Ya el año lectivo 2026 tomó su rumbo, un nuevo año que ilusiona a miles de niños que inician su vida escolar, a los jóvenes que se estarán graduando, y a un país que necesita que la educación asuma su papel como herramienta fundamental para el desarrollo de las personas. Pero ¿cuál es el rumbo que lleva el año escolar? ¿corresponde este con las necesidades y expectativas?
Con pequeños cambios, parece que más bien se organiza bajo la misma lógica y carencias que se han tenido. Los docentes siguen con condiciones de trabajo limitadas y con una carga administrativa de dudoso beneficio para los alumnos o el sistema en general, y vuelven al aula con los grandes vacíos que una formación profesional débil les ha dejado a muchos. Demasiados centros educativos ofrecen un programa de estudios parcial e insuficiente, en instalaciones en malas condiciones, una conectividad en el aula tan limitada que es casi simbólica, y una provisión de herramientas digitales estancada.
Los estudiantes, la razón de todo el sistema, están cada vez más desenganchados de una oferta que encuentran irrelevante para sus realidades y aspiraciones, y de un ambiente escolar excluyente y hasta hostil para muchos. A todo eso se agregan los altos niveles de inseguridad y violencia de sus barrios, que ya se filtran hacia el centro educativo, mientras la droga les seduce persistentemente dentro y fuera de este.
Algunos me dirán que estoy siendo muy negativa, que hay docentes bien formados que logran estimular a sus estudiantes a pesar de las limitaciones, y es cierto. Y que hay estudiantes que ponen tanto esfuerzo que salen adelante y se convierten en grandes ciudadanos. También es cierto. Sin embargo, son casos puntuales que nos inspiran, pero que no son suficientes. Necesitamos un sistema que alcance para todas las personas en edad escolar, que pueda prepararlas para ese futuro rico en oportunidades, pero incierto y retador que se asoma, y que cultive el abundante talento que tienen y las diversas aspiraciones que traen.
Las nuevas generaciones perciben, mejor que los adultos, que el mundo está dando un salto transformacional inédito en alcance y profundidad, si la educación no logra prepararlas para ese cambio, las probabilidades de ser protagonistas en ese nuevo mundo y dueños plenos de su proyecto de vida personal se debilitan injustamente, con consecuencias muy negativas para el país. Me temo que ya no alcance con pequeños parches de mejora al sistema educativo, ese rumbo no nos lleva a donde las nuevas generaciones merecen llegar.
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Leda Muñoz es catedrática de la Universidad de Costa Rica, exvicerrectora de Acción Social, investigadora en nutrición y desarrollo infantil; coordinadora del Informe Estado de la Nación y exdirectora de la Fundación Omar Dengo. Ph.D. en nutrición infantil y epidemiología.
