Por: María Fernanda Cisneros.   20 agosto
Las pérdidas en Wall Street se aceleraron el miércoles 14 de agosto debido a que los débiles datos económicos de China y Alemania, y un punto de referencia clave del Tesoro de Estados Unidos exacerbaron los temores de recesión global. Johannes Eisele/AFP
Las pérdidas en Wall Street se aceleraron el miércoles 14 de agosto debido a que los débiles datos económicos de China y Alemania, y un punto de referencia clave del Tesoro de Estados Unidos exacerbaron los temores de recesión global. Johannes Eisele/AFP

Varios meses de contracción de la producción, desempleo al alza, ventas a la baja e ingreso de la población en picada. Estos son algunos signos de cómo se manifiesta una recesión.

El temor de que esta sea la realidad económica mundial y en particular de Estados Unidos, en los próximos 12 meses, aumentó al punto de agitar los mercados bursátiles de esa nación.

A mediados de agosto, la curva de rendimiento de los bonos del Tesoro de Estados Unidos (EE. UU.) se invirtió, algo no sucedido desde la Gran Recesión. Es decir, los intereses ofrecidos por los bonos de dos años superaron a los de diez años.

Los inversionistas buscan mayores rendimientos por los bonos de corto plazo que por los de largo plazo, una muestra de la desconfianza en la solidez de la economía a futuro.

¿Puede Estados Unidos encaminarse a una recesión? Todavía hay muestras de que la economía puede crecer y evitar la contracción.

Todo dependerá de la ruta que siga la guerra comercial entre EE. UU. y China, enfrentamiento al que hay que seguirle el pulso a diario, al igual que las tensiones petroleras.

Esta puja comercial drena la confianza de empresarios y consumidores. En caso de que continúe por mucho más tiempo, los mercados se agitarán más y las presiones porque la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) recorte más las tasas de interés se sostendrán.

La diferencia entre el bono estadounidense a 2 y 10 años es uno de los indicadores más vigilados por los mercados, al adoptar una posición predictora de una contracción de la economía. A partir de esa curva, la Reserva Federal de Nueva York elabora un índice sobre la probabilidad de una recesión.

Este cálculo muestra una tendencia al alza desde 2018.

La economía estadounidense está en un punto de quiebre. Puede crecer a un paso más lento pero sólido, o desacelerarse hasta caer en una recesión. Eso sí, la profundidad estaría lejos de simular lo vivido en 2008. El golpe sería menor.

“Existe la posibilidad de una recesión mas no de la magnitud del 2008”, afirmó Silvia Vong, Jefa de Riesgo de Banco Cathay.

Así lo predicen economistas en el mundo, y analistas de Costa Rica hacen la misma lectura aunque con especial interés en los golpes que puede recibir la economía local.

Si Estados Unidos se desacelera, la demanda externa que recibe Costa Rica se verá afectada. El sector turismo y las exportaciones del país, serían las más lastimadas. Estas últimas crecieron apenas 0,9% a junio 2019 (6% un año atrás), según datos del Banco Central de Costa Rica (BCCR).

“La otra área afectada sería la fiscal, al erosionarse el rendimiento de la reforma fiscal producto de la desaceleración económica”, dijo Silvia Jiménez, gerente de inversiones de Mercado de Valores.
El Estados Unidos de hoy

La producción total se estancó en junio y perdió 1,2% en el segundo trimestre del 2019, respecto al año previo.

El trago amargo llegó a la producción industrial, al caer 2,2% para el segundo trimestre de 2019.

“La producción manufacturera ha soportado el peso de las incertidumbres arancelarias y la desaceleración de la actividad económica global”, apuntó un análisis de RDQ Economics citado por la agencia de noticias AFP.

Las importaciones son más débiles, en parte debido al efecto de los aranceles, mientras las exportaciones son robustas.

La estabilidad en el nivel de desocupación es una señal positiva. La tasa de desempleo se situó en 3,7% en julio, similar a lo visto recientemente.

También, los salarios aumentaron 3,2% en el último año, aun con una inflación en 1,7%.

Lo anterior permitió que el consumo crezca y empuje la economía.

En la acera de las noticias agridulces, la generación de empleo bajó de 193.000 a 164.000 de junio a julio.

Ambas cifras están por debajo de lo visto hace un año. Entre enero y julio del 2018, Estados Unidos generó un promedio de 223.000 nuevos empleos por mes. En igual periodo del 2019 fueron 172.000.

No obstante, el mercado laboral sigue siendo fuerte, según la Reserva Federal (Fed) estadounidense.

Toda esta realidad está bajo nubarrones mundiales. La economía global está colmada de incertidumbre.

Alemania cae 0,1%, China registró la producción más baja de los últimos 17 años y la Zona Euro se ralentizó.

Los principales bancos centrales del mundo podrían aplicar nuevas reducciones de tasas de interés en los meses venideros.

Al cierre de julio, la Fed bajó las tasas por primera vez en once años y estos estímulos pueden suavizar la desaceleración.

Analistas advierten que la guerra comercial entre China y Estados Unidos debilita la confianza, por lo que las empresas se abstienen de gastar capital.

Si el presidente norteamericano Donald Trump establece un arancel de 10% sobre las importaciones chinas, le costaría 0,1 puntos porcentuales al crecimiento de Estados Unidos y $200 por hogar en 2020, calculan economistas de Oxford Economics, según AFP.

Recientemente Trump anunció que retrasaría al 15 de diciembre la entrada en vigencia de algunos impuestos, programada originalmente para setiembre.

Por ahora, se rechaza la idea de una recesión a corto plazo.

La economía crecería a un ritmo de 2,6% en 2019, estima el Fondo Monetario Internacional (FMI), para luego bajar a 1,9% en 2020. Sin embargo, permanecen sobre estos pronósticos se mantienen grandes nubes de incertidumbre.