Por: María Fernanda Cisneros.   12 noviembre
El régimen de zona franca impulsa la actividad económica de Costa Rica (crecieron 6,27% a agosto pasado), mientras los regímenes especiales decrecen (-1,05%). (Foto: Albert Marín).
El régimen de zona franca impulsa la actividad económica de Costa Rica (crecieron 6,27% a agosto pasado), mientras los regímenes especiales decrecen (-1,05%). (Foto: Albert Marín).

Costa Rica tiene una deuda que representa más de la mitad de la producción que genera, además el déficit fiscal (diferencia entre ingresos y gastos) se ensancha cada año.

Sin embargo, no fue un impedimento lograr un dinamismo que sobrepasa el promedio de sus pares en la región latinoamericana.

Además, este comportamiento dista del visto en otras naciones del mundo que han experimentado altos niveles de endeudamiento, mientras cae el dinamismo de su producción y luego entran en recesión económica.

¿Qué ha hecho Costa Rica para evitar esto? El Gobierno optó por trasladar al futuro su problema de insolvencia de recursos para atender sus obligaciones, y esto le permitió mantener una economía pujante; sin embargo, el escollo finalmente llegó y le empieza a cobrar la factura a la dinámica de la producción. La economía crece menos que hace un año.

Costa Rica: un caso particular

Antes de cualquier análisis hay que entender cómo llegó Costa Rica a su posición actual.

Al igual que en muchos otros países, la situación fiscal costarricense se gestó luego de la crisis económica global del 2008.

Inclusive el mismo Banco Mundial destaca que Costa Rica atendió con “notable éxito” esta depresión. Sin embargo, después de la crisis, el déficit fiscal aumentó debido a la caída en la recaudación de impuestos, producto de la menor actividad económica, y segundo, por el aumento del gasto público.

Un mayor gasto permitió que el país superara ese choque global y que retomara su senda de crecimiento, algo que pocos países han conseguido en el mismo nivel, explicó Óscar Valle, representante para Costa Rica del Banco Mundial.

El problema fue que, a diferencia del resto de países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Costa Rica no logró reducir el déficit después de la recuperación económica.

Al contrario, el desbalance entre los ingresos y los gastos del Gobierno crece cada año y se sitúa por encima del 7% en 2018, según estimaciones de organismos internacionales y del Banco Central.

El aumento en el nivel de endeudamiento fue un detonante de la realidad que atraviesa hoy el país. Alrededor del 2014, el nivel de la deuda creció tanto que empezó a absorber una buena porción del presupuesto.

La deuda estatal ya superó el 50% como porción del Producto Interno Bruto (PIB), cifra muy elevada para un país en desarrollo cuando el máximo esperado es del 40%.

A pesar de esto, la economía registra un crecimiento promedio de la producción del 3,4% en la última década, cifra que lo ubica como uno de los países de la OCDE que más crece.

Este es un panorama distinto del de otras naciones en el mundo que han experimentado fuertes huecos en sus finanzas públicas, acompañados de una recesión económica.

Un caso reciente de esto es Italia, que experimenta una fragilidad económica provocada en gran parte por tener la segunda mayor deuda pública de la Unión Europea.

Durante la crisis, la deuda pública pasó del 99,8% del PIB en 2007 hasta el 132,1% hoy. En contraste, el crecimiento acumulado de la producción real per cápita en Italia en 20 años ha sido del 1,15% frente al 26% germano. Tampoco parece que el dinamismo mejore pronto, citó el diario El País de España.

Los ejemplos sobran. La más reciente crisis de México a mediados de la década de 1990, la eterna crisis de Argentina, así como los casos más recientes de Grecia, España y Portugal.

"Gracias a que se endeudaban a los costos alemanes, dentro de la eurozona, podían mantener déficits crecientes y elevados. Hasta que alguien descubrió que no eran Alemania y que la estabilidad del sistema monetario europeo estaba siendo minada por la irresponsabilidad fiscal de algunos países”, afirmó el economista José Luis Arce.
¿Cómo hizo Costa Rica para evitar una desaceleración?

La estrategia tampoco ha sido tan compleja. “No es que el Gobierno haya hecho maravillas, sino que simplemente patearon la deuda para adelante”, afirmó Abelardo Medina, economista sénior de análisis macrofiscal del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (Icefi).

Los vencimientos de la deuda se trasladaron durante muchos años a futuro, mediante canjes, y esta estrategia sigue. En otras palabras, cuando llega un pago importante de una porción de la deuda, la Tesorería Nacional lo pospone para un corto, mediano o largo plazo.

Esta táctica le funcionó por muchos años y aunque se deterioró al arranque de 2018, el Ministerio de Hacienda realizó canjes por montos históricos en octubre.

Otro factor que ayudó fue el financiamiento externo, que permitió mantener déficits elevados y crecientes, sin hacer un ajuste fiscal. Esto, además, permitió que las condiciones crediticias (principalmente las tasas de interés) no se deterioraran.

Costa Rica pudo acceder al fondeo en el exterior debido a que abundaban los recursos, cuando economías avanzadas vivían crisis y las tasas de interés eran muy bajas.

La suerte también fue otro factor. En 2015 y 2016, los precios de las materias primas bajaron y esto permitió mitigar los efectos del déficit sobre la demanda interna.

Aun así, esta ventaja fue desperdiciada debido a la forma en la que la administración Solís Rivera condujo su política macroeconómica, afirmó Arce.

El aparato dual del modelo económico costarricense también es un factor que permite disimular los efectos deficitarios de las finanzas públicas.

Costa Rica está divido entre las empresas del régimen de zona franca y los sectores de demanda local, entonces, el primero puede estar pujante mientras el segundo se estanca. Esto es justo lo que experimenta la producción actualmente.

La economía nacional podría no correr con la misma suerte en años venideros y en el 2018 se siente el efecto del desbalance fiscal. La producción crece menos que hace dos años.

El déficit fiscal podría convertirse en una amenaza para la economía, “con consecuencias desastrosas para el crecimiento, el bienestar y la estabilidad social”, aseveró Valle.

Mientras el país obtiene financiamiento, podrá atender sus obligaciones –aunque claro que esto implica un aumento de la deuda–, pero cuando nadie le preste, se topará con una dificultad real de default o impago.

El país ya hizo todo lo que se podía sin necesidad de hacer eficiente el gasto público, pero sus finanzas no dan más. Una reforma fiscal que aborde tanto un recorte de gasto como un incremento en los impuestos es la recomendación de organismos internacionales.

Al mismo tiempo, algunos drivers (conductores) de competitividad deben mejorar para que la economía crezca más allá del 3% usual.

Costa Rica ocupa la posición 55 a nivel global, es la cuarta economía más competitiva de América Latina, superada por Chile, México y Uruguay.

Aunque esto suena bien, el país está rezagado en el entorno macroeconómico y en la red de infraestructura. Estos son sus principales retos, junto al déficit, para evitar una mayor desaceleración.