Por: Francisco Ruiz León.   Hace 6 días
La oferta de productos a base de vegetales es tan amplia como la de los cárnicos e incluye desde tortas de hamburguesas hasta sustitutos de carne molida o de pollo. (Fotografía: AFP)
La oferta de productos a base de vegetales es tan amplia como la de los cárnicos e incluye desde tortas de hamburguesas hasta sustitutos de carne molida o de pollo. (Fotografía: AFP)

La industria de productos a base de plantas muestra un crecimiento de adeptos y ventas a nivel mundial en los últimos diez años y ya cadenas de comida rápida también entraron en él.

McDonald’s anunció recientemente que en 2021 introducirá en su menú una hamburguesa a base de plantas, mientras Pizza Hut o Starbucks empezaron a vender este año productos similares.

A nivel internacional, empresas como Beyond Meat o Impossible Foods elaboran una amplia variedad de sustitutos a base de vegetales: desde tortas para hamburguesas hasta un sustituto de carne molida a base de guisantes, por ejemplo.

En Costa Rica, si bien los productos de las cadenas de comida rápida aun no se consiguen, sí es posible adquirir sustitutos de las marcas mencionadas y, además, existe un mercado de productos plant based impulsado por empresas importadoras y restaurantes que crean sus propios sustitutos.

Sin embargo, un reto al que se enfrenta la industria plant based es en el ámbito legal, pues en la mayoría de países no hay legislación que les permita usar la palabra “carne” u otras relacionadas a la industria cárnica en productos con componentes exclusivamente vegetales.

Recientemente Europa dio un paso adelante en esta discusión, pues la Unión Europea permitió que cualquier imitación a base de plantas pueda venderse bajo denominaciones como “hamburguesa” o “salchicha”.

La restricción aún existe para la leche o el queso vegetal y, por el contrario, se aumentaron las limitaciones sobre ellos pues no podrán hacer mención de sus posibles beneficios sobre la salud, según informó el diario español La Vanguardia.

En EE. UU. el debate también está abierto y existe una férrea oposición de la industria ganadera. Según informa Forbes, un ejemplo de ello es la discusión en torno a la leche de almendras, pues para los productores de leche de origen animal su nombre debería ser “jugo de almendras”.

En Costa Rica también hay un vacío legal al respecto, por lo que no se permite llamar leche o carne a sus imitaciones veganas. “Es un tema complicado porque vienen todas estas tendencias emergentes y la legislación siempre va diez años atrás”, comentó Rebeca Álvarez, tecnóloga de alimentos.

La alternativa que tienen los productores e importadores es utilizar descripciones y colocar una etiqueta complementaria con los ingredientes que contiene el sustituto.

Los entes rectores en este campo son el Ministerio de Economía, Industria y Comercio (MEIC) en la parte del etiquetado y el Ministerio de Salud en cuanto al tema nutricional.

Precisamente, desde el Ministerio de Salud indicaron que en el país existe libertad de uso del término “sustituto de carne”, sin precisar si existe restricción sobre la palabra “carne” propiamente.

“Con respecto a la normativa en carnes no hay nada que prohíba que se utilice el término ‘sustituto de carne’, pero la industria está obligada a declarar la verdadera naturaleza del producto”, indicó la institución vía correo electrónico.

La Corporación Ganadera Corfoga está en desacuerdo con que se utilice la palabra “carne” para denominar y comercializar productos plant based, bajo el argumento de que aunque sea proteína de origen vegetal, esto no confiere el derecho de usar dicho concepto.

“Carne es cualquier alimento derivado del músculo de un animal, lo que usted podría generar es un sustituto (...). Es una forma de cómo productos incipientes utilizan productos consolidados para llamar la atención del consumidor”, dijo Leonardo Murillo, jefe de Investigación y Divulgación de ese ente.

El país también debe cumplir reglamentos y estándares internacionales de organismos de los que es parte como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés) o reglamentos técnicos centroamericanos en los que se define qué es carne.

Según Gabriel Castro, abogado especialista en derecho de empresa y de negocios del bufete Dentons Muñoz, cualquier producto pre envasado, como la soya texturizada popularmente llamada carne de soya, debe describirse y etiquetarse según estos reglamentos que le indiquen al consumidor qué está adquiriendo.

Por ejemplo, en un reglamento técnico centroamericano )RTCA 67.04.50:08) del 2009 incluye dentro del grupo de las carnes: todos los tipos de productos cárnicos, de aves de corral y caza, en piezas y cortados o picados, frescos y procesados, carnes congeladas, incluyendo empanizados y rebozados y carnes enlatadas.

Aun así, Castro considera que el enfoque de los estados debería estar en la buena información que tenga la ciudadanía y no tanto en cómo se puede denominar un producto.

“Los estados no deberían regular con ese detalle cómo se denominan los productos, sino sencillamente obligar a que se informe adecuadamente al consumidor, que ya está en la ley”, dijo.

En el entretanto, conforme la tendencia del consumo de productos a base de plantas crezca probablemente repercutirá en cambios legales o de denominaciones, como ya está ocurriendo en Europa, aunque popularmente se les siga conociendo como carne a estos sustitutos vegetales.