Por: Carlos Cordero Pérez.   13 septiembre, 2020
Muchos niños enfrentan una gran falta de materiales en escuelas rurales y escasa conectividad a Internet en sus hogares. (Foto archivo)
Muchos niños enfrentan una gran falta de materiales en escuelas rurales y escasa conectividad a Internet en sus hogares. (Foto archivo)

En los primeros meses de las cuarentenas por el COVID-19 las sociedades y economías de la región latinoamericana estuvieron paralizadas en lo físico, pero no en lo virtual.

La post pandemia estará caracterizada por una nueva demanda basada en canales en línea que implicarán un esfuerzo de los países y el sector privado por entregar un mejor servicio.

La nueva oferta estará basada en la flexibilidad, la cercanía local y la capacidad de reacción.

El problema es el desigual acceso entre sectores de la sociedad, lo cual exige que los gobiernos trabajen en al menos cinco líneas de acción y en garantizar una canasta básica digital a las familias.

“Los países adoptaron medidas para impulsar el uso de las soluciones tecnológicas”, afirmó Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). “Sin embargo, el alcance de esas acciones es limitado por las brechas en el acceso y uso de esas tecnologías y las velocidades de conexión”.

La entidad propuso cinco líneas de acción:

–Construir una sociedad digital inclusiva.

–Impulsar la transformación productiva.

–Promover la confianza y seguridad digital.

–Fortalecer la cooperación digital regional

–Avanzar hacia un nuevo modelo de gobernanza que promueva la igualdad, proteja los derechos económicos, sociales y laborales de la población, garantice el uso seguro de datos, y genere el cambio estructural progresivo

Además, propuso a los países de la región proveer a sus ciudadanos de una canasta básica de tecnologías de la información y las comunicaciones, con el fin de garantizar y universalizar la conectividad digital y enfrentar los impactos provocados por la pandemia del coronavirus.

Esta canasta estaría integrada por:

–Un computador portátil.

–Un teléfono inteligente.

–Una tableta.

–Un plan de conexión para los hogares no conectados y el cual tendría un costo anual inferior al 1 % del Producto Interno Bruto (PIB) en promedio regional.

Aumento y desigualdad

Desde el inicio de la pandemia fue evidente un incremento de la demanda y uso de aplicaciones digitales:

Aumento significativo del tráfico en sitios web y el uso de aplicaciones de teletrabajo, educación en línea o aprendizaje a distancia y compras en línea.

Más educación y trabajo remotos: entre el primer y segundo trimestre de 2020, el uso de soluciones de teletrabajo aumentó un 324% y la educación a distancia más del 60%.

Mayor presencia web de empresas: Entre marzo y abril de 2020, el número de páginas web empresariales aumentó 800% en Colombia y México, así como alrededor del 360% en Brasil y Chile.

Más comercio en línea: en junio de 2020, la presencia en línea de empresas de comercio minorista aumentó el 431% con respecto a junio de 2019.

La diferencia entre los estratos económicos más altos y más bajos, la infraestructura y las capacidades institucionales, incluyendo las habilidades de empresas y docentes, condiciona el acceso a esas aplicaciones.

Desigualdad escolar: en la región el 46% de los niños y niñas de entre 5 y 12 años vive en hogares que no están conectados.

Desiguadad en acceso a dispositivos: mientras entre el 70% y el 80% de los estudiantes en los niveles socioeconómicos más altos tiene computadoras portátiles en sus hogares, solamente entre el 10% y el 20% de los estudiantes pertenecientes a los quintiles de menores ingresos cuentan con estos dispositivos.

Desigualdad en acceso a Internet: en 2019, el 66,7% de los habitantes de la región tenían conexión a Internet. El tercio restante tiene un acceso limitado o no tiene acceso a las tecnologías digitales debido a su condición económica y social, en particular su edad y localización.

Desigualdad por hogares: en 12 países de la región, la cifra de los hogares del quintil de ingresos más alto (quintil V) que tiene conexión a Internet es un 81%, en promedio. El los hogares de menores ingresos (quintiles I y II) es del 38% y el 53%, respectivamente.

Desigualdad geográfica: las diferencias en la conectividad entre la zona urbana y la rural son significativas. En la región, el 67% de los hogares urbanos está conectado a Internet, en tanto que en las zonas rurales solo lo está el 23% de ellos.

Desigualdad por edades: en términos de grupos etarios, los jóvenes y adultos mayores son los que tienen menor conectividad, pues el 42% de los menores de 25 años y el 54% de las personas mayores de 66 años no tienen conexión a Internet.

Desigualdad en teletrabajo: en relación al porcentaje de puestos de trabajo que pueden migrar al teletrabajo, el reporte precisa mientras en Europa y Estados Unidos casi el 40% de los trabajadores puede trabajar desde su hogar, en América Latina solo el 21% de los ocupados podría teletrabajar.

Las tarifas son determinantes: el costo del servicio de banda ancha móvil y fija para la población del primer quintil de ingresos llega al 14% y el 12% de su ingreso, respectivamente, lo cual es seis veces mayor que el umbral de referencia del 2% del ingreso recomendado por la Comisión de Banda Ancha de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).