Por: María Fernanda Cisneros, Sergio Morales Chavarría.   6 febrero
"Eran operaciones de naturaleza no recurrente, que son muy necesarias para el país, las que explicaban ese desvío (del déficit en 2019) en relación con las proyecciones originales que se habían compartido desde el Ministerio de Hacienda y se habían publicado en la previsión del Programa Macroeconómico". Fotos: Mayela López

Las previsiones del Banco Central para el bienio 2020-2021 incluyen un mayor dinamismo del crédito, una moderada recuperación de la economía y una fuerte contracción del déficit fiscal luego de la desalentadora cifra del 2019.

Rodrigo Cubero, presidente de la autoridad monetaria, defiende que el aumento del déficit fiscal al 2019, al 7% como porción del Producto Interno Bruto (PIB) cuando se había previsto un 6,3%, correspondió a gastos ineludibles en ese año. Al mismo tiempo, afirma que pasar a la cifra del 5,9% en 2020 es completamente posible.

EF conversó con Cubero sobre este tema y sobre las perspectivas de la mejora en confianza e inversión privada para el año en curso.

A continuación un extracto de la entrevista:

¿No cree que la cifra del 7% del déficit fiscal en 2019 se puede traer abajo la leve recuperación que había mostrado la confianza de los consumidores y empresas?

— Esperamos que no, porque el tema en las cifras de cierre del 2019 es porque hubo un movimiento significativo en los gastos de capital.

Cuando uno ve qué es lo que determina el aumento del déficit en 2019, en relación con lo que había venido ocurriendo en las cifras anteriores, se da cuenta que hubo una significativa mejora en la composición del gasto.

¿Hacia dónde se fue ese mayor gasto entonces?

— Estamos hablando del gasto para transferencias al Consejo Nacional de Viabilidad, que tienen que ver con la infraestructura vial en Costa Rica, aquí urge expandir la inversión pública en ese campo.

También se trata en el caso de los otros componentes de gasto que no se habían proyectado anteriormente, que sí pasaron a engrosar el déficit fiscal al cierre del 2019.

Gastos extraordinarios no recurrentes como la capitalización de la Corporación Andina de Fomento (CAF), que era necesaria para poder recibir un crédito de apoyo multilateral por parte de la CAF en condiciones muy favorables y por otro lado, las transferencias a Japdeva, que era también necesaria en el presupuesto extraordinario para poder achicar esa institución, para poder reducir el tamaño de su planilla y volverla más sostenible financieramente en el largo plazo.

De manera que eran operaciones de naturaleza no recurrente las que explicaban ese desvío en relación con las proyecciones originales que se habían compartido desde el Ministerio de Hacienda y se habían publicado en la revisión del Programa Macroeconómico.

La preocupación es que se dan gastos no recurrentes en un año en el que además Costa Rica iba a tener un déficit fiscal más alto.

— Sí, pero eran gastos en los que teníamos que incurrir, de lo contrario, por ejemplo el problema de Jadpdeva se iba a seguir expandiendo. El gasto es para ponerle solución a un problema que de otra manera estaría pasando una factura más grande.

El tema con la CAF tiene que ver con el crédito en condiciones favorables y no solo eso, sino también en tener acceso a una cantidad enorme de recursos de asistencia técnica que también la CAF puede poner a disposición del país.

Pero fundamentalmente aquí, como ustedes bien apuntan, el tema es de confianza y expectativas, y en esto sí me parece qué va a ocurrir este año y el 2021 con las cifras fiscales.

Lo que el público derive de lo que está pasando con el sector fiscal es muy importante, y es bueno que se entienda que el 2019 fue un año de transición donde las disposiciones tributarias tuvieron menos de medio año (entraron en vigencia en julio), pero en realidad con el rezago de la recaudación ni siquiera fue un semestre pleno, y por el lado del gasto, la regla fiscal no entraba en vigencia todavía sino hasta el 2020.

¿Se puede confiar en que las previsiones para el 2020 sí se cumplirán?

— Ya en el 2020 sí tenemos plena vigencia de la reforma fiscal, tanto por el lado de los ingresos como por el lado del gasto. Para todo el 2020 vamos a tener los nuevos tributos del IVA y las reformas de impuesto sobre la renta en vigencia durante todo el año, el 2020 por primera vez es un presupuesto fiscal hecho a la medida de la regla fiscal, dentro del límite que impone la regla.

Y aquí es muy importante enfatizar que en defensa de la aplicación estricta de esa reforma fiscal ha salido toda la institucionalidad del Estado de derecho costarricense, Procuraduría General de la República, Contraloría General de la República y la misma Asamblea Legislativa se han manifestado sobre la voluntad de aplicar de manera rigurosa la regla fiscal.

