El discurso del Gobierno sobre la economía costarricense cambió sensiblemente en el último año. En 2025, el expresidente Rodrigo Chaves aseguraba que Costa Rica se había convertido en un “ejemplo en toda Latinoamérica”, que el dinero estaba “alcanzando” y que “lo mejor” estaba “por venir”. Hoy, en cambio, la Presidencia sostiene que el Estado necesita recortes y que el país podría enfrentar un “escenario catastrófico” si no se toman medidas.
EF comparó dos momentos específicos para documentar esa evolución del discurso.
Como referencia del primer relato, se revisó el discurso que pronunció Chaves ante la Asamblea Legislativa, en mayo de 2025: su penúltima rendición de labores.
Como referencia del segundo, se analizó la conferencia de prensa de este 22 de julio, en la cual el Gobierno presentó una nueva agenda fiscal para contener el crecimiento de la deuda pública.
Mientras el informe de labores proyectaba una economía que había dejado atrás la crisis, el mensaje actual pone énfasis en los riesgos futuros y en la urgencia de evitar un nuevo descarrilamiento.

Cambio de narrativa
Cuando Rodrigo Chaves rindió cuentas ante la Asamblea Legislativa en mayo de 2025, la economía ocupó un lugar central entre los logros de su administración. Aquel discurso era su penúltima rendición de cuentas, pero la última frente a los anteriores diputados y antes de las elecciones nacionales.
En aquella intervención, Chaves aseguró que la economía costarricense era “ejemplo en toda Latinoamérica y muchos lugares del mundo”, sostuvo que el país avanzaba “como nadie se podía imaginar”, aseguró que “el dinero nos está alcanzando” y concluyó diciendo que “lo mejor está por venir”.
El optimismo económico marcó la exposición e incluso quedó reflejado en el primero de varios vídeos institucionales que proyectó durante la sesión solemne. En el material audiovisual se afirmaba que el Gobierno había “arreglado la Hacienda pública”, que la deuda pública del país estaba “disminuyendo” y que eso le dejaba al Estado “más plata para aumentar los salarios, las pensiones e invertir en obra pública”.
Entre aquel discurso y la conferencia del pasado 22 de julio transcurrieron las elecciones nacionales, Laura Fernández asumió la Presidencia y Rodrigo Chaves regresó al Poder Ejecutivo como nuevo ministro de la Presidencia y de Hacienda.
Sin embargo, aunque el oficialismo logró retener el poder, su diagnóstico económico cambió de manera significativa.
En lugar de describir una economía que ya ha dejado atrás la crisis, el nuevo mensaje pone énfasis en los riesgos futuros. El Ejecutivo plantea la necesidad de reducir el gasto público por medio de recortes presupuestarios, habla sobre la urgencia de fortalecer el combate contra la evasión y el contrabando, e incluso sugiere revisar exoneraciones tributarias para evitar un nuevo deterioro de las finanzas públicas.
El Gobierno ahora sostiene que, “si no hacemos nada, la deuda llegará en 2031 a un 68,8% del PIB”: “un escenario catastrófico a nivel económico”.
¿Nuevas reparaciones?
Hace un año, el gobierno de Chaves sostenía que la casa ya estaba “ordenada” y destacaba la reducción de la deuda, el crecimiento económico, el empleo y la estabilidad macroeconómica como evidencia de una recuperación alcanzada.
El chavismo se atribuye esos resultados, a pesar de que diversos investigadores y economistas han advertido que esa evolución responde también a otros múltiples factores externos, por ejemplo, la aprobación de la reforma fiscal en 2018, la implementación de la regla fiscal, la caída extraordinaria de la actividad económica durante la pandemia y el posterior “rebote”, y cambios demográficos que han incidido en indicadores como el desempleo, la participación laboral o la pobreza.
Ahora, sin embargo, el gobierno de Laura Fernández sostiene que “reparar la casa fue apenas el comienzo”. Así se escuchó en uno de los vídeos divulgados por la Presidencia durante la presentación de la nueva agenda fiscal, encabezada por Rodrigo Chaves como nuevo ministro de Hacienda.
La economía es “mucho más robusta” y ya no está “al borde del colapso”, decía el mismo material audiovisual, pero el país todavía oscila entre un escenario “favorable” y otro “catastrófico”, dependiendo de las nuevas medidas.
La transición de un discurso hacia el otro es sutil, pero relevante, porque es la justificación para impulsar nuevas medidas fiscales. Entre ellas, Chaves ha declarado que se impulsarían nuevas herramientas de cobro para Hacienda, medidas contra la evasión y el contrabando, y reducciones de exoneraciones, incluida la revisión del tratamiento diferenciado a los bienes de la canasta básica.
Durante su mandato, Chaves ya había presentado iniciativas para establecer un nuevo esquema de renta global, reformar el Código de Normas y Procedimientos Tributarios, y eliminar o reducir algunas exoneraciones tributarias menores. Sin embargo, aquellas propuestas nunca ocuparon un lugar central dentro de su discurso económico ni se convirtieron en una prioridad de su gestión.
Tampoco avanzaron en la Asamblea Legislativa, en donde el oficialismo era minoría. El gobierno chavista terminó decantándose por confrontar con los partidos de oposición y mantener una estrategia limitada de negociación, que apenas ejerció en casos muy puntuales.
Hoy, en cambio, buena parte de esa agenda reaparece como la principal respuesta del Gobierno frente a los riesgos fiscales que describe y que pretende batallar con su nueva mayoría en el Congreso.

Cambio de proyecciones
El giro discursivo del Gobierno coincide con un cambio relevante en las proyecciones elaboradas por el propio Ministerio de Hacienda.
En el Marco Fiscal de Mediano Plazo publicado en 2025, la cartera estimaba que la deuda pública continuaría descendiendo y permanecería por debajo del 60% del producto interno bruto (PIB) durante los próximos años.
En cambio, la actualización presentada este año modificó ese panorama y Hacienda ahora estima una trayectoria ascendente del endeudamiento, que podría acercarse al 70% del PIB hacia inicios de la próxima década, si no se adoptan cambios para aumentar los ingresos o reducir los gastos estatales.
La deuda ya empezó una nueva trayectoria ascendente desde el 2025, cuando cerró de nuevo por encima del 60% del PIB, luego de que había caído por debajo de esa barrera el año anterior.
El Marco Fiscal más reciente de Hacienda atribuye el deterioro de las proyecciones a la desaceleración de la economía costarricense, al menor dinamismo del comercio internacional y al enfriamiento de varios sectores productivos.
Chaves también ha responsabilizado públicamente a decisiones adoptadas por la Asamblea Legislativa anterior, que modificó el impuesto de renta para trabajadores independientes, el cobro del impuesto sobre la propiedad de vehículos y le cerró las puertas a Hacienda para gravar ciertas ganancias en el extranjero.
Otros economistas añaden factores distintos, como el impacto del tipo de cambio sobre la recaudación o algunas decisiones tributarias adoptadas por el propio Ejecutivo vía decreto, las cuales redujeron tarifas de impuestos al consumo y cambiaron esquemas de valoración fiscal de vehículos.
Durante la conferencia del 22 de julio, la presidenta Fernández insistió en que Costa Rica sigue siendo una “economía jaguar”: el término que Bank of America usó hace dos años para hablar sobre el desempeño productivo costarricense y que fue adoptado por el oficialismo como una marca propia de su gestión financiera. Pero la posibilidad de que también ocurriera una “catástrofe” económica, había resonado solo unos segundos atrás, en el mismo escenario.
