Por: María Luisa Madrigal.   31 diciembre, 2018
Mientras el dólar compensa a los productos de exportación, los del mercado interno salen perdiendo porque tienen que pagar más. Fotografía: John Durán
Mientras el dólar compensa a los productos de exportación, los del mercado interno salen perdiendo porque tienen que pagar más. Fotografía: John Durán

El año del sector agropecuario costarricense fue de contrastes. Los más optimistas rescatan algunos destellos y apelan a una mejor planificación para el 2019. Los más críticos no ven mayor ganancia.

En lo que sí está de acuerdo el grueso del sector, es en los factores más importantes que marcaron el 2018. Y también en lo que dependerá el próximo año para cosechar más éxitos.

El clima y el tipo de cambio del dólar son dos de los pinceles que pintaron el año del agro nacional.

Mientras tanto, la planificación para el 2019 crece en torno a la inminente sequía y una posible volatilidad –nuevamente– del dólar. Paralelamente, otros productos considerados no tradicionales en la agricultura nacional, comienzan a ganar adeptos lejos de las fronteras.

El peso del tipo de cambio

Mientras el dólar se movía en las ventanillas de los bancos hacia arriba, una parte de los agricultores nacionales se frotaba las manos. Para los exportadores, el incremento que tuvo el precio de la divisa en el 2018 significó simplemente mejores resultados.

Las ventas fuera del país se cobran en dólares, mientras que a nivel nacional la producción camina en colones. Por las mismas ventas, los exportadores recibieron más dinero.

Todo lo contrario vivieron los productores nacionales que se dedican a abastecer el mercado interno. El tipo de cambio significó un incremento en el costo de la producción, porque aunque dentro del país se pague en colones, muchos de los insumos –desde agroquímicos hasta herramientas– son importados en divisa extranjera.

Es decir, mientras el dólar compensa a los productos de exportación, los del mercado interno salen perdiendo porque tienen que pagar más. En esto concuerdan Renato Alvarado, ministro de Agricultura y Ganadería (MAG) y Juan Rafael Lizano, presidente de la Cámara Nacional de Agricultura y Agroindustria.

Sumado a esto, los agricultores hace esfuerzos a pesar de los altos costos, de acuerdo con Guido Vargas, presidente de la Unión de Pequeños Productores Agropecuarios Costarricenses (UPA Nacional), para quien en Costa Rica los precios de diesel y la gasolina son más altos que en el resto de la región. Estos son insumos fundamentales para el agro.

Igualmente el salario básico es más alto que en el resto de la región con la que se compite. Mientras en países como México el sueldo base apenas supera los $100, en Costa Rica es de más de $600, según Alvarado.

Los altos estándares sanitarios pesan, pero este debería ser un peso positivo que ayude a que el inconstante tipo de cambio sea menos fuerte para los agricultores nacionales, según el jerarca del MAG.

El éxito del agro toma relevancia cuando se ponen en perspectiva sus alcances. El 34% de la totalidad de las personas ocupadas en las zonas rurales se dedican a esta actividad. Es el mayor empleador dentro de la zona rural y en muchas comunidades es prácticamente el único, de acuerdo con los datos de UPA Nacional.

Sin embargo el crecimiento del área viene en desaceleración. El Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) demuestra un crecimiento bastante menor que hace un año en el sector agropecuario.

Mientras en el 2017 el crecimiento fue de 3,61 puntos -dato que incluso superaba el IMAE general-, en el 2018 apenas llega a 0,8 puntos y está por debajo del índice general que es de 2,1 puntos. En ambos años comparando los meses de octubre -dato más actualizado-.

El clima

Durante el 2018 el clima fue benévolo más allá de las inundaciones en el Caribe que se atendieron rápidamente, de acuerdo con el Ministro de Agricultura.

Entendiendo que las emergencias climáticas ya no son una casualidad, sino que muchas se pueden prevenir, el Gobierno tomó la decisión de trabajar en medidas de prevención contra la sequía que generará el fenómeno de El Niño en el país.

Desde talleres preventivos para los productores, hasta la planificación de los sistemas de riego -con el uso de canales- además de planes específicos por zonas agrícolas para poder abastecer de agua.

El Gobierno destinó ¢5.210 millones en total, para enfrentar la inminente sequía, prevista para el 2019. De estos ¢1.800 millones son para el Servicio Nacional de Aguas Subterráneas, Riego y Avenamiento (Senara), específicamente para llevar agua a zonas con dificultad de acceso.

La ganadería, la sandía, el melón, la caña de azúcar y algunas hortalizas son producciones que podrían verse afectadas seriamente por El Niño.

Lo que viene

El objetivo principal para el 2019 es conseguir un agro más eficiente y en esto coinciden los diferentes actores. Para lograrlo, los retos pasan por descubrir mercados, potenciar nuevos productos, fortalecer el mercado interno y en general, ser más productivos.

El reto es visto con mejores ojos desde el Estado, quienes creen que el planeamiento para el 2019 no solo mejorará las exportaciones sino la producción local. Contrariamente, las cámaras vaticinan un crecimiento mucho más moderado en los cultivos -en caso de que haya del todo- y más bien señalan caídas importantes en producciones de café y caña de azúcar. La producción en fanegas de café para la cosecha del 2918-2019 es la más baja desde 1977.

Las exportaciones del sector agropecuario representan casi la mitad del total de los bienes que exporta Costa Rica a otros países. Este número es constante a lo largo de los años y el 2018 no es la excepción. En total, la cobertura agropecuaria representó un 44,6% del total de los bienes que el país vendió afuera, lo que es lo mismo que $3.796 millones.

Es por eso que el MAG planteó la posibilidad de impulsar a productores pequeños que no son eficientes –muchas veces dedicados a una agricultura familiar y más de subsistencia– a cambiar sus productos por cultivos con más opciones de comercialización.

Es decir, desarrollar más capacidades agroempresariales y no tanto una agricultura de supervivencia.

En este campo entra “Descubre”, un nuevo proyecto que identifica en el mercado internacional, los productos que sean rentables y competitivos. A partir de esto, impulsar su producción a nivel nacional, para después exportarlos.

Las primeras investigaciones de Procomer apuntan hacia la pitahaya y el cacao. Aunque Descubre empezó como una iniciativa exclusiva para la península de Nicoya, en el 2019 el MAG pretende extenderla a Guatuso, Upala y Los Chiles, y posteriormente a la zona sur.

El cacao costarricense es un bien conocido fuera de las fronteras nacionales. Durante el 2018 se exportaron 2.624 toneladas métricas de la fruta. En dólares, poco más de $8,6 millones. Por su parte, la pitahaya aún se mueve en números tan pequeños que son casi imperceptibles.

Otro reto importante –y uno de los que más reclaman los productores– es la entrada al país de nuevos productos para enfrentar las plagas y enfermedades de cultivos, así como para el tratamiento animal. Lizano cataloga esto como “un atraso constante”. Estos productos son la norma en otros países. Prometen ser más amigables con el ambiente y de menor costo.

“Hay que hacer un esfuerzo en la competitividad pero no solo deben darla los agricultores, sino el estado debe ser competente. Hay exceso de trámites y complicaciones de acceso al mercado”, declaró Guido Vargas.