Por: María Luisa Madrigal, Manuel Avendaño Arce.   19 agosto
Kevin Solano, mentor de educación dual, da una clase práctica de mecánica automotriz a estudiantes del Colegio Vocacional de Artes y Oficios (Covao), en Cartago. Fotografía: Alonso Tenorio.
Kevin Solano, mentor de educación dual, da una clase práctica de mecánica automotriz a estudiantes del Colegio Vocacional de Artes y Oficios (Covao), en Cartago. Fotografía: Alonso Tenorio.

La educación dual no es nada nuevo en Costa Rica. El último hito sobre el tema se reselló la tarde de este lunes 12 de agosto, cuando 49 diputados dieron su voto para aprobar la ley que regulará esta modelo de formación en el país. Solamente dos congresistas se opusieron a la iniciativa.

El largo camino burocrático en la Asamblea Legislativa empezó en julio del 2009 con la presentación del primer proyecto de ley –de tres– que se discutieron en los diferentes foros del Congreso.

Mientras todo esto ocurría, instituciones como el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA) o el Colegio Vocacional de Artes y Oficios (Covao) decidieron arrancar con un sistema de formación probado y comprobado en otras latitudes.

En sus inicios no se le llamó como hoy, al menos en Costa Rica. Hace una década los estudiantes del Covao, en Cartago, hacían educación dual bajo un sistema de pasantías ampliadas en las que cursaban lecciones en el colegio y luego desarrollaban sus habilidades en empresas privadas.

Al mismo tiempo, el INA, en comunicación con el sector empresarial, sentó las bases para capacitar a personas que necesitaban aprender y trabajar rápido, con compañías dispuestas a abrir sus puertas para enseñar y hacer más sencillo el reclutamiento de personal.

Experiencia

La formación dual se podría contar en años de experiencia en el país, en este caso son seis. Sin embargo, también es posible hacer un recorrido por la cantidad de carreras o programas que se impartieron en ese tiempo.

El INA desarrolló 33 programas en diferentes áreas como comercio y servicios, eléctrico, agricultura, industria alimentaria, mecánica de vehículos, turismo e industria alimentaria.

La oferta académica de este tipo de educación no es rígida. Uno de sus puntos altos es justamente la capacidad para transformarse y ajustarse a las necesidades del sector productivo.

De hecho, el INA empezó en 2013 con las especializaciones en agricultura e industria gráfica, ese año se graduaron 20 estudiantes del primer programa y 17 del segundo.

La carrera dual de agro no era sostenible en 2015 y por esa razón a partir del 2016 no se graduaron más alumnos de esta especialidad. Eso significó una transformación de la oferta que dio paso a nuevas áreas como turismo y mecánica de vehículos.

En 2018 la cantidad de estudiantes graduados en industria gráfica fue reducido –solamente ocho—, pero se crearon nuevas carreras con mayor demanda como eficiencia energética y controlador de la calidad del software, con 14 estudiantes cada una.

La oferta del INA tiene programas muy apetecidos desde 2013 entre los que destacan cocinero A, B o C; impresor flexográfico, bartender, barista, salonero y mecánica de vehículos livianos.

En los últimos años se abrieron carreras de tecnología que incluyen especialidades como animador digital en 2D, diseñador de páginas web o diseño gráfico comercial.

Para decidir cuáles programas se abren y cómo se transforma la oferta, la institución se basa en estudios de demanda de formación profesional. Así lo explicó Sergio Bermúdez, jefe de la Unidad de Centros Colaboradores del INA.

El MEP empezó a dar sus primeros pasos –de manera formal– apenas en el 2017. Ese año se lanzó un programa de mecánica automotriz en cuatro colegios técnicos: el Covao; el Moñseñor Sanabria, en Desamparados; el Carlos Manuel Vicente Castro, en Golfito; y el Jesús Ocaña Rojas, en Alajuela.

A esta modalidad ingresaron 108 estudiantes de los cuales se espera que este año se gradúen 106 quienes culminarán los tres años de educación técnica con preparación en las compañías.

Durante este periodo los alumnos cursaron un plan de estudios en empresas de la Asociación de Gerentes de Servicio (Agesa) y Eurotaller que incluyen talleres privados que trabajan con agencias de vehículos como Grupo Q y Purdy Motor, entre otras.

Cuando estos estudiantes se gradúen tendrán un título que les certifica 750 horas de trabajo directo en la empresa bajo la supervisión de un mentor que les enseñó a poner en práctica sus conocimientos teóricos. Así lo apuntó Pablo Masís, director de educación técnica y capacidades emprendedoras del MEP.

Siguientes pasos

Tras la aprobación del proyecto de Ley de Educación y Formación Técnica Dual, el Gobierno tendrá que elaborar, en seis meses, un reglamento para instrumentalizar este sistema.

La normativa abre las puertas para que universidades públicas y privadas, centros de formación parauniversitaria, colegios técnicos y el INA puedan crear e implementar programas que alternen las clases teóricas en las aulas con la práctica real en empresas privadas.

Los alumnos tendrán acceso a un sistema de becas, que también será delimitado por el reglamento, y que se nutrirá con el 1% del presupuesto anual del INA y el aporte de ¢120.000 por estudiante que deberán hacer las compañías por cada una de las personas que reciban en este formato.

El estudiante firmará un contrato de matrícula con el centro educativo y esa institución deberá suscribir un convenio de educación dual con la empresa en la que se desarrollará el programa. Además, las empresas privadas tendrán que pagar una póliza de riesgos del trabajo a cada uno de los alumnos.

Los mentores que supervisarán el aprendizaje en la compañía tendrán que hacer una capacitación en el INA para certificarse y deberán coordinar con los docentes para cumplir los programas de enseñanza dual en el campo.

Colaboró la periodista Laura Ávila.