Por: Pablo Duncan.   20 diciembre, 2019
El lanzamiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, de las Naciones Unidas, ha evidenciado el rol trascendental del sector privado en la solución de muchos de los problemas que enfrentamos como humanidad.
El lanzamiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, de las Naciones Unidas, ha evidenciado el rol trascendental del sector privado en la solución de muchos de los problemas que enfrentamos como humanidad.

El título de este artículo hace alusión al reciente estudio del Bank of America (BofA) Merrill Lynch “ESG: good companies can make good stocks” (“buenas empresas pueden hacer buenas acciones". También hago referencia específica a una frase que le he escuchado decir muchas veces al empresario costarricense, Luis Javier Castro: “nos puede ir bien, haciendo el bien”.

Casualmente, El Financiero tuvo el acierto de reconocer a Luis Javier como el empresario del año en el 2019, por su brillante trayectoria. En su discurso nos recordó que “una empresa necesita utilidades para subsistir, pero las empresas realmente exitosas son las que saben que su propósito va más allá de producir utilidades”.

El lanzamiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas, ha evidenciado el rol trascendental del sector privado en la solución de muchos de los problemas que enfrentamos como humanidad, contribuyendo con sus actividades de negocio, la asignación de activos y sus decisiones de inversión.

Los principios “ESG” (por sus siglas en inglés), hacen referencia a los conceptos: medio ambiente, social, y gobernanza, como factores centrales para medir la sostenibilidad y el impacto social de una inversión en una empresa o negocio. Por su parte, los Principios de Inversión Responsable (PRI) de las Naciones Unidas, se basan en la noción de que las cuestiones relacionadas con ESG pueden afectar el rendimiento de las carteras de inversión y deben considerarse dentro de otros factores financieros más tradicionales.

El estudio del BofA Merrill Lynch (2016) que cité, propone una correlación entre la adopción de lineamientos ESG y buenos resultados para las empresas. No concluye la existencia de una causalidad, pero sí de una tendencia que tiene que ver con el valor de la reputación en sentido amplio, como activo intangible. Ciertas comunidades y grupos demográficos, ahora mayoritarios, tienden a favorecer con sus inversiones y decisiones de consumo cada vez más, a empresas que creen y practican estos principios. Adicionalmente, es importante anotar que el estudio concluyó, entre otras cosas, que de haber contado con métricas de ESG, se podría haber ayudado evitar un 90% de las quiebras de inversionistas en el periodo de estudio.

Todavía no hay evidencia suficiente para demostrar que las mejores prácticas de ESG generan de manera causal un mejor rendimiento de los negocios, en todos los casos, pero me atrevo a afirmar que un buen comportamiento corporativo llevará a resultados sólidos, si está acompañado de una buena estrategia de comunicación, debidamente ejecutada. En un artículo de Stuart R. Levine, editor de la Forbes se advierte sobre la importancia de aumentar y profundizar la “comunicación con la calle”, esto es, con las audiencias específicas, sobre cómo una iniciativa ESG está afectando una estrategia de negocio. Nuestro consejo siempre es: “No basta hacer sin decir, ni decir sin hacer”. El balance está en mantener una comunicación adecuada y transparente, al mismo tiempo que se va avanzando en la implementación de estos principios. Es decir, contar lo que se está haciendo (storydoing).

Información relevante

Alejandra Mastrangelo en una entrada de su blog que tituló: “El impacto de los EGS en las decisiones de los inversores institucionales” indica que la información medioambiental, social y de gobierno corporativo es una de las prioridades de las compañías que buscan mejoras continuas en sus sistemas de reporting no financiero, para cubrir las demandas de información de sus stakeholders, especialmente, de sus inversores. Según la revista Forbes (05/2018), “Las corporaciones están pasando de una conciencia creciente de ESG, a una postura más proactiva en la que se enfocan en asegurar que los directorios aborden efectivamente temas de cambio climático, desperdicio, contaminación, agotamiento de recursos hídricos, condiciones de trabajo, derechos humanos, diversidad de empleados, desigualdad de género, diversidad de juntas directivas, ética y pago ejecutivo”.

Otra tendencia mundial importante es buscar instrumentos de deuda como parte de la estrategia ESG, por ejemplo, “bonos verdes” que se centran en cuestiones ambientales. El Servicio de Inversores de Moody estima que por año se emiten alrededor de $200.000 millones en bonos verdes, sobre todo en Europa y Asia. En Costa Rica, la Bolsa Nacional de Valores ha logrado desarrollar de manera sólida una propuesta que merece ser considerada dentro de una estrategia ESG.

En un estudio realizado en el 2016, la consultora EY sondeó a 320 grandes inversores de todo el mundo e identificó que el 68% de los encuestados afirma que la información no financiera fue relevante en sus decisiones de inversión en los últimos doce meses (en comparación con el 52% de 2015). Las empresas deben saber que lo que publican en materia de responsabilidad social corporativa, está siendo revisado y contrastado con la realidad.

En el estudio de EY, el 31% de los encuestados sostuvo que el informe anual de una empresa es el documento “esencial” en el que los inversores se apoyan para tomar decisiones, y es considerado “muy útil” para el 32% de los consultados.

Según Forbes, las corporaciones se están pasando en asegurar que los directorios aborden efectivamente temas de cambio climático, contaminación, recursos hídricos, condiciones de trabajo, derechos humanos, diversidad de empleados, desigualdad de género, etcétera.

Las empresas que quieran avanzar en principios de inversión responsable deben buscar una asesoría experimentada para poder desarrollar pautas y criterios sólidos, con objetivos rigurosos, medibles, verificables y con resultados genuinos, para proporcionar una mayor transparencia y credibilidad. Neil Gregory, jefe de liderazgo de pensamiento en la IFCA, dice que las pautas son importantes para evitar el “impact-washing” (término utilizado para describir las Inversiones que no logran impactos significativos).

Coincidimos con Savita Subramanian, jefa de equidad y estrategia cuantitativa de BofA Merrill Lynch cuando afirma que: “Es bueno ver algún tipo de beneficio teleológico para actuar bien en lugar de actuar mal”. Como ha indicado Rocha de Perfin sobre estos temas: “Si no estás prestando atención a esto en este momento, vas a estar fuera del juego en el futuro”. En todo caso y en cualquier escenario, hacer el bien siempre será bueno, en la vida y en los negocios.