
Hace unos años escribí sobre por qué caminar no siempre es suficiente y sobre qué quema más grasa: correr o caminar. Ahora la ciencia viene a agregarle un tercer competidor al ring: la natación.
Un estudio publicado en revista Scientific Reports comparó los efectos de nadar y correr sobre el corazón en condiciones idénticas: misma duración, misma intensidad, cinco días a la semana durante ocho semanas.
El resultado fue que nadar produjo corazones más grandes y más fuertes que correr, incluso cuando el esfuerzo fue exactamente el mismo.
¿Y eso es bueno?
Cuando el corazón crece por enfermedad —presión alta crónica, por ejemplo— ese crecimiento es problemático. Pero cuando crece en respuesta al ejercicio, es lo contrario: se vuelve más eficiente, bombea mejor y se recupera más rápido.
Lo que encontró este estudio es que la natación activa ese tipo de crecimiento saludable de una forma que correr, en estas condiciones, no logró igualar.
En el estudio, los sujetos desarrollaron mayor masa cardíaca, células del músculo del corazón más anchas y más fuerza en ese músculo que las que corrieron en banda. ¿Por qué? Porque, al estar sumergidos, la presión que ejerce el agua sobre el cuerpo hace que el corazón reciba más volumen de sangre con cada latido — y ese desafío de volumen parece ser un estímulo más potente para el crecimiento cardíaco que la presión que genera correr.
Pero, suave un toque, que esto se halló en ratas. Sip. Eso importa decirlo con todas las letras; pero esto es un estándar científico común porque permiten controlar condiciones que en humanos son imposibles de controlar. Así que, si empieza a nadar mañana, puede que su corazón no le empiece a crecer inmediatamente.
Lo que sí podemos decir, basándonos en lo que la ciencia acumula sobre humanos, es que correr y nadar mejoran la capacidad cardiovascular de manera comparable y que, a nivel del músculo cardíaco específicamente, la natación podría tener una ventaja estructural que vale la pena seguir investigando.
Además, natación es ejercicio bajo impacto que trabaja el core, ideal para cualquiera con dolor de espalda. Así que, si está en sus posibilidades hacerlo, ¡dele viaje!
¿Y caminar dónde queda en todo esto?
Pues, no solo mantiene al metabolismo en zona quema grasa (cuando se camina a paso adecuado), sino que es la opción más amigable para las articulaciones, especialmente si tiene sobrepeso o lesiones, cuando la natación ha sido descartada como posibilidad. Por eso, siempre es el punto de partida que recomiendo para quien apenas empieza.
Entonces, ¿cuál escoge?
La respuesta honesta es: la que pueda hacer con consistencia. No se trata de cuál gana. Se trata de cuál le funciona a usted, hecho con suficiente intensidad y suficiente frecuencia. Ese es el que va a mover la aguja.
