A pesar de la polarización política que atraviesa Costa Rica —donde un tercio de la población respaldó la continuidad del gobierno, otro tercio la rechazó y el tercio restante dejó de votar—, los niveles de convivencia democrática siguen siendo relativamente altos.
Así lo determinó la más reciente encuesta del Centro de Investigación y Estudios Políticos de la Universidad de Costa Rica (CIEP-UCR), publicada este mes de mayo.
El centro académico entrevistó a 1.005 personas, entre el 20 y el 29 de abril, para un margen de error de solo 3 puntos porcentuales.
En este artículo, le mostramos los principales resultados del estudio.

¿Incómodos?
Ya sean parejas, familiares, amistades, vecinos, compañeros de trabajo o jefes, entre un 53,2% y un 58,8% de las personas dicen sentirse cómodas compartiendo con personas que apoyan a otro partido político. En contraste, entre un 12,5% y un 14,6% mencionan sentirse incómodos en esos escenarios.
En el medio, queda cerca de una tercera parte de la población que dice no sentirse “ni cómoda ni incómoda”.
Para el CIEP-UCR, los resultados reflejan niveles de convivencia superiores a los observados en contextos más polarizados como Estados Unidos.
“La ciudadanía costarricense muestra niveles elevados de comodidad”, concluyó el informe de resultados, “mostrando una baja distancia política entre las personas con actitudes y comportamientos políticos divergentes”.
Chavismo menos tolerante
Aunque los datos generales son positivos, la encuesta sí detectó diferencias importantes entre grupos políticos.
Las personas afines al oficialismo del expresidente Rodrigo Chaves y de la actual presidenta Laura Fernández muestran una menor disposición a conversar con quienes votaron distinto.
Mientras solo un 19,5% de las personas que votaron a la oposición respondieron sentirse incómodas hablando con alguien que votó diferente, el porcentaje sube hasta un 34,7% —una de cada tres personas— entre quienes respaldaron al gobierno.
Este fenómeno podría estar relacionado, al menos en parte, con una menor tolerancia hacia la crítica política entre las personas afines al oficialismo.
Hasta un 44,2% de las personas que valoran positivamente la gestión de Chaves consideran que ”no está bien que critiquen la gestión del mandatario porque le hace daño al país".
Entre los opositores, la cifra cae a un 14,4%; mientras que el promedio general es de un 35,2% en todo el país.
Además, aunque un 63,6% de las personas que valoran positivamente al gobierno de Chaves considera que es positivo para el país criticar a cualquier presidente, el número cae considerablemente (casi 8 puntos porcentuales) cuando se dirige específicamente al exmandatario y actual ministro de la Presidencia y Hacienda.
“Es decir, quienes aprueban su gestión muestran menor disposición a tolerar las críticas dirigidas hacia él”, redactaron los investigadores en el informe de resultados; quienes lo plantearon como un claro “sesgo de lealtad en la percepción de la crítica política”.
La gran advertencia
Los datos relacionados con el chavismo no son del todo sorpresivos. El propio Chaves ha impulsado un contexto de confrontación política con la oposición y las instituciones de control, en busca de posicionarse como la única alternativa a la política tradicional costarricense.
Dicha estrategia, coinciden múltiples investigadores, ha sido exitosa a la hora de conceder popularidad al expresidente y a su movimiento político.
El discurso confrontativo se convirtió en una de las principales marcas políticas del chavismo durante sus años en el poder. Las críticas y los ataques contra partidos tradicionales, medios de comunicación, universidades públicas, diputados, jueces y órganos de control fueron constantes y ayudaron a construir una narrativa de enfrentamiento entre el oficialismo y el sistema.
A pesar de ese contexto, los datos sugieren que la polarización todavía no rompe del todo la convivencia cotidiana entre los costarricenses. La mayoría sigue dispuesta a convivir con personas que piensan distinto, incluso en espacios íntimos.
No obstante, la encuesta también deja una advertencia clara: la tolerancia democrática parece disminuir cuando la discusión gira en torno a líderes fuertes y con identidades emocionalmente bien definidas como el caso de Rodrigo Chaves, quien seguirá ocupando un lugar central dentro del gobierno de Laura Fernández.

