Por: Gisela Sánchez.   5 marzo

En el mundo corporativo tradicional el empleado ideal es aquel que puede sostener un alto nivel de desempeño todo el tiempo. Para lograrlo, las empresas aplican toda clase de herramientas y métodos.

El problema es que estas herramientas trabajan generalmente solo en la capacidad mental, cuando en realidad para que una persona sea productiva y exitosa, todas sus capacidades (física, emocional, mental y espiritual) deben estar funcionando bien y en sincronía.

Según Jim Loehr los ejecutivos son muy similares a los atletas de alto rendimiento.

Jim habla de que existe un “estado ideal del desempeño” y para alcanzarlo se requiere de bienestar físico, estabilidad emocional, agudeza mental y lo más importante: valores y un sentido de propósito personal.

Balance

Yo coincido con esa teoría completamente. No tiene ningún sentido decir que una persona es exitosa en su trabajo pero que está en mala condición física, sufre de ansiedad o es un pésimo padre o esposo. El éxito debe medirse de manera integral.

Es fundamental que los ejecutivos tomen el tiempo necesario para comer bien, dormir suficiente y hacer ejercicio. Conectarse de manera regular con su esencia como ser humano y por supuesto cultivar las relaciones con su familia y amigos. Todo es un tema de balance.

De hecho, se ha comprobado que no es posible ser altamente productivo por periodos muy largos de tiempo. Según los expertos, la clave está en poder oscilar entre tiempos de alta productividad y tiempos de recuperación, de la misma forma en que lo hacen los atletas. En la medida en que la persona tenga un movimiento rítmico a lo largo día y de la semana, será mucho más productivo.

La única forma de ser verdaderamente pleno y feliz es estar bien en todos los campos de la vida. El éxito no se puede dividir en compartimentos y los trade-offs entre el éxito profesional y el éxito personal no son necesarios ni mucho menos efectivos.