Pymes

Estableció una fábrica de resistencias eléctricas, su hijo la modernizó y continuó su legado

La empresa le vende a Sigma Alimentos, a Sur y exporta a Nicaragua

En 1977, don José Eduardo Ríos Sandí cumplió su sueño de iniciar su propio negocio de fabricación y venta de resistencias eléctricas, que permiten el proceso de calentamiento en diferentes dispositivos como las duchas.

Hace casi 10 años, su hijo Leonardo Ríos se incorporó al negocio, lo modernizó y amplió su gama de clientes.

Hoy, Rioski ─nombre dado a la pyme─ le vende sus productos a la empresa de pinturas Sur Química, a Sigma Alimentos y la empresa ARSA se encarga de distribuir sus resistencias en las ferreterías.

Pero, ¿cómo empezó todo?

Don José era agente de ventas en una empresa llamada Kober, que distribuía productos eléctricos en ferreterías, como tomacorrientes y cables.

El trabajo le venía como anillo al dedo, pues a él le fascinaba la electricidad.

Pero, trabajar para otro no era suficiente, él aspiraba a más.

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El amigo que lo motivó a emprender

Por dicha, hubo alguien que le “metió la espinita” de emprender y así creó su empresa.

Su amigo Joaquín Ballestero –conocido como Quincho y de donde provienen las letras “ki” que dan nombre a la empresa─ le dijo que había un negocio muy interesante al que podía dedicarse: la fabricación de resistencias eléctricas.

Don Joaquín lo instruyó sobre cómo desarrollarlas y así, mientras trabajaba en Kober, tenía también su propia empresa de resistencias que ofrecía en ferreterías.

Más o menos en 1980 don José renunció a Kober para dedicarse de lleno a su nueva pasión.

En el negocio también participaba su esposa Carmen Montero, específicamente en el proceso de etiquetado y empaque.

Las primeras resistencias que desarrolló eran para los anafres o calentadores de barro, que se usaban para calentar la comida. Por ejemplo, los constructores tendían a usar este tipo de instrumento.

Posteriormente, se fue ampliando la elaboración de las resistencias para otros productos como las duchas y más adelante en procesos industriales que requieren de calentamiento.

Las resistencias están hechas de alambre de nicromo japonés.

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El hijo que vino a transformar la empresa

Hace varios años, a don José le apareció una molestia en su brazo (síndrome del túnel carpiano), debido a que todo el proceso de fabricación era manual.

Doña Carmen reunió a todos los hijos y les explicó la situación.

Leonardo, el hijo menor, decidió apoyar a su papá en su negocio, por lo que renunció a su trabajo en una empresa de distribución de textiles.

Él se incorporó de lleno a la empresa. Pero, estableció algunas condiciones para mejorar.

Se debía cambiar el proceso manual por uno mecánico e incorporar la tecnología, así como recibir capacitación. El negocio tenía que ser más rentable.

Don José no era muy amigo de la tecnología y mostró cierta oposición al cambio. Pero, al final, dio su aval para que se desarrollaran las innovaciones.

Bingo, dele valor”, era una frase que solía utilizar para dar su aprobación a algo.

Leonardo contactó al Instituto Nacional de Aprendizaje (INA) y allí le ayudaron a crear una máquina para realizar las resistencias para duchas y ser más eficientes.

Asimismo, estudió para ser técnico en mantenimiento eléctrico en dicho instituto, pues él no tenía conocimientos en la materia, solo lo que su papá le había enseñado.

Por otro lado, creó una sociedad de la empresa, registró a Rioski como marca e inscribió a la empresa como pyme ante el Ministerio de Economía, Industria y Comercio (MEIC). En este último sitio aprovecha las capacitaciones que le otorgan.

Otro paso importante fue crear su propio sitio web, pues Leonardo tenía claro que “si no se está en la web, la empresa no existe”.

De esta forma, se fueron incrementando los clientes, adquirieron otro equipo más moderno y la oferta de resistencias eléctricas se amplió. Hasta tuvieron la oportunidad de exportar a Nicaragua, país en el que siguen vendiendo sus creaciones.

Por eso, Leonardo es enfático en recomendar a los emprendedores capacitarse, legalizarse y aprovechar los beneficios que brinda registrarse como pyme en el MEIC.

“Si uno tiene la fuerza y la motivación se puede lograr lo que uno sueña. Habrá trabas, pero hay que asesorarse para que sea más fácil”, mencionó.

Igualmente, aconsejó abrirse a la tecnología.

En enero de este año, don José Eduardo Ríos falleció a los 77 años, poco tiempo después de ser diagnosticado con un cáncer terminal.

Sin embargo, su legado continúa de la mano de su hijo y de sus nietas, quienes apoyan a la empresa.

Leonardo espera seguir avanzando y está seguro de que ─aunque su padre a veces era reacio a los cambios─ contaría con su aprobación en los proyectos que se avecinan. Dentro de ellos se encuentra exportar al resto de Centroamérica.

Probablemente, su padre le diría su frase estrella: “Bingo, dele valor”.

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