Por: Marcos Razón.   18 octubre

Por mucho tiempo, las empresas de TI han confiado en un solo atributo para el diseño y comercialización de productos: el factor de la novedad.

Y ¿por qué no? Agregar características frescas paulatinamente permite vender más productos, ingresar a mercados inexplorados y atraer mayor número de clientes. Esto promueve la percepción de que la marca está en constante innovación y, además, lanzar características novedosas es más económico que estar reinventando la rueda constantemente.

Aunque tiene mucho sentido, en las actualizaciones progresivas las mejoras suelen ser tan mínimas que no siempre están a la altura de lo que los clientes esperan.

Es allí donde muchas marcas comienzan a perder relevancia, ignoran un paso fundamentalmente importante para la innovación: transmitir la esencia del sentido humano en el desarrollo del producto.

Estamos en una era donde la experiencia del cliente es lo más importante. Incluso Gartner Inc., Inc., empresa estadounidense de consultoría e investigación de las tecnologías de la información, sostiene que ésta se ha convertido en el nuevo frente de batalla del marketing.

Nueve de cada diez personas entre 18 y 34 años admiten que si tienen una mala experiencia en línea con una marca, se quejan públicamente y dejan de comprarla.

De igual manera, la mitad de los clientes se inclina a comprar productos de marcas que les envían mensajes personalizados.

Cuando el diseño es impulsado por las necesidades importantes del ser humano, las marcas tienden a ver una mayor lealtad y conversión. De hecho, una investigación de Forrester Research, compañía independiente de investigación de mercados, mostró que las experiencias del usuario pueden aumentar las tasas de conversión hasta en un 400%.

Esto no asombrará a muchos mercadólogos, pero con frecuencia es ignorado por los diseñadores de producto que suelen estar más preocupados por cumplir con tiempos de entrega, que por responder a lo que los clientes realmente quieren en un momento determinado.

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Sin embargo, la tecnología no es la única en informar sobre el diseño impulsado por el cliente.

Sabemos que a los consumidores modernos les interesa mucho que las marcas defiendan algo importante. Les compran, o las boicotean, basados no sólo en las experiencias que ofrecen, sino también en la posición que asumen en cuestiones sociales.

Cada vez más, la sostenibilidad se ha convertido en una causa tal que los consumidores están poniendo su poder adquisitivo en segundo plano. Existe una gran oportunidad para las empresas de acercarse a sus clientes mediante el diseño de productos para la economía circular.

Al hacer esto, las marcas separan la actividad económica del consumo de recursos finitos y diseñan con materiales reciclados que pueden reutilizarse cuando llegan al final de su ciclo de vida.

Por ejemplo, en el centro de innovación y reciclaje de HP en São Paulo, se han recolectado y reciclado más de 5 millones de toneladas de productos desde 2012 para crear nuevos equipos.

“Cuando el diseño es impulsado por las necesidades importantes del ser humano, las marcas tienden a ver una mayor lealtad y conversión”.

Compromisos como éste guían el futuro del diseño impulsado por el sentido humano para responder al deseo de clientes de vivir con productos más sostenibles.

De hecho, el Foro Económico Mundial y otras organizaciones ya están hablando sobre la Quinta Revolución Industrial, que se desarrolla a partir de la emergente 4ta Revolución Industrial (robótica, AI, realidad aumentada, realidad virtual y más) pero que agrega “la ganancia con un propósito” como un factor convincente.

Para 2030, habrá más de 3.000 millones de usuarios tecnológicos globalmente. Esta es una tendencia irreversible que podría ofrecer un valor extraordinario en todas partes, siempre y cuando los responsables del diseño de productos ofrezcan lo que la gente realmente quiere y necesita.

¿Cómo pueden lograr esto? Adoptando diseños con propósito que contribuyan de forma positiva al futuro de la humanidad.