José Raúl Mulino no entró a la carrera presidencial sino hasta febrero de 2024. Lo hizo para remplazar in extremis a Ricardo Martinelli, el popular ex presidente de derecha, quien sigue asilado en la embajada de Nicaragua condenado por blanqueo de dinero y fue inhabilitado en marzo. “¡Misión cumplida Ricardo!”, declaró el presidente electo tras su triunfo.
“Se acabó la persecución política. Se acabó la manipulación del Ministerio Público. Se acabó la manipulación de jueces y magistrados. Se acabó esa vaina”, dijo Mulino en su discurso respecto los numerosos procesos judiciales abiertos contra Martinelli.
“Sin duda actuará como consejero informal del presidente”, afirma a RFI Kevin Partenay, experto en America Central y profesor en la Universidad de Tours.
Mulino obtuvo un 34% de los votos frente al 25% del centroderechista Ricardo Lombana, el candidato independiente frente la clase política tradicional de Panamá.
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El nuevo jefe de Estado asumirá sus funciones el 1° de julio, pero no dispondrá de mayoría en una Asamblea Nacional muy dividida. Los resultados de las legislativas celebradas ese mismo domingo fueron mucho más dispares, con un aumento de los independientes en particular.
Ante la crisis financiera y las tensiones sociales que aumentan en Panamá, presidente electo prometió sobre todo reactivar la economía. “No podemos hacerlo sin un gobierno favorable a la empresa privada”, enfatizó.
“El país vive una serie de crisis: económica, ambiental, migratoria. El presidente necesita un apoyo fuerte del Parlamento y será difícil cumplir con las promesas de campaña. Después del mandato de Laureano Cortizo, el déficit es enorme”, explica Partenay.
Gobernar con mano dura
Una mayoría de panameños, según una encuesta reciente, considera que el exmandatario de 74 años gobernará tras bastidores a partir del 1 julio, pero Mulino dijo en su discurso no ser “títere de nadie”.
Analistas ven posible que, no obstante, le otorgue a Martinelli, sancionado por Washington por corrupción “a gran escala”, imputado por espionaje telefónico y sobornos, un indulto o al menos un salvoconducto para que viaje a Nicaragua.
Lo que haga con él “tendrá implicaciones internacionales, en particular con Estados Unidos”, dijo a la AFP Francisco Rojas, rector de la Universidad para la Paz de la ONU, con sede en Costa Rica.
Ministro de Seguridad del gobierno de Martinelli (2009-2014), el futuro presidente panameño tiene fama de autoritario y la prensa le recuerda la represión de protestas en esa época.
Ahora, deberá también encarar la crisis migratoria en la peligrosa selva del Darién, que, a rajatabla, prometió “cerrar” para evitar que los migrantes, en su mayoría venezolanos, pasen por ahí rumbo a Estados Unidos.
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Mulino reconoce tener un carácter fuerte y que no despierta simpatías. “No me río mucho, pero sé hacer las vainas como tienen que hacerse”, dijo a sus simpatizantes el domingo por la noche.