Por: Francisco Ruiz León.   8 junio
Soldados de las Fuerzas Armadas salvadoreñas entraron al Congreso de ese país junto con el presidente Bukele en febrero del año anterior, cuando el mandatario presionaba a los diputados por la aprobación de un préstamo. (Fotografía: AP)
Soldados de las Fuerzas Armadas salvadoreñas entraron al Congreso de ese país junto con el presidente Bukele en febrero del año anterior, cuando el mandatario presionaba a los diputados por la aprobación de un préstamo. (Fotografía: AP)

Elecciones cuestionadas, violación a la independencia y separación de Poderes y presuntos nexos con el narcotráfico son algunos de los males que aquejan a diferentes países en Centroamérica, que se han hecho más evidentes en los últimos cinco años.

Estos temas también inquietan a miembros de la comunidad internacional. La Unión Europea y Estados Unidos han mostrado su preocupación por los acontecimientos recientes y así también lo dejó ver el secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, en su visita a Costa Rica a principios de esta semana.

En ese contexto, la imagen de la región a nivel internacional se empaña, pero representa también una oportunidad para Costa Rica en el plano de la política regional.

Disparidad

La democracia en América Central se vive de manera muy heterogénea. Según el último Índice de Democracia 2020, elaborado por el medio internacional The Economist, la región muestra un panorama diverso.

Costa Rica es el único país considerado como “democracia plena” y ocupa el lugar 18 a nivel mundial, mientras que Nicaragua, en el otro extremo, es calificada como “régimen autoritario”. En el medio, los países del triángulo norte son parte del grupo de “regímenes híbridos” y Panamá es una “democracia imperfecta”.

The Economist puso la lupa sobre El Salvador, pues fue el único país que cambió de clasificación régimen, pasando de una democracia imperfecta a un régimen híbrido. “Ningún otro país en Latinoamérica se inclinó más hacia el autoritarismo en el 2020 que El Salvador”, menciona el estudio.

Nicaragua: hacia unas nuevas elecciones cuestionadas

La situación en el país vecino se alarga y parece un ciclo sin final próximo. Nicaragua sostendrá elecciones también en noviembre, pero desde ya los comicios se perfilan como altamente desacreditados.

En las últimas semanas, tres candidatos opositores han sido detenidos por las autoridades de Nicaragua:

  • Félix Maradiaga fue detenido el 8 de junio tras comparecer en el Ministerio Público, que inició una investigación en su contra por actos contra la soberanía, terrorismo y aplaudir sanciones.
  • Arturo Cruz fue detenido el sábado 6 de junio en el aeropuerto de Managua cuando regresaba de Estados Unidos al ser sospechado de atentar “contra la sociedad nicaragüense”, informó el Ministerio Público.
  • Cristiana Chamorro, de 67 años, estaría desde el 2 de junio incomunicada en su casa que fue allanada como parte de una investigación por supuesto lavado de dinero.
”Lo que pase en Nicaragua sí tiene un efecto colateral en la región, sí debe preocupar al resto de países”, Edipcia Dubón, politóloga y exdiputada nicaragüense.

Un tribunal de ese país ordenó el arresto de Chamorro y también se allanó su casa. Además, se le inhabilitó de ejercer cargos públicos.

“Nicaragua es una dictadura franca y abierta”, aseveró Urcuyo, quien agregó que el régimen de Ortega atenta contra la libertad de prensa y de expresión.

Chamorro publicó la noche del martes, desde su cuenta de Twitter, que pretenden inhibirla, a pesar de no ser candidata oficial.

Nicaragua vivió masivas manifestaciones durante el 2018, pero el gobierno de Ortega reprimió las protestas y se estima en 325 las personas fallecidas en esas acciones. Además, también se cerraron medios independientes.

De esta forma, Ortega busca acallar las voces disidentes, que parecen ser cada vez menos en Nicaragua.

“El presidente Ortega ha articulado prácticamente todas las instituciones en función de su continuidad en el poder con elecciones que han sido reiteradamente cuestionadas, sin observadores internacionales”, comentó el docente.

