Por: Carlos Cordero Pérez.   25 junio
María Moreen Ndagire inició y dirige su negocio en Uganda desde Pococí. (Foto cortesía Fastmere)
María Moreen Ndagire inició y dirige su negocio en Uganda desde Pococí. (Foto cortesía Fastmere)

María Moreen Ndagire es estudiante de la Universidad Earth, en Guácimo, y cuando la pandemia del COVID-19 llegó a su país, Uganda, hace unos meses un amigo la llamó.

–¿Qué sucedió con tu idea de un sitio web para vender alimentos en línea? Este es el momento de iniciarlo– cuenta María que le dijo.

No lo dudó, se puso manos a la obra y, con dos colaboradores, creó Fastmere, un sitio con el que conecta a los consumidores de Kampala –la capital– con agricultores y otros productores.

María nació y creció en una zona rural de Uganda.

Como parte de una familia de agricultores, aprendió a trabajar en el campo y conoce los desafíos de los campesinos de su país tanto en la producción como en la comercialización.

“Viví la experiencia de familias rurales que no tienen acceso a los mercados”, dice.

Desde niña siempre busca cómo salir adelante.

Gracias a las becas que recibió pudo terminar la escuela, la secundaria e incluso empezó la carrera de bioquímica en la Universidad de Uganda.

Para poder estudiar tenía que vivir alejada de su familia, siempre en residencias para estudiantes.

En las vacaciones regresaba al pueblo y se incorporaba en las labores de campo en la finca.

La carrera universitaria tenía que compartirla con un empleo, para pagar la colegiatura.

Su pasión, además, es la agricultura.

María aplicó para una beca de la Earth y la obtuvo. A Costa Rica llegó en 2017 y ese primer año fue para aprender el idioma.

Cuando empezó la carrera propiamente se sintió en su espacio.

Aparte de los cursos de agronomía, el plan de estudios incluye materias sobre negocios.

Regresó a Uganda en unas vacaciones y tuvo oportunidad de conversar con agricultores sobre su situación, de lo cual produjo un video.

Pensó que debería impulsar algún proyecto. En un inicio su idea era crear una organización no gubernamental o alguna otra entidad de desarrollo.

La empresa tiene un sitio web y redes sociales para contacto con los clientes. (Foto cortesía Fastmere)
La empresa tiene un sitio web y redes sociales para contacto con los clientes. (Foto cortesía Fastmere)

Pronto se dio cuenta que no iba a ser viable. No es fácil obtener financiamiento de la cooperación internacional y a largo plazo no iba a ser sostenible.

“Tenía que verlo como un negocio”.

Esa fue su conclusión.

Regresó a Pococí para seguir la carrera y desde aquí, en 2019, hizo un primer intento, el cual no resultó y perdió la inversión.

Cuando el COVID-19 llegó a Uganda, uno de los amigos se comunicó.

Él había escuchado sobre la idea de María de un proyecto que ayudara a los agricultores.

–¿Qué sucedió con tu idea?– cuenta María que le dijo. –Este es el momento.

La pandemia llegó a Uganda en abril. Ella se puso en contacto con algunos amigos, formó un pequeño equipo y les explicó todo.

María no había dejado los contactos con los agricultores que había entrevistado en sus vacaciones de 2018, cuando hizo el video.

Ellos aceptaron. No tenían alternativa, pues no podían mover y los mercados estaban cerrados.

En Kampala sus dos amigos se instalaron en una casa, por la actualmente no tienen que pagar alquiler.

Uno se dedica a lo operativo: recibe los productos y los limpia, ve los pedidos y los empaca.

Otro se encarga del sitio web.

A ellos se une otro más, cuando se requiere.

La oferta se amplió de alimentos a otros productos que los clientes piden para sus hogares. (Foto cortesía Fastmere)
La oferta se amplió de alimentos a otros productos que los clientes piden para sus hogares. (Foto cortesía Fastmere)

Las entregas se realizan en moto.

Los recursos para la inversión salen de un ahorro de María, de un ingreso que obtuvo por un trabajo que le encargaron.

Debido al escaso acceso a Internet y a los teléfonos que tienen los agricultores en Uganda, el sitio web se convierte en un canal para ayudarlos a comercializar sus productos.

Actualmente se concentran en vender en Kampala, que tiene 1,3 millones de habitantes.

Empezaron con vendiendo plátano, tomates, papas, chile dulce y cebolla. Pero los clientes les piden más productos.

El servicio –que se apoya también en Facebook, Instagram y WhatsApp– empezó a operar en mayo y desde el primer día recibieron pedidos.

“La proyección es que en seis o siete meses se deben cubrir los gastos”, estima ella.

En perspectiva María reconoce que tendrá que abrir una tienda física para que los clientes lleguen, pero tiene claro que el canal digital tiene potencial.

No lo deja al azar.

Hay días que debe quedarse hasta la madrugada para coordinar pagos con los bancos, con su equipo, con los agricultores y hacer la gestión del negocio y de las redes sociales.

Otras veces se acuesta temprano y se levanta de madrugada.

La diferencia horaria de de nueve horas. Cuando allá es la 11 p.m., en Costa Rica es la 1 a.m., por ejemplo.

Y tiene que cumplir con las clases, las tareas, los exámenes y todas las obligaciones de la carrera en la Earth.

En clave
¿Volverá su negocio a ser igual?
El COVID-19 creó una situación en donde no hay alternativa. Las personas van a aprender a comprar y a vender en línea.
¿Cuáles son las principales lecciones que deja la crisis?
–Tener paciencia: hay que ir paso a paso. Nada va a venir fácil. Hay que continuar.
–Flexibilidad: la planificación es fundamental y representa el 70% de lo que se hace, pero hay que ser flexible para adaptarse y mitigar los riesgos.
–El negocio depende de los clientes: hay que escucharlos. El negocio no depende de lo que uno piensa.
Fuente: Fastmere.