Por: María Fernanda Cisneros.   27 diciembre, 2018
Durante el 2018, en el mercado el secundario se transaron $6.450 millones, lo que representa una caída del 33% ($3.189 millones) respecto del año previo. Esta contracción se suma a la del 14% de un año atrás. (Foto: Albert Marín).
Durante el 2018, en el mercado el secundario se transaron $6.450 millones, lo que representa una caída del 33% ($3.189 millones) respecto del año previo. Esta contracción se suma a la del 14% de un año atrás. (Foto: Albert Marín).

En 2018, el Ministerio de Hacienda mostró más sed por recursos y generó mayores presiones en el mercado local.

En medio de tensiones fiscales y económicas, el Gobierno optó por una estrategia que perjudicó al mercado de valores costarricense, pero que le era difícil de escaparse en medio de la desconfianza de los inversionistas.

Mayores tasas de interés, menor participación en el mercado secundario y más operaciones directas con inversionistas públicos pasaron la factura a los participantes de la Bolsa Nacional de Valores (BNV).

Esto obedeció, según ha explicado la ministra de Hacienda, Rocío Aguilar, a las crecientes necesidades de fondeo para atender las múltiples y crecientes obligaciones, puntualmente otros vencimientos de bonos.

Por su parte, José Rafael Brenes, gerente de la BNV, considera que el Gobierno falló hace varios años al apostar por Tesoro Directo, movida mediante la cual perdió gran parte de la confianza del mercado, que ya estaba debilitada por la ausente solución al déficit fiscal.

Para el 2019, tanto Hacienda como la Bolsa se trazan la meta de ordenar el mercado y en particular la gestión de la deuda que realiza el Gobierno.

Sin embargo, esto dependerá en su totalidad de si se logra realizar una nueva emisión de eurobonos que en esta ocasión no sería un financiamiento abierto para ser utilizado a discreción de Hacienda, sino que estaría condicionado.

Es decir, $6.000 millones en bonos soberanos, para ser distribuidos en varios años. Se empezaría con $1.500 en el 2019 y $1.500 en el año siguiente, posteriormente solicitaría no más de $1.000 por año.

“A raíz de conversaciones que hemos tenido con el propio congreso, estamos haciendo algunas enmiendas al proyecto con el propósito de comprometernos a ciertos indicadores para que después del primer desembolso, los siguientes estén sujetos a una serie de condiciones”, explicó Aguilar.

Esas condiciones estarían encabezadas por el cumplimiento de la regla fiscal.

¿Qué afectó al mercado secundario?

Hacienda negoció un menor volumen de títulos en el mercado secundario, aquel donde los inversionistas compran valores que adquirieron previamente otros participantes.

En esta plaza se transaron $6.450 millones, lo que representa una caída del 33% ($3.189 millones) respecto del año previo. Esta contracción se suma a la del 14% de un año atrás.

Todos los grupos que participan en este mercado redujeron su volumen, incluidos el bancario, el Banco Central y el Gobierno.

Sin embargo, este último generó el mayor impacto, puesto que negoció casi $2.500 millones menos que en 2017.

Esta decisión se fundamenta en dos razones. Por un lado, su participación en el mercado primario (donde se negocian los instrumentos de primera mano) fue más agresiva, con captaciones más frecuentes y mayor cantidad de nuevas emisiones; y por otro, subió las tasas de interés.

“Todo esto no permite una formación de precios que su vez motive a la negociación de títulos valores en el mercado secundario”, comentó Freddy Quesada, gerente de INS Valores.

Hacienda se adueñó del 64% del monto total negociado en este segmento ($10.224 millones), nueve puntos porcentuales por encima de lo registrado el año pasado.

Al mismo tiempo, con el fin de generar más apetito entre los inversionistas, incrementó las tasas de interés que ofrecía. Solo de este modo los participantes del mercado comprarían sus títulos, ya que asumían mayor riesgo en medio de un ambiente de incertidumbre y de presiones fiscales.

Así, el incremento en las tasas, y consecuentemente la baja en el precio de los bonos, generaron una contracción en el mercado secundario.

La semana del 17 de diciembre, Hacienda realizó una serie de subastas en las que negoció títulos con vencimiento al 2022 entre 9,19% y 9,40%, tasas más altas que las de hace un año.

La curva de rendimientos se ha movido hacia arriba (cifras más altas), principalmente en la parte corta –a menos de dos años– y en más larga de la curva –que es a más de cuatro años–.

Por ejemplo, en el último año, el rendimiento pasó de 4,3% a 6% para el plazo de doce meses. Mientras tanto, a diez años el cambio fue de 10% a 11,9%.

Un factor adicional se suma a la lista, según la BNV, se trata de Tesoro Directo (la plataforma mediante la que el Gobierno negocia con las instituciones públicas, sin intermediarios).

Este mecanismo representa cerca del 50% de la colocación del Gobierno.

En términos generales, la estrategia de la gestión de la deuda seguida por Hacienda impactó negativamente a esta industria.

El monto total negociado subió un 10%, pero a costa de aumentos en las tasas de interés y de una mayor transacción de títulos de menores plazos.

Los plazos medios, entre 3 y 5 años, fueron los preferidos por el Ministerio de Hacienda en su colocación de deuda interna.