En la tercera temporada de la serie Friends, Mónica sale con un millonario de la industria tecnológica llamado Pete Becker, que luego quiere convertirse en estrella de luchas de la Ultimate Fighting Championship (UFC) y le va muy mal.
“Eres el peor luchador”, le dice Mónica a un Becker enyesado del cuello para abajo.
Pero eso no es lo que me interesa contarles.
Es esto: en un episodio, Becker (interpretado por el actor Jon Favreau) le explica a Mónica (Courteney Cox) que en el futuro las personas le hablarán a las computadoras, que le darán órdenes (como que lave el auto) y que la computadora entenderá (aunque no pueda lavar el auto).
En otros episodios, vemos a Becker conversando a través de un “videoteléfono” en su oficina. Tiene uno en su lujoso apartamento, donde también hay control de voz para la iluminación.
Estando en el apartamento de Becker para regar las plantas, pues él anda de viaje, todos piensan que le propondrá matrimonio a Mónica a su regreso.
Ross le dice a su hermana Mónica que llame a su madre para contarle, pese a que es una sospecha aún.
“Llama a mamá, llama a mamá”, le grita Ross a Mónica.
De repente, en el videoteléfono aparece la madre de Becker: el dispositivo también funciona con comandos de voz.
A través de las 10 diferentes temporadas, vemos cómo van apareciendo los celulares y las computadoras y su evolución. Era la época.
No es la única serie donde aparecen tecnologías que estaban en incubación o en desarrollo y que ya son una realidad.
Entre los clásicos: la serie de televisión Superagente 86, emitida entre 1965 y 1970, y Regreso al futuro (1985). Podríamos extender la lista al infinito y mucho más.
Lo de los comandos de voz ya están en las computadoras y se espera que este año 2026 se perfeccionen.
En una nota de estas semanas les conté sobre diferentes aplicaciones de traducción de voz a texto apoyados con la IA que se pueden utilizar en su laptop o computadora personal.
Predecir el futuro, las tecnologías que vendrán y sus consecuencias no es sencillo. A Hollywood sí le es más sencillo.
En Yo, robot (2004) hay una rebelión distópica, que esperamos no suceda. Lo que sí vamos viendo es que la evolución tecnológica, con androides que sustituyen a las personas en diferentes labores, hace que la actualidad empiece a ser cada vez más una mayor imitación de la película donde aparece Will Smith.


La industria de comercio al detalle observa con interés el proyecto de Amazon para automatizar el 75% de las operaciones en sus centros de logística. Muchos de estos robots vienen con esteroides: la inteligencia artificial (IA).
En lo inmediato, la reducción de empleos en otras áreas de Amazon —en parte para reducir costos por la planilla, que creció durante la pandemia, y en parte para eliminar puestos cuyas tareas pueden ser realizadas por la IA— dejó claro que viene un tsunami.
O que tal vez ya estamos en él.
"No tenemos ni idea de lo que se nos viene encima“, dijo el creador del bot Claude y CEO de Anthropic, Dario Amodei, en el Foro Económico Mundial recién realizado en Davos.
Lo que sí está claro es que el uso de la IA se expande a pesar de las preocupaciones sobre el empleo, la seguridad y la privacidad de los datos, los riesgos en salud y los peligros para la democracia.

En las empresas, por ejemplo, la expansión es un hecho.
En 2023 el 55% de las organizaciones usaba la IA en diferentes sistemas corporativos. Se espera que en este 2026 alcance al 80% de las compañías, según McKinsey y otras compañías de estudios de mercado.
Aquí habría un incremento de la productividad, que impulsaría el crecimiento económico en un 10%. El impacto en el desempleo será proporcional, sin embargo.
Si bien esa es una predicción, hay indicios.
Una investigación reciente de economistas de la Universidad de Stanford encontró que las oportunidades de empleo para los jóvenes están en declive.
Además, varios gigantes tecnológicos, aparte de Amazon, señalan a la IA como justificación para reestructurar sus operaciones y reducir planillas.
Las personas también estamos utilizando la IA en la cotidianidad cada vez más.
La revista Wired lo preguntó: un profesor de la Universidad de California en Berkeley usa los bots basados en los grandes modelos de lenguaje (LLM, por sus siglas en inglés) para responder a cualquier pregunta; el director del musical Wicked, para obtener consejos sobre la salud de sus hijos; una estudiante de Berkeley, para editar sus poemas; y la esposa de Amodei, Daniela, para enseñar a su hijo mayor a ir al baño.
Pasemos ahora de los testimonios a los datos.
Un estudio de Pew Research indica que casi dos tercios de los adolescentes estadounidenses usan chatbots y otro estudio de YouGov muestra que el 35% de los adultos de EE. UU. afirma usar la IA a diario, aunque el 41% desconfía mucho de ella y solo el 5% le tiene confianza total.
A nivel mundial el panorama es más polarizado, pero muestra que el uso de la IA se expande pese a que las plataformas como ChatGPT surgieron hace poco tiempo.
Un informe de Microsoft, aliada de OpenAI y propietaria del bot Copilot, indica que una de cada seis personas en el mundo utiliza herramientas de IA.
En el Norte (donde se alcanza un promedio del 25% de la población en edad de laborar) más que en el Sur (14%).
En algunos mercados como EE. UU., Europa, China (que vive un boom desde el lanzamiento de DeepSeek), Japón, Emiratos Árabes Unidos, Singapur y Corea del Sur es más dominante. En Emiratos llega hasta el 64%.
Otros países no se quedan rezagados. En Corea del Sur la firma OpenAI tuvo que abrir una oficina, pues su ChatGPT se usa en todo lado: escuelas, lugares de trabajo y servicios públicos.
¿Y cómo estamos aquí?
El informe de Microsoft indica que en Costa Rica casi 3 de cada 10 personas usan la IA. El país es el de mayor adopción de esta tecnología en América Latina.
¿Usted está entre ese porcentaje de ticos y ticas que usa la IA?
¿Y su empresa?
¿Cómo usan la IA?
¿Qué podemos esperar en el futuro inmediato?
Tal vez estemos cerca del momento donde usted pueda dar el comando de voz a un dispositivo para lavar el auto... y que su orden se cumpla.