Consecuentemente, creo que como país podemos tener confianza en que los elementos para que se cumplan las proyecciones del déficit fiscal en el 2020 son muy favorables, la probabilidad de que eso ocurra es muy alta.

La fe para que el crédito levante está sentada sobre la inversión privada, ¿existen realmente elementos que motiven a las empresas a invertir?

— Hay varios mecanismos de retroalimentación recíproca en un círculo virtuoso que ya se empezó a dar en la segunda mitad del 2019 y que esperamos que se esté expandiendo y fortaleciendo en el transcurso del 2020.

Tiene que ver primero con la disipación de la incertidumbre que había ocurrido alrededor de los temas fiscales en los años previos a la reforma fiscal y, lo hemos venido diciendo, realmente era una incertidumbre sobre si el país se iba a ir por un abismo y si iba a caer en una crisis.

Una vez aprobada la reforma fiscal, esa incertidumbre se transforma más bien en cómo es que esa reforma va a afectar mis finanzas como hogar, como consumidor o como empresa.

Y esa incertidumbre pesó muchísimo en las decisiones de inversión, en particular en el primer semestre del año 2019.

Una vez que entran en vigencia las nuevas disposiciones tributarias a partir de la segunda mitad del 2019, el país sí empieza —hogares y empresarios— a asimilar los efectos de la reforma y se empieza a disipar la incertidumbre en particular sobre el tema del IVA, que se había asentado en la población en los meses anteriores.

Eso permitió un repunte en los niveles de confianza y así lo hemos visto.

Hubo una mejora hacia final de año, y por supuesto que también hemos tenido una mejora en la actividad económica. Mientras que en el primer semestre se tuvo un crecimiento del 1,6%, en el segundo semestre hubo un crecimiento del 2,5%.

Con esa recuperación de la actividad económica y la mejora en la confianza, se empiezan a dar estos círculos de reciprocidad del círculo virtuoso donde la mejora en la actividad económica redunda en mejor confianza y esta en inversión, y por ende en mejor actividad económica, y eventualmente en menor desempleo, porque aquí lo que esperaríamos es que las empresas —conforme fortalezcan su inversión— también empiecen a contratar más trabajadores.

Por supuesto que esto requiere de otras medidas de apoyo de naturaleza más estructural. Algunas se han aprobado, otras se discuten en la Asamblea Legislativa como las jornadas de trabajo flexibles, el teletrabajo o huelgas.

— ¿No teme que esa mejora en la confianza se transforme en decepción con los resultados fiscales del 2019?

— Esperemos que no. Es fundamental la perspectiva que se dé sobre lo que está ocurriendo, en el equipo económico tenemos el deber y la responsabilidad de explicar por qué creemos que la trayectoria que se proyectó para los próximos dos años está sólidamente fundamentada y hay una institucionalidad que protege la aplicación estricta de la regla fiscal.

Eso es fundamental para darle confianza al público y también muy importante a los inversionistas locales y extranjeros, también a todas las calificadoras de deuda que tienen que emitir una calificación sobre nuestra deuda pública.

¿Están seguros que el problema del leve o casi nulo crecimiento del crédito al sector privado está en la demanda?

— Es un tema de demanda, pero no exclusivamente.

Ciertamente en el año 2019 lo que más pesó en la desaceleración del crédito fue la reducción en el apetito de parte de inversionistas, de empresas. Pero, también creemos que si se empujan hacia abajo las tasas de interés vamos a generar un incentivo para la toma de préstamos por parte de consumidores y empresarias. De ahí que la política monetaria haya tenido un papel muy proactivo en eso.

Por eso sí instamos a los intermediarios financieros, bancos, cooperativas de crédito, que aprovechen las condiciones para seguir empujando la baja de las tasas de interés.

— ¿Por qué no incluyeron los eurobonos en el escenario base de las proyecciones del programa macroeconómico? ¿Ven menos probabilidades de que el Congreso les apruebe un nuevo proyecto de emisión externa?

— En el panorama de la situación fiscal del 2019 parecía una probabilidad más alta, aunque siempre hay mucha incertidumbre de la aprobación de eurobonos.

Es un tema de probabilidades y no un tema de conveniencia, porque sí hemos insistido en que al país le conviene la aprobación de eurobonos.

Sí creemos que es importante, creamos un escenario alternativo en el programa macroeconómico donde probamos que la aprobación de acceso a los mercados internacionales para colocación de títulos de deuda externa seguiría siendo positivo.

Por un lado, le permite al país seguir accediendo a recursos con mejores tasas, mejores plazos, también le permite al Gobierno reducir su presencia en el mercado doméstico con lo cual bajan las tasas de interés en el mercado costarricense y eso beneficia a todos los costarricenses, a todos los tomadores de crédito.