Por: María Fernanda Cisneros.   28 marzo, 2018

Si de política monetaria y cambiaria se trata, el último año ha dado algunas sorpresas y la coyuntura económica da para pensar que los ajustes en los macroprecios están lejos de acabar.

La realidad en la que ha estado envuelto el cierre de la administración Solís-Rivera se caracteriza por tasas de interés al alza, una inflación que después de ser nula subió algunos escalones y un tipo de cambio que muestra cierta estabilidad –e inclusive ha registrado bajas– luego del pico que registró en mayo del 2017 y de continuas intervenciones.

Para atender esta coyuntura, ambos aspirantes a la silla presidencial de Costa Rica le apostarán a que el precio del colón respecto al dólar sea más volátil y que el Banco Central de Costa Rica sea más transparente sobre su regla de intervención (operaciones de venta o compra de divisas para estabilizar el dólar).

El equipo económico de Fabricio Alvarado, candidato del partido Restauración Nacional, propone una “política cambiaria neutral” en la que el tipo de cambio suba paulatinamente, las tasas de interés en la banca estatal sean más bajas y exista mayor transparencia en la gestión del BCCR.

Carlos Alvarado, aspirante por el Partido Acción Ciudadana (PAC), también buscará que la intervención del Central sea más transparente, el tipo de cambio sea más volátil y las tasas de interés bajen en especial para emprendimientos, pymes y empresas de la economía social.

Gestión actual, entre cumplidos y dudas

El jugador clave para velar por el comportamiento de estas y otras variables económicas es el Banco Central, entidad que ha sido cuestionada pero también aplaudida en la administración actual.

El mercado le apuesta a la credibilidad del Central en el manejo de la política monetaria, que en Costa Rica va en línea con garantizar que la inflación es baja y estable, acorde al rango meta de la autoridad monetaria.

Al inicio de la administración Solís, los precios estuvieron bajos por una reducción de las materias primas en el exterior, incluido el petróleo, pero esos vientos a favor se disiparon y la inflación empezó a subir. Eso sí, a niveles manejables para la economía costarricense.

En enero, el BCCR presentó el Programa Macroeconómico 2018-2019, en el que la novedad fue la adopción de un “esquema flexible de metas de inflación”, el cual implica que el Central cuenta con la madurez y credibilidad suficiente para ajustar sus instrumentos de política monetaria en la dirección que considere, mientras la población confía en que velará y cumplirá con el rango meta –ubicado entre 2% y 4%–.

Esto quiere decir que el BCCR está más comprometido con la estabilidad económica y hará los ajustes que se requieran si el escenario pone en riesgo su meta de inflación. Aun cuando esto pueda perjudicar la gestión de la deuda por parte del Gobierno.

Si esto se une al desgaste de las finanzas públicas (en 2018, el déficit llegaría al 7,1% como porción del Producto Interno Bruto) y la presión que pueda ejercer el Gobierno Central en el mercado local, las tasas tendrán más impulsos para subir. Es ahí en donde el papel del Ministerio de Hacienda también toma fuerza.

Un bemol dentro de la gestión del Central, surge en cuanto empieza a subir las tasas para mantener la inflación y devolver el deteriorado premio por invertir en colones. Para lograrlo, subió la Tasa de Política Monetaria (TPM) y activó Central Directo para acelerar el efecto de transmisión hacia las tasas del mercado.

Tras siete alzas en la TPM, entre 2017 y lo que va del 2018, surge la duda de ¿hasta dónde subir las tasas, aunque esto atente contra la producción?

El crédito de la banca se ha desacelerado en el último año. A febrero el crecimiento interanual de la cartera en colones fue de 9,70%, contra 14,89% un año atrás. En dólares, pasó de 10,67% a 2,67%.

La actividad económica, por su lado, dio signos de mejora en enero pero está muy lejos de alcanzar los números vistos en 2016.

En la otra acera, el manejo de la política cambiaria es la que engloba la mayor cantidad de incógnitas.

Esta gestión comprende las acciones que toma el Banco Central para que el comportamiento del tipo de cambio sea congruente con las condiciones del mercado cambiario y las variables económicas.

¿Qué ha cuestionado el mercado? El Central ha sido categórico al resaltar que las intervenciones se realizarán únicamente para evitar fluctuaciones violentas del precio del dólar o cuando el tipo de cambio no refleje la realidad de las fuerzas del mercado. Sin embargo, los inversionistas desconocen qué considera el Central como una “fluctuación violenta” para así conocer en qué momentos intervendrá.

El 27 de marzo del 2017, el tipo de cambio de venta del dólar se ubicó en ¢564,89 y a la misma fecha del año en curso la cifra es de ¢568,08 por cada divisa. Esa diferencia de apenas ¢3, que no llega a una devaluación de un punto porcentual, estuvo mediada por un precio que alcanzó los ¢595 que luego de varias intervenciones se disipó.

La actual administración recibió las arcas con un cómodo nivel de reservas internacionales de casi $7.800 millones (en mayo 2014), pero la cifra pasó a $6.973 millones al arranque de marzo.

Se trata de una diferencia de unos $800 millones que ya no se ve reflejada puesto que el 9 de marzo ingresaron los $1.000 millones provenientes del Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR).

La mayor porción de las intervenciones ($771 millones) llegaron en 2017, cuando el tipo de cambio pegó el brinco y llegó casi a los ¢600. Precisamente esas acciones fueron las que disminuyeron la cuenta de las reservas del Central.

Precio del dólar más movido

Aunque los cómo no han sido abordados, tanto el equipo económico del PAC como el de Restauración Nacional subrayan la importancia de ver un Banco Central más transparente en cómo aborda la intervención cambiaria.

Respecto al manejo particular del tipo de cambio, el PAC sí quiere ver más volatilidad porque al Central se le ha pasado la mano en controlarlo, pero tampoco apostará por una depreciación escandalosa que favorezca a ciertos grupos de presión del país, explicó Edgar Robles, ex jerarca de la Superintendencia de Pensiones, y miembro del equipo económico del PAC, en el debate organizado por EF.

El plan firmado entre el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) y el PAC citó que propiciarán mayor transparencia en las medidas de intervención del Central en el mercado cambiario y se buscará mayor flexibilidad del precio del dólar.

Este segundo punto estaba ya incluido en el plan de gobierno del candidato, en donde además, se añadió la posición de que la flexibilidad se daría siempre que se cuente con herramientas para evitar “comportamientos abruptos”.

En esta arista, Gerardo Corrales, exbanquero y parte del equipo económico de Fabricio Alvarado, ha explicado que le apostarán a una subida gradual del tipo de cambio en el mediano plazo, para evitar que se dé una subida de un solo golpe como una “olla de presión”.

El plan de gobierno de Restauración Nacional no detallaba puntos al respecto, y al cierre de edición no se habían dado a conocer el texto de la propuesta 2.0 que presuntamente presentaría el aspirante.

Respecto a las tasas de interés, la propuesta del PAC es apostar por reducirlas en los bancos públicos, mediante la disminución de los costos operativos de estas entidades.

Robles, indicó que un banco central moderno debe ver más allá del manejo de la tasa sino también el empleo.

La propuesta de Restauración Nacional es reducir las tasas de interés en colones, también al sumar competitividad a los bancos del estado para que sean más eficientes.

Independientemente de quien sea el ganador, el precio del dólar –al menos según los discursos dados hasta el momento- será más volátil, el mercado conocería más sobre la regla de intervención del Central y se podrían esperar tasas más bajas de la banca estatal.