El modelo de atracción de Inversión Extranjera Directa (IED) que eligió el país hace unas tres décadas ha tenido resultados mayoritariamente positivos. La llegada de grandes empresas transnacionales ha sofisticado el mercado laboral costarricense y ha ayudado a que una serie de profesionales puedan acceder a empleos de mejor calidad.
Un ejemplo de estos efectos quedó reflejado en un informe de la Promotora de Comercio Exterior (Procomer) en el que se señaló que los salarios promedio en las zonas francas duplican a los del resto de la economía.
Costa Rica tomó la vía de la IED como uno de los caminos para el crecimiento. Se aprobaron medidas orientadas a brindar seguridad jurídica, incentivos monetarios, exoneraciones y otras ventajas a exportadores e inversionistas externos. Los resultados a largo plazo muestran contribuciones positivas. Según el Banco Central, desde el 2001, el valor de las exportaciones de bienes y servicios se multiplicó 5,7 veces.
Sin embargo, se sigue construyendo este éxito sobre cimientos que —como mínimo— son inestables o tienen algunos riesgos. Se hizo un trabajo eficaz en sentar las bases de seguridad jurídica e incentivación fiscal para que las empresas quisieran instalarse en Costa Rica, pero también es evidente que el país ha descuidado algunos de sus atractivos y no ha mejorado muchas de sus debilidades.
Algunos de esos riesgos se han materializado y tienen un impacto en el modelo que el país adoptó. Por lo tanto, resulta indispensable desde todos los frentes involucrados se trabaje en atender esas necesidades y minimizar los impactos negativos en cualquiera de las áreas que se presenten: empleo, educación o atracción de empresas.
En su momento, la disponibilidad de talento fue una de las razones que nos hizo sobresalir por encima de otras naciones vecinas en los ojos de inversionistas extranjeros. Hoy ese bastión está flaqueando. Ya vimos recientemente el caso de una empresa internacional que pidió bajar su compromiso de empleo porque no encontró el personal que necesitaba. Un estudio de ManpowerGroup halló que 7 de cada 10 empleadores tienen dificultades para llenar sus vacantes. Esto es un claro fallo del sistema educativo. El problema es que el futuro no parece ser más prometedor. El último Estado de la Educación encontró que estudiantes de 15 años tenían las habilidades lectoras esperadas en un niño de nueve años. Esto ocurrió al mismo tiempo que el Gobierno redujo el presupuesto dedicado a la educación como forma de ajuste fiscal.
La radiografía que ofrece el reportaje que publicamos obliga a matizar la narrativa sobre el empleo generado por la IED. En tres años, 38 empresas acogidas al régimen solicitaron permiso para reducir los puestos de trabajo que habían prometido, y el compromiso agregado cayó de 38.450 a 19.864 plazas. Más que excepciones, los casos de Amazon, Align Technology, Entserv, Brightpoint o 3M evidencian que el “compromiso de empleo” es hoy una meta revisable y no una garantía firme. Divisiones empresariales, transformaciones digitales, cambios en modelos de trabajo y ajustes en estrategias globales se han vuelto razones habituales. Una de las enseñanzas que el país debe aprovechar es que las cifras iniciales están muy lejos de ser un contrato blindado y, por el contrario, se debe tener presente que los números pueden cambiar en cualquier momento.

Además está claro que Costa Rica enfrenta una presión que no puede ignorar. India y el sudeste asiático ofrecen ingenieros y servicios tecnológicos a costos que superan en más de 100% la diferencia con nuestra estructura salarial. La marcada apreciación del colón, un Banco Central que decidió defender el esquema cambiario y que tuvo un tímido accionar con la Tasa Política Monetaria, son factores contribuyeron con el encarecimiento de la operación de firmas, cuyos ingresos son mayoritariamente en dólares, pero cuyos egresos se pagan en colones. Debemos agregar a ese listado el gran tema de la automatización: Amazon, Align, Puravida Services, Grupo Vargas y otras compañías reducen sus metas porque integran inteligencia artificial. Es un triángulo incómodo: colón fuerte, Asia barata e IA; esos tres elementos empujan el empleo hacia menos plazas y perfiles más especializados.
Aun así, el empleo directo en zonas francas crece: de 186.658 puestos en 2023 a 197.083 en 2024. El régimen suma trabajadores, pero las empresas se vuelven más conservadoras en lo que prometen y más exigentes en el talento que requieren. Si Costa Rica sigue celebrando el número total de empleos de zona franca sin mirar la letra pequeña de estos ajustes, corre el riesgo de construir su estrategia sobre una ilusión: más puestos, sí, pero en un mercado laboral que es volátil, se desplaza, se encarece y excluye a quienes el sistema educativo no logra preparar a tiempo.
La actual incertidumbre global nos agarró sin haber potenciado nuestras fortalezas y sin haber solucionado nuestras debilidades. Ahora, con la sombra de posibles despidos mundiales y menores expectativas de contratación por parte de las grandes empresas internacionales, el país necesita más que nunca de su economía local.