Para Edipcia Dubón, politóloga y exdiputada nicaragüense, las acciones de Ortega evidencian que en Nicaragua el Estado de derecho está aniquilado y criticó las medidas contra Chamorro.

“Esa condición de inhabilitación no puede ser una medida precautelar. No está en nuestro Código Penal. Es, más bien, la demostración fehaciente de cómo el régimen controla el aparato judicial”, afirmó.

Dubón agregó que Chamorro se convierte así en un símbolo de lucha y abogó para que la situación actual sirva para unificar al país en pro de un cambio, aunque admitió que “no hay ninguna posibilidad” de tener una elección justa.

En entrevista con EF, la politóloga nicaragüense Edipcia Dubón se refiere a los últimos hechos en Nicaragua.

En su reciente visita a Costa Rica, el secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, aseguró en entrevista al diario La Nación que Nicaragua va “en la dirección opuesta” y manifestó la preocupación de EE. UU.

El Salvador: el apogeo de Bukele

La llegada del presidente Nayib Bukele en junio del 2019 significó un giro en la política salvadoreña, pues terminó con la alternancia en el poder de los dos partidos tradicionales: la Alianza Republicana Nacionalista (Arena) y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

Hasta mayo del 2021, Bukele gobernó con una Asamblea Legislativa de mayoría opositora, pero eso cambió ese mismo mes cuando asumió un nuevo Legislativo escogido en las elecciones de medio periodo en febrero.

La “nueva” Asamblea (como constantemente recalcan Bukele y sus simpatizantes) cuenta con un bloque de 64 diputados de diferentes formaciones favorables al Gobierno y solo 20 de oposición.

El propio 1° de mayo, los nuevos diputados destituyeron a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y al fiscal general. Pero a Bukele se le acusa también de desoír sentencias de la Corte el año anterior que pedían respetar los derechos humanos mientras obligaba a cuarentenas forzosas y también se le reclama el episodio cuando, en febrero del 2020, irrumpió en el recinto legislativo con militares y oficiales de policía para presionar la aprobación de un préstamo.

“El presidente Bukele ha utilizado el populismo como una herramienta para tener niveles de aprobación que rondan el 86% y esto le permitirá tomar decisiones”, comentó Gerald Solano, profesor de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional y especialista en Centroamérica.

Bukele ha logrado aglutinar un apoyo popular significativo que se confirmó con los resultados de las recientes elecciones legislativas y ha conectado especialmente con la población más joven. Además, la campaña de vacunación contra el COVID-19, una de las más exitosas en Latinoamérica hasta el momento, representa uno de sus principales logros que publicita constantemente.

El pasado martes 1° de junio, Bukele brindó en la Asamblea Legislativa su segundo informe de gestiones en el que, más que hablar de resultados, el mandatario repitió críticas contra sus adversarios y dijo, entre otras cosas, que pondría “todas sus fuerzas” para defender los cambios impulsados desde su Gobierno e incluyó la promesa de “no dejar que los que nos hicieron sufrir vuelvan al poder jamás”, en referencia a los partidos tradicionales.

Por esa razón, Solano no descarta que se den cambios en la Constitución salvadoreña que le permitan a Bukele la reelección consecutiva que actualmente está prohibida en ese país.

“Bukele cree que la aprobación popular le da una autorización absoluta, lo cual no es así en democracia (...). Lo que se configura es una perspectiva de autocratismo fundada en una original legitimidad popular de las urnas”, comentó Constantino Urcuyo, analista y politólogo.

Honduras: la sombra del narcotráfico

Honduras también ha sido noticia en los últimos años, especialmente desde las elecciones del 2017 en las que se reeligió el presidente Juan Orlando Hernández. Organismos internacionales y diferentes gobiernos denunciaron irregularidades en dicho proceso electoral.

Honduras experimentó también un golpe de Estado en el 2009 contra el entonces presidente Manuel Zelaya.

No obstante, el hecho con más repercusión internacional fue la acusación por narcotráfico en marzo de este año contra Tony Hernández, hermano del mandatario hondureño y exdiputado, quien fue hallado culpable de participar en la importación de 185.000 kilos de cocaína a Estados Unidos y de otros cargos.

El juicio salpicó al propio presidente, pues su nombre salió a relucir durante el proceso judicial, pero este niega cualquier vínculo con el narcotráfico.

Honduras también ha sido testigo de asesinatos contra ambientalistas en años recientes, entre ellos el sonado caso de Berta Cáceres.

“Honduras, en términos de ciencia política, está empezando a configurarse como un ‘Estado fallido’, a mi juicio, aquel que no puede ejercer control sobre su territorio”, explicó Urcuyo.

Solano apuntó además que Honduras pasa por un deterioro de la institucionalidad democrática.

Ese país celebrará nuevas elecciones el 28 de noviembre de este año.

Postura estadounidense

“La democracia y los derechos humanos se ven socavados en muchos países de la región”, declaró Blinken tras su reunión con el presidente Carlos Alvarado el martes 1.° de junio.

Estados Unidos ha seguido de cerca los acontecimientos en Nicaragua, Honduras y El Salvador, así como en otros países de Sudamérica.

La situación en la región se refleja también en el sentir popular. Según el último estudio Latinobarómetro 2018, el apoyo por la democracia se ha reducido, mientras ha crecido la indiferencia e incluso la preferencia por regímenes autoritarios.

El gobierno de Joe Biden ha externado gestos que dejan ver un mayor acercamiento de ese país a Centroamérica. Además de la visita de Blinken, se espera la llegada de la vicepresidenta Kamala Harris a Guatemala y también se nombró a Ricardo Zúñiga –de origen hondureño– como enviado especial para Centroamérica.

“No es una iniciativa nueva, sino una continuación del approach de la administración Obama que fue interrumpida por Trump”, manifestó Simone Bunse, internacionalista y profesora de la Universidad Lead.

Para los especialistas, la visita de Blinken demuestra que EE. UU. está interesado en la región como conjunto y su preocupación va más allá del narcotráfico y la migración. De hecho, el funcionario manifestó la importancia del respeto a la democracia como requisito para establecer alianzas.

“Muestra una preocupación de que los problemas de la región no se limitan a la cuestión migratoria del triángulo norte, sino que hay otros temas de seguridad y relaciones regionales”, comentó Carlos Murillo, analista internacional y director del Observatorio del Desarrollo de la Universidad de Costa Rica.

Además, tanto Urcuyo como Solano consideraron que el acercamiento se da también para retomar la posición y contrarrestar la influencia de China interés en la región.

Rol de Costa Rica

Blinken expresó que Costa Rica y EE. UU. poseen “valores compartidos”. De hecho, el último estudio Latinobarómetro indica que los costarricenses son los centroamericanos que más respaldo dan a la democracia.

Blinken reconoció que EE. UU. también tiene desafíos en su democracia, pero aseguró que hay un compromiso por trabajar en pro de esta.

La visita del secretario al país fue interpretada como un reconocimiento al rol de Costa Rica en la región, pero los analistas creen que el país debe saber aprovecharla.

Murillo apuntó “falencias importantes” y falta de claridad en la agenda de política exterior del gobierno de Carlos Alvarado.

“Yo no veo que esta administración tenga alguna idea de cómo posicionarse como líder en la región, como lo fue en el pasado”, mencionó el especialista, al tiempo que resaltó el trabajo de la embajada de Costa Rica en Washington.

Para Solano, la presencia de Blinken fortalece la posición del país y demuestra que Costa Rica sigue siendo el aliado estratégico en la región centroamericana.

“Costa Rica tiene que definir una política en torno a esa alianza”, agregó Urcuyo, quien sugirió al presidente Alvarado convocar a las fuerzas políticas y lograr una convergencia común sobre Centroamérica, pues las situaciones en los otros países pueden repercutir en toda la región.