Por: María Fernanda Cisneros.  17 abril
Estudios Económicos de la OCDE: Costa Rica 2018; 17/04/2018; María Esther Abissi
Estudios Económicos de la OCDE: Costa Rica 2018; 17/04/2018; María Esther Abissi

El desempeño fiscal de Costa Rica es débil y continúa deteriorándose cada año, mientras la solución se mantiene estancada en el Congreso.

El problema es bien conocido y también lo es que al país se le agota el tiempo para solucionarlo.

Desde la óptica de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), Costa Rica deberá buscar una solución para mejorar la relación deuda/Producto Interno Bruto de aquí al 2020.

En concreto, propone reducir el déficit en tres puntos porcentuales -prácticamente reducirlo a la mitad de la cifra actual-, como porción del PIB, en tan solo tres años (periodo 2018-2020).

Esta recomendación se desprende del informe de Estudios Económicos de la OCDE: Costa Rica, 2018.

El documento, además fue abordado la mañana del martes 17 de abril del 2018, durante una conferencia de prensa en el Hotel Real Intercontinental, ubicado en Escazú.

El telonero principal fue Ángel Gurría, secretario general de la OCDE, acompañado por Alexander Mora, el ministro de Comercio Exterior de Costa Rica.

Gurría afirmó que "uno de los retos fundamentales de Costa Rica es su desequilibrio fiscal. Este tema sigue representando la mayor amenaza para la estabilidad económica, el crecimiento y los niveles de vida en Costa Rica".

Por el lado de la economía, la OCDE afirma que Costa Rica tendrá un crecimiento sostenido en el bienio 2018-2019 y que la cuenta corriente se verá beneficiada.

Sin embargo, señala que el país debe apostar por una mayor sofisticación de sus exportaciones para no quedarse atrás de sus competidores y además, que debe mejorar los indicadores de un mercado laboral que encuentra cada vez más espacios para impulsar la informalidad.

¿Reducir el déficit a la mitad en tres años?

Lo anterior, resulta una medida de corto plazo, mientras la vía legislativa encuentra consenso para las soluciones de mediano plazo, ya que las propuestas que se acumulan en la Asamblea Legislativa no muestran resultados inmediatos para la corrección de las finanzas estatales.

El país ha desaprovechado un ambiente de crecimiento “robusto” y un periodo “prolongado de bajas tasas de interés”, que le hubiese permitido solucionar el desbalance de sus arcas públicas.

¿Por qué no ha sacado beneficio del entorno económico? Según la OCDE, esto se debe a dos razones fundamentales: el país arrastra incentivos salariales, que fueron otorgados a los empleados del sector público durante la crisis del 2007; y lucha contra la fragmentación política, que ha impedido que la Asamblea Legislativa apruebe distintos proyectos que permitirían frenar el déficit presupuestario.

Así las cosas, en 2017, el déficit fiscal alcanzó el 6,2% del Producto Interno Bruto (PIB), el peor desempeño en tres décadas. La deuda, por su parte, se disparó de 25% del PIB en 2008 a 49% en 2017.

Si no se atiende el problema, la deuda llegaría al 65% del PIB en el 2022.

¿Cómo ubicar el déficit en la mitad? Aunque no hay una fórmula mágica, ya diversos organismos internacionales, incluido la OCDE han señalado que se debe aumentar los ingresos, frenar el gasto e implementar la regla fiscal. En el mediano plazo, es necesario adoptar medidas para reducir la relación deuda/PIB.

Según la entidad, existe un amplio margen para aumentar la recaudación de impuestos, continuando con los esfuerzos actuales en la lucha contra la evasión y elusión fiscal, el aumento de las tasas del IVA e impuesto sobre la renta a personas, y la reducción de la informalidad por medio de mecanismos que aseguren el cumplimiento de la legislación laboral.

En esta línea, la OCDE destaca los esfuerzos que ha hecho la actual administración para mejorar la recaudación, aunque haya sido insuficiente por la inflexibilidad de los altos y crecientes egresos de las finanzas públicas.

Por el lado del gasto, propone mejorar su eficiencia, reduciendo la alta fragmentación del sector público y la asignación obligatoria de fondos con fines específicos, así como controlar mejor los costos asociados con las remuneraciones del sector público para producir resultados duraderos.

Sin embargo, como la implementación de esa reforma en el sector público toma más tiempo, propone una solución más mediata.

La OCDE señala que a pesar de que la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas es una solución que produciría efectos duraderos, requerirá de tiempo con el que ya no cuenta el país. En este contexto, la OCDE apuesta por otro camino: la estrategia más efectiva a corto plazo sería reducir los gastos obligatorios en 1,08% del PIB.

Al respecto, indica que una forma de lograrlo sería adoptar una definición más amplia de servicios educativos y que todo el gasto en educación y atención de la primera infancia, el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA) y la capacitación para el servicio civil, sea clasificado bajo la misma sombrilla del gasto obligatorio en educación que está consagrado en la Constitución (equivalente al 8% del PIB).

Sobre la economía de Costa Rica en el bienio 2018-2019

De entrada, la OCDE proyecta que el país tendrá un crecimiento de cerca del 3,7% para el 2018 y 2019, donde predominará un entorno de baja inflación que protegerá los ingresos de los hogares y las exportaciones se beneficiarán de la recuperación económica mundial.

También, espera que la inversión pública aumente, desde sus niveles históricamente bajos, debido a los grandes proyectos de infraestructura que están en desarrollo.

El crecimiento se acelerará hasta acercarse “al potencial”, dada la mejora de la demanda externa que respalda las exportaciones, incluyendo los servicios turísticos y los servicios profesionales especializados. En conjunto, esto contribuirá a contener el déficit de la cuenta corriente.

En los mercados internacionales, correcciones desordenadas en los precios de los activos, los procesos de reducción del endeudamiento en China que crean turbulencias financieras, y una normalización de la política monetaria más estricta o más rápida de lo esperado en las economías desarrolladas, son factores que podrían desencadenar la salida de capitales, lo cual conduciría a la depreciación de la moneda.

A pesar de alertas de presión en el tipo de cambio, destaca que el Central cuenta con un nivel de reservas adecuado para responder ante las perturbaciones negativas, al mismo tiempo que los bancos están capitalizados adecuadamente, según las autoridades.

Sobre la economía y el mercado laboral costarricense

"Costa Rica en la última década logró avances en educación, salud y pensiones, la clase media relativamente amplia y la satisfacción con la vida es similar a la de algunos países de la OCDE", afirmó Gurría, secretario general de la OCDE.

Costa Rica ha tenido un vigoroso y sólido crecimiento económico, que lo ha llevado a ubicarse al lado de países de ingreso medio alto, al mismo tiempo que la informalidad encuentra cada vez más espacios para ensancharse.

Así es como ve la OCDE a Costa Rica. Como un país de impresionante crecimiento social y económico, que ha logrado una estructura de producción más diversificada y que agrega más valor, pero que todavía cuenta con una serie de carencias, entorno a la desigualdad de salarios y su mercado laboral.

¿Cuáles factores que han ayudado a su exitoso modelo de crecimiento? La apertura comercial y la inversión extranjera directa. El crecimiento vigoroso llega por la rápida expansión de sectores intensivos en el uso de habilidades y conocimiento, aportados por una economía de servicios.

El país, según Gurría, se ha favorecido de la inversión extranjera directa y la integración de las cadenas globales de valores, donde las pequeñas y medianas empresas están mejor integradas hoy.

En la otra acera, la lista de deficiencias o aspectos por mejorar inician en que la canasta de exportaciones muestra una mayor dependencia de productos menos sofisticados en relación con el promedio de la OCDE.

Al respecto, recomienda que el país podría darle un giro a esto si aprovecha las experiencias productivas y oportunidades de sofisticación en sectores industriales con intensidad media o alta en el uso de tecnología.

El segundo desafío es que el crecimiento económico no es inclusivo, porque hay una alta segmentación del mercado laboral y esto obstaculiza que se dé la materialización plena de oportunidades.

La economía continúa con una estructura dual, en la que sectores tradicionales de baja productividad que dan empleo a trabajadores poco calificados y mal remunerados, mientras que las industrias de exportación e IED de alta productividad emplean a personas altamente calificadas.

Los salarios para los trabajadores calificados aumentan, al mismo tiempo que lo hace la desigualdad y mientras la informalidad se mantiene alta (a diferencia de la tendencia general de América Latina, región en la que ha disminuido este fenómeno).

Mientras crece la demanda de personal calificado, el sistema educativo y el mercado laboral corren para intentar alcanzar el ritmo. El resultado de este desfase se ve en un estancado crecimiento del empleo, desempleo sin cambios, con una mayor afectación a la población joven y a quienes están poco calificados.

Los resultados del mercado laboral se han deteriorado. El dinamismo del empleo también está estancando y el desempleo continúa por encima de los niveles previos a la crisis (pasó de 10,3% en 2011 a 9,1% pero está muy por encima del mínimo de 4,4% antes del 2007), con una mayor afectación en la juventud y en los trabajadores poco calificados.

Así, en contra de lo que ocurre en el resto de América Latina, la informalidad y la desigualdad suben escalones.