Historias

Salió de Montreal, vivió en Los Ángeles y llegó a Costa Rica, donde fundó Bella Bucha para producir té de kombucha con sabor a frutas

¿Tener un buen producto es suficiente? Bella Bucha Kombucha inició un plan para ampliar sus canales de comercialización en varias cadenas de supermercados

Al otro lado de Forum 1, en Pozos de Santa Ana y como quien dice detrás de Megasuper, está ubicada Bella Bucha Kombucha. Ocupa el primero de los locales de unas instalaciones que albergan otras bodegas y empresas.

Al ingresar, tras unas ventanas cubiertas con imágenes de las bebidas de kombucha, de frente uno encuentra una cámara de refrigeración repleta de botellas etiquetadas, una pequeña oficina a la izquierda y una salita, a la derecha, de muy buen gusto con una mesa ovalada de vidrio para reuniones.

Otra puerta da acceso al resto de las instalaciones, donde se preparan el fermento, se embotellan las bebidas, se etiquetan las botellas y se acomodan las cajas listas para ir a supermercados y otros comercios minoristas relacionados con el estilo de vida saludable.

“La kombucha es muy buena para tomar antes de hacer deportes”, explica Belle Richardson, la fundadora y propietaria de la empresa. “La gente que no consume café, consume kombucha como un activador pues brinda energía. Esas bebidas contienen frutas que aportan otros beneficios”.

La kombucha es una bebida probiótica, no alcohólica y fermentada, que se prepara a base de té, lo que permite que se tenga una gran cantidad de vitaminas, minerales y ácidos orgánicos esenciales. Se tiene constancia del consumo de kombucha desde el año 201 en China.

Ericka Amador, ingeniera de alimentos de Bella Bucha, explica que los probióticos son como un conglomerado de bacterias que mejoran la flora normal del intestino y, con ello, el sistema inmune. Es una buena opción para quienes no tienen tolerancia a la lactosa.

De las doce bebidas de Bella Bucha hay nueve elaboradoras y saborizadas con frutas naturales (Lychees o lichi, flor de jamaica, hierbabuena, limón, jazmín, jengibre, fresas, piña, maracuyá, pitahaya, frambuesa, guaraná y yerba mate en diferentes combinaciones), sin preservantes ni azúcar añadido (excepto el que se usa para fermentar).

Los ingredientes fueron elegidos con mucho cuidado. Por ejemplo, la rosa de jamaica tiene propiedades muy buenas a nivel de efectos antiinflamatorios, piel y sistema nervioso. “Son productos que se conocen como neuroprotectores”, dice Amador.

Hay tres productos que contienen la dosis recomendada diaria de 20 miligramos CBD o cannabidiol, un extracto del aceite de cáñamo, con beneficios a nivel de la salud como antiinflamatorio, neuroprotector, relajante y para controlar la ansiedad.

Con todo ese portafolio, Bella Bucha tiene claramente la materia prima para su éxito: un excelente producto. Pero necesitaba un empujón para no depender de pocos clientes.

Belle Richardson es canadiense, oriunda de Montreal, donde estudió cine y comunicaciones. Terminada la universidad, viajó a Los Ángeles, Estados Unidos, donde trabajó en empresas de eventos relacionadas con la industria del cine y también tuvo negocios de ropa, alimentos y bebidas.

Estando ahí empezó a probar las bebidas de kombucha como complemento de los ejercicios. Poca gente la conocía incluso allá. La descubrió en 1999 por un amigo que le llevó desde Québec, Canadá, la mezcla de levadura y bacterías conocida como Scoby (del inglés: Symbiotic Culture Of Bacteria and Yeast), un hongo en forma de panqueque que se reproduce cada vez que se se alimenta con azúcar y té negro, blanco o verde.

El hábito la acompañó cuando vino a Costa Rica varios años después. En 2007, Belle llegó al país a trabajar en un hotel como gerente del restaurante y en eventos especiales, hasta que se decidió a fundar su propio negocio. Fue un paso que, sin saber, la llevaría a su actual empresa.

Belle abrió un restaurante en playa Sámara y los clientes le preguntaban qué era la bebida que consumía siempre. Ella les explicaba. Poco a poco la empezó a ofrecer en el menú.

En 2013, un año después del terremoto de Nicoya (“vi las cosas cómo caían y cómo el mar se retiró con el temblor”, recuerda), Belle cerró el restaurante. Se decidió a producir bebidas de kombucha.

La primera fábrica la instaló en 2015 en Piedades, Santa Ana, donde estuvo tres años junto con dos colaboradoras. Empezó con clientes y centros que respondían a la tendencia de productos saludables, así como supermercados y hoteles o restaurantes de Guanacaste. Pero no siempre las cosas siguen en línea recta.

En 2016 tuvo una crisis de salud, de la cual Belle asegura que los probióticos de la kombucha le ayudaron a salir. “Me salvaron”, dice Belle. Mientras se recuperaba no pudo mantener el negocio. Lo reinició al año siguiente con la ayuda de los mismos clientes que siempre la estimularon. De hecho las ventas empezarón a crecer y el espacio se hizo pequeño.

A principios de 2018 se trasladó a las actuales instalaciones. El proceso sigue siendo manual, aunque ya tiene previsto dar el paso a una mayor mecanización de la fabricación. Otra dificultudad ocurrió a partir de 2020.

Debido a los problemas logísticos que se generaron con la pandemia del Covid-19 a nivel global, los fabricantes de botellas empezaron a tener problemas en el transporte de materias primas. Además, aumentaron los costos.

Según la Cámara Costarricense de la Industria Alimentaria (Cacia), este sector se ve afectado —debido a que es una manufactura altamente dependiente de los precios internacionales de los insumos— por los incrementos en los costos de las materias primas y del petróleo, así como de la devaluación de la moneda.

La situación obliga a realizar ajustes. Bella Bucha , por ejemplo, pasó de una presentación de 500 mililitros una de 350 mililitros, la actual. Belle también tiene claro que debía dar pasos para mejorar la producción, la comercialización y la calidad.

Fue cuando contrató a Ericka Amador, para que le ayudara con diferentes proyectos en la planta. Se conocieron porque Ericka era consumidora del producto, lo compraba en el Automercado, y un día le planteó a Belle una reunión. Belle vio que necesitaba a alguien con el conocimiento profesional y la experiencia de Ericka. La contrató. “Coincidimos”, dice Ericka.

Ericka también había sido reclutada por Cacia para asesorar a las empresas que participarían en una nueva iniciativa llamada Pasión por el Sabor, dirigida a asesorarlas para que ampliaran sus canales de comercialización, principalmente, reuniendo las condiciones de formalización y calidad exigidas por las cadenas de supermercados.

Ericka vio la necesidad de que la empresa ampliara sus canales y le recomendó a Belle que participará en el programa de Cacia. A Belle le pareció bien, pues quería posicionar más la marca. Presentó el producto a Cacia e ingresó en el plan piloto junto 12 pequeñas empresas. Actualmente Cacia analiza los resultados de este piloto, con el propósito de realizar ajustes y mantener el programa de forma permanente. Ya hay empresas haciendo fila para ser elegidas. “Queríamos ser más participativos y no solo dar capacitación”, dice Henry Zúñiga, vicepresidente de Cacia.

Parte del proceso de asesoría, además de la comercialización, fue planificar la cadena de producción para que se mejorar la fabricación y la calidad del producto al consumidor.

La kombucha, al ser un producto con probióticos, no tiene pasteurización o ningún tratamiento térmico, por lo que hay que estabilizarla a baja temperatura. Esto ocurre en su tercera etapa de producción: primero se realiza la fermentación con el té y se mezcla con los sabores de las frutas; después se embotella, donde debe durar hasta tres días; por último, pasa al enfriamiento.

“El reto más bonito que hemos tenido es cómo planificar la producción, de tal forma que siempre tengamos un producto fresco y estable”, recalca Ericka.

El otro reto fue la comercialización. Inicialmente el producto se colocaba solamente en Automercado y, en Guanacaste, en Compre Bien, BPM y hoteles.

Ahora también se encuentra en la cadena Gessa (Peri y Saretto), Fresh Markets, Vindi y en varios hoteles, restaurantes y gimnasios, donde a los deportistas le gusta las propiedades de la bebida como un activador y por el conglomerado de frutas. Pronto estará en Megasuper. También se plantea la exportación a Panamá y el resto de Centroamérica, para lo cual trabaja con la Promotora de Comercio Exterior (Procomer).

“Belle tiene una inspiración muy bonita en cada kombucha”, destaca Ericka. “Cada bebida tiene una intención detrás, por el cariño que ella le ha puesto: Harmony o Lotus, por ejemplo, como un símbolo de resiliencia de muchas corrientes holísticas. Passion, el amor por lo que hacemos”.

Belle mira con orgullo y satisfacción las calificaciones que reibe.

—¿Cuándo salió de Montreal, usted pensó que llegaría a un rincón como este a tener su propia empresa?

—Nunca pensé eso— responde.— Hice muchos negocios propios y cuando vine a trabajar a Costa Rica fue todo un cambio de vida. Me gustó.

Carlos Cordero Pérez

Carlos Cordero Pérez

Carlos Cordero es periodista especializado en temas tecnológicos. Escribe para El Financiero y es autor del blog "La Ley de Murphy".

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