Por: A.J. Paron-Wildes y Chloe Simoneaux.   3 septiembre

Como diseñadores de interiores, queremos hacer del mundo un mejor lugar. Algunas personas podrían pensar que lo hacemos a través del embellecimiento, pero cuando se trata del diseño de oficinas, nos enfocamos más en cómo influir en los comportamientos de los empleados a través de la forma de los espacios.

Nuestra meta es alentar los buenos comportamientos y prevenir los malos.

Esta meta es cada vez más complicada en la actualidad, en una era posterior al #MeToo, donde cada vez más personas están haciendo preguntas como: ¿Cómo podemos crear espacios que sean seguros para todos los que trabajan en ellos? ¿Es posible que el diseño de oficinas ayude a reducir el acoso sexual y otras malas conductas en el trabajo? Aquí planteamos varias preguntas en las que pensamos como diseñadores y en las que también podrían pensar quienes están interesados en crear espacios seguros para los empleados.

La privacidad puede ser buena y mala. Por una parte, queremos que los empleados tengan espacios tranquilos para trabajar con eficiencia y atender sus necesidades sin estar demasiado expuestos (piense acerca de tener que realizar una llamada difícil a la oficina del doctor, por ejemplo). Por otra parte, demasiada privacidad puede hacer que las personas se sientan inseguras.
La privacidad puede ser buena y mala. Por una parte, queremos que los empleados tengan espacios tranquilos para trabajar con eficiencia y atender sus necesidades sin estar demasiado expuestos (piense acerca de tener que realizar una llamada difícil a la oficina del doctor, por ejemplo). Por otra parte, demasiada privacidad puede hacer que las personas se sientan inseguras.
Cuánta privacidad es demasiada

La privacidad puede ser buena y mala. Por una parte, queremos que los empleados tengan espacios tranquilos para trabajar con eficiencia y atender sus necesidades sin estar demasiado expuestos (piense acerca de tener que realizar una llamada difícil a la oficina del doctor, por ejemplo). Por otra parte, demasiada privacidad puede hacer que las personas se sientan inseguras.

Imagine a un empleado que es objeto de comentarios despectivos. Si esos comentarios se hacen en un lugar donde nadie más pueda escucharlos, la víctima probablemente se preocupará de que, sin testigos, a él o ella no le creerán. La mayoría de los individuos tratarán de asegurarse de no estar nuevamente a solas con esa persona, pero ¿qué pasa si el espacio imposibilita esa opción?

La Dra. Annalisa Enrile, de la Universidad del Sur de California, nos dijo que “con el acoso en la mente de todos cuando se trata del lugar de trabajo,” ella piensa en diseñar áreas donde las personas no se sientan atrapadas o no puedan ser acorraladas. Por lo tanto, usted podría, por ejemplo, brindar dos salidas en espacios comunes, como salas de copiado, bodegas y comedores. Espacios donde un exceso de privacidad puede funcionar en contra de alguien.

Oficinas privadas son típicamente la forma más efectiva de brindar privacidad visual y acústica, pero también considere el nivel de esa privacidad. Un ejecutivo podría sentirse productivo en su gran oficina cerrada, pero ¿cómo se sienten sus subordinados directos en una reunión individual si hay poco o nada de transparencia en ese espacio cerrado? Si los empleados se están preguntando “¿Estoy seguro aquí? ¿qué tan confiados, productivos o expresivos serán? Enrile sospecha que podría haber una razón de que algunas mujeres prefieran reunirse con un ejecutivo en un área abierta que pueda sentirse menos jerárquica y más transparente.

¿Es malo demasiada transparencia?

La respuesta corta es sí. Todos hemos escuchado las quejas acerca de espacios abiertos mal diseñados, donde hay un mínimo de privacidad y las personas deben ver y escuchar a sus compañeros mientras estos comen, duermen, tosen y tienen conversaciones ruidosas. No sólo son las interrupciones. Estos espacios pueden afectar la concentración y productividad de las personas. Además, pueden sentirse inseguros.

Demasiada transparencia puede hacer que los trabajadores se sientan expuestos y vulnerables. Imagine que alguien está siendo acechado por un compañero; en un espacio laboral abierto podría no haber un lugar para escapar. ¿Un empleado se sentiría lo suficientemente cómodo como para quejarse de que un compañero “se le queda viendo todo el día”?

Diane Rogers, una arquitecta en IA San Francisco, dijo que el diseño de oficinas se trata de un balance entre apertura y el nivel adecuado de privacidad. “Estamos viendo menos muros en los espacios y recurriendo más a los muebles para añadir privacidad para los individuos, de forma que puedan funcionar cuando necesitan privacidad visual,” señala. “Las personas necesitan lugares para tener privacidad cuando sus emociones se descontrolen, o cuando necesiten tener una llamada telefónica muy personal.”

Entonces, ¿cómo encuentra el nivel adecuado de transparencia para su organización? “Considero que un enfoque estratificado funciona bien,” dijo Leah Bauer, directora de diseño interior en HDR. “Un avance razonado de espacios privados, a semiprivados y a espacios abiertos.”

El truco es tener la suficiente diversidad para cumplir las necesidades de todos. Las áreas completamente privadas podrían incluir baños, enclaves y salas de bienestar que puedan cerrarse. La privacidad parcial puede brindarse con oficinas que tengan una ventana hacia el espacio abierto, o por salas de juntas con vidrios total o parcialmente esmerilados, para mostrar que la sala está ocupada sin permitir que las expresiones faciales sean visibles desde el exterior.

El ambiente

Muchas compañías, incluso en industrias tradicionales, como el derecho y la banca, buscan tener espacios más casuales, con cosas como mesas de ping-pong o consolas de videojuegos, para alentar la comunicación e interacción entre trabajadores. No es poco común ver espacios comunitarios que se asemejan a bares o cafeterías. La lógica es que si las personas están más cómodas es más probable que compartan ideas.

Sin embargo, cuando el trabajo se siente como una serie de interacciones casuales y las personas pasan demasiadas horas en la oficina, los empleados podrían requerir más dirección en términos de qué comportamientos son apropiados o no en esos espacios. Enrile considera, “Política, práctica y entrenamiento van de la mano con el diseño de espacios. Los procedimientos para tiempos antes o después de horario: ¿a quién se le permite estar en el espacio? ¿está bien que una persona esté sola en el espacio durante horas no laborables?. Esas son políticas importantes sobre las cuales pensar en armonía con la seguridad.”

“Más allá de lo que los diseñadores pueden hacer con el espacio y lo que los líderes pueden hacer en cuanto a políticas, las normas sociales superan todo,” dijo Jeff Leitner, antiguo innovador residente en la USC e investigador de las normas sociales. Por ejemplo, una compañía podría comunicar la política de que está prohibido trabajar en la oficina antes de las 6 a.m. y después de las 7 p.m., pero podría existir la norma social no escrita de que puede trabajar cuando quiera, pues todos lo hacen de todos modos. El deseo de trabajar hasta tarde quizá es inocente, pero esta falta de seguimiento a las políticas podría llevar a un entorno potencialmente inseguro.

Estamos muy conscientes de que el diseño de interiores no prevendrá por completo el acoso, del mismo modo en que no lo hacen las políticas. Sin embargo, establecer salvaguardas para detener los acosos y asaltos en el trabajo es algo en lo que deberíamos enfocarnos, aplicando nuestras singulares habilidades. Para nosotros, son las del diseño, y estamos comprometidos a plantearnos a nosotros y a nuestros clientes las preguntas que ayuden a crear un entorno laboral sano y seguro para todos.