltereta con la retórica de revoluciones socialistas hermanas. Ortega ha olvidado cuando el Frente Sandinista calificaba a los chinos como agentes de la CIA, por su acercamiento con los EUA. En ese entonces, como ahora, Ortega era un falderillo de Moscú.

China ya no predica la revolución mundial sino el socialismo de mercado y se legitima internamente con el discurso de la prosperidad común. El oportunismo de Ortega quiere disfrazarse de ideología.

Este acontecimiento debe hacernos reflexionar sobre la situación internacional. Estamos en la época de la rivalidad entre las grandes potencias. Como lo ha dicho el secretario de estado Blinken los conflictos entre estas se resuelven por tres vías: competencia, cooperación y confrontación.

La presencia China en Centroamérica obedece a la competencia por influencia regional y por excluir a Taiwán de la escena internacional. Pekín disputa espacios diplomáticos a EUA, en momentos en que estos fortalecen a Taiwán.

Lo que pasa en el backyard norteamericano está estrechamente vinculado a las tensiones en el estrecho de Formosa, el mar del Sur de la China y la rivalidad entre China y EUA.

Y vendrá más competencia. ¿Honduras